Alejandramarzo 8, 2021
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El modelado BIM (Building Information Management) supone la interacción con un modelo virtual del edificio en cuestión. Este modelo se construye geométricamente a través de situar una serie de objetos en el espacio virtual.

 

Los mencionados objetos los podemos encontrar en la mayoría de los modelos, y constituyen, por ejemplo, puertas, muros, ventanas o pisos. Además, se contabilizan una serie de objetos los cuales representan elementos no físicos, como niveles, habitaciones o áreas. Finalmente, los programas de modelado BIM incluyen una serie de objetos de anotación como líneas, texto o acotaciones que no forman parte del modelo, pero colaboran decisivamente en su comprensión. Cada objeto modelado incluye una serie de parámetros asociados que identifican y explican su funcionamiento, e inclusive, remiten a otras fuentes de información complementarias.

El objetivo del modelado BIM puede ser de distinta índole, conforme al destino o función del modelo. Un modelo de proyecto será diferente respecto de un esquema de construcción y dirección de obra o de uno de mantenimiento (Facility Management). Considerar cuál es el objetivo del modelo y cuál es la información demandada facilita la buena organización y coherencia del modelo y sus objetos, asegurando una buena calidad de la información, al tiempo de garantizar su sostenibilidad.

El modelado BIM pretende replicar, en el entorno virtual, un objeto real. Para tal fin, cada proveedor será modelador y responsable de sus productos. No obstante, las demandas que el industrial utiliza para desarrollar sus objetos lo complejizan con datos innecesarios, resultando así “pesado” para las necesidades del modelador. En la fase de proyecto, resultan necesarios los objetos “marca blanca”, vale decir, que determinen pendientes de la licitación del proyecto o de consensuar con el constructor o el promotor. El modelador deberá simplificar o replicar el modelo con los datos necesarios y consistentes con su propuesta, denominando al objeto y sus parámetros, organizando la información o simplificando su geometría. Cuando ello ocurre, se obtiene información del objeto original, el cual cambia mientras otra desaparece.

La propiedad del objeto pasa a ser del modelador, y así también, la responsabilidad de la fiabilidad de la información determinada, creando grandes cargas de trabajo superpuesto al obtenido por parte de los industriales. El modelado sin una correcta planificación supone el riesgo de administrar información insuficiente para cumplir correctamente la función, lo mismos que manejar un exceso de datos que lo haga muy pesado y torpe a la hora de su empleo, además de difícil de actualizar y controlar. Es necesario garantizar que la información, sea geométrica o paramétrica, resulte suficiente pero no excesiva y de calidad.

A los fines de sistematizar el grado de detalle demandado, existen diversos estándares capaces de definir el nivel de desarrollo de los objetos modelados. El acrónimo LOD, proviene de Level of Development, en los EEUU, y de Level of Definition en Inglaterra. El mismo es seguido de una cifra determinada, según cada uno de los estándares, la cual brinda características geométricas, datos y links a considerar en cada una de las categorías.

Las denominadas “Bibliotecas Digitales” representan a la fecha un reto a futuro. Algunas experiencias se llevan a cabo en otros países, como en el Reino Unido, dónde la Asociación Nacional de Arquitectos dispone de una biblioteca digital con determinados estándares de calidad en el modelado, donde los industriales pueden exponer sus productos. Sin duda, esta acción representa un win-win para ambos actores, ya que se requiere menos trabajo y se incrementa la fiabilidad y coherencia de la información.

 

Fuente: www.solerpalau.com



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