Alejandraagosto 18, 2021
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Las personas con necesidades físicas especiales suelen padecer diversas dificultades para poder vivir como el resto de la población. En muchas oportunidades, se encuentran en situaciones de desventajas para acceder a los sanitarios ubicados en lugares tanto públicos como privados

 

Ante el problema de las discapacidades físicas vale preguntarnos cuántas y qué personas se encuentran en tales circunstancias.

Se estima que más del 30% de la población actual sufre algún tipo de discapacidad física, más o menos severa, siendo algunos de los más notorios los siguientes casos: Incapacitados motrices derivadas de accidentes traumáticos, personas con problemas espásticos o espasmódicos, poliomielíticos, distróficos o enfermos de esclerosis múltiples. Ancianos, mujeres embarazadas, niños, e invidentes, conforman -también- importantes grupos demandantes de la necesidad, temporal o definitiva, de vivir en medio de un ambiente adecuado.

La dura realidad nos muestra que el número total de esos ciudadanos tiende a aumentar cada vez con mayor frecuencia, sea por el progreso de la medicina, que actualmente salva la vida de muchas personas antes destinadas a perecer, como todavía más, por la progresión de los accidentes que nuestra sociedad produce en el trabajo, el tránsito vehicular, e incluso en ocasiones, el deporte y el ocio. Todos ellos se encuentran, por lo tanto, con la cotidiana necesidad de afrontar situaciones frecuentemente insalvables y, con mayor recurrencia, de gran desventaja. En este contexto, los locales sanitarios conforman una gran barrera.

Un relevamiento recientemente efectuado arroja que cerca del 57% de los sanitarios analizados son inaccesibles para discapacitados, y otro 27% cuenta con adaptaciones mal ejecutadas, por lo tanto, una persona en silla de ruedas necesitará, imprescindiblemente, de ayuda para poder usarlos.

Se entiende por Accesibilidad, a la posibilidad, incluso por parte de personas con capacidad motriz o sensorial reducida o impedida, de llegar al edificio y a sus unidades individuales inmobiliarias y ambientales, de acceder fácilmente a los mismos y de disfrutar de sus espacios y enseres en adecuadas condiciones de seguridad y autonomía.

Por ende, “Accesibilidad” implica poder circular, franquear los ingresos, aproximarse a equipamientos para utilizarlos, contar con el espacio para llevar a cabo transferencias de la silla de ruedas a la cama o a otro asiento; o de sentado a parado, por ejemplo, utilizando bastones o muletas. También, implica ubicarse en un espacio y recorrido desconocido, aun siendo ciego; comunicarse con personas desconocidas aún siendo sordo; implica alcanzar el accionamiento de instalaciones, aún siendo de baja talla; o utilizar algún asiento aún siendo obeso. La “Accesibilidad” constituye un concepto capaz de abrir, cada vez más, el abanico de situaciones inclusivas para un colectivo de personas con una amplia gama de características.

Las personas ancianas, aunque sufran minusvalías, están aquejadas de reducción en sus distintas capacidades, aún cuando la importancia de dicha reducción depende de múltiples factores difíciles de generalizar y de diversa índole, como por ejemplo, el campo visual o la sujeción horizontal o vertical.

La posibilidad de acercarse al lavatorio, depende de diversos factores tales como la altura de su ubicación, el espacio libre existente por debajo y las dimensiones de la silla de ruedas y el usuario. En todos los casos, vale recordar que este espacio requiere de una zona lateral para un posible acompañante y/o para realizar la maniobra de salida con rotación de 90º de la silla de ruedas. La grifería debe ser del tipo monocomando.

El sifón será embutido o adosado a la pared y el tubo del desagüe flexible o acodado debe disponerse directamente desde la pileta. El espejo será preferentemente reclinable y dotado de accesorios capaces de incrementar la comodidad, como jabonera, portarollo, etc.

El traslado de la bañera debe efectuarse con una cierta disponibilidad de espacio, más una atenta ubicación del pasamanos y las agarraderas, permitiendo al usuario ingresar y egresar de ella con facilidad. El traslado a la ducha por parte del usuario de una silla de ruedas se efectuará directamente, siempre y cuando el plato de la ducha permanezca enrasado con el solado.

También, se puede llevar a cabo una transferencia a un asiento abatible adosado a la pared, o colgado de un manillón.



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