Time is money

Para los norteamericanos “Time is Money”. Es verdad, el tiempo es dinero. Las divisas se esfuman casi tan rápido como se consume una jornada de trabajo, si el profesional descuida los patrones encargados de mensurar la duración de una obra. Alguna vez reflexionamos acerca de las dos -cruciales- preguntas que cualquier comitente (no importa el tamaño del emprendimiento que nos confía, ni el de su billetera), siempre reclama conocer de antemano: ¿cuál será el precio de la obra y cuál su plazo de ejecución? En verdad, la razón de sus desvelos son dos: Dinero y tiempo, variables que evidentemente van de la mano.

Por ello se torna importantísimo no desestimar el enorme valor que representan los diagramas de Gantt en una obra. Veamos, por definición el tiempo se entiende como “la magnitud física con la que medimos la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, de los sistemas sometidos a observación, esto es, el período que transcurre entre el estado del sistema cuando éste aparentaba un estado X y el instante en el que X registra una variación perceptible para un observador (o aparato de medida). Es la magnitud que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y da lugar al principio de causalidad, uno de los axiomas del método científico. El tiempo ha sido frecuentemente concebido como un flujo sucesivo de situaciones atomizadas en la realidad”.

Esta contundente conceptualización del tiempo no es casual. En todos los casos se refiere a instancias definidas (“ordenar los procesos en una secuencia”, “magnitud de la duración de un suceso”, etc.).

Entendemos entonces que la confección de un minucioso y detallado Listado de Tareas de la obra en cuestión va a adquirir una notable relevancia en el momento en que la planificación deba llevarse a cabo (por supuesto, en el proceso de documentación técnica del proyecto). La etapa de programación va a incorporar a dicho listado los tiempos estimados en función de los recursos empleados y la tecnología adoptada para la realización de cada una de las tareas enumeradas. De esta forma, estamos en condiciones de comprender cómo se desarrollará el proceso constructivo, evitando improvisaciones y “atajos”, los cuales pocas veces, conducen a un final feliz (patológicamente hablando).

Así, cuando nuestro comitente nos demanda estas dos respuestas -estimativas en una primera  instancia- deja en claro que necesita saber si tenemos conciencia técnica de la instalación que vamos a materializar para él. En pocas palabras: Sólo es posible cuantificar económica y temporalmente aquello que sabemos perfectamente cómo se realiza. Todas estas angustias se resuelven (por parte del profesional a cargo del proyecto y del comitente que asume la responsabilidad de su pago) en una sigla: CTC (Carpeta Técnica Completa). Allí, en la suma perfecta de planos, pliegos, detalles, estudios, análisis, etc. se encuentra la respuesta correcta para comprometernos sin dudas ante una cifra en dólares y un plazo en meses. Aplicar el “sistema de los dígitos oscilantes” -el famoso “más o menos”-, conllevará a un seguro desprestigio profesional y un proceso problemático para el desarrollo de la obra.

Imagínese por un momento que Ud. no es Arquitecto, Ingeniero o Maestro Mayor de Obras. Piense ahora que su matrícula lo habilita para pilotear un enorme avión jet. Imagine que, ya al control de la nave, con cientos de pasajeros expectantes y una tripulación a la espera de sus órdenes, Ud. nota que carece de plan de vuelo, de informes meteorológicos y de un check list de revisión del instrumental del avión. ¿Sería capaz de remontar vuelo y llegar a destino en tiempo y forma? Seguramente -si es consiente, ya que hay varios pilotos que no lo son- pensará que no, que es imposible sin esa información llegar a destino en las condiciones esperadas. Entonces ¿por qué suponemos que sin planos de detalles, estudios de suelos, análisis de costos, pliegos de especificaciones técnicas, etc. podremos conducir la nave-obra a un destino de felicidad para los pasajeros-comitentes y, al mismo tiempo, dejar satisfecho a nuestro personal de abordo -obreros- sobre el trabajo realizado?

Una pregunta la cual, muchas veces, espera su respuesta.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 

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