Cristianseptiembre 21, 2020
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5min25

La planificación de proyectos forma parte de la gestión, la cual se vale de cronogramas tales como diagramas de Gantt para planear, y subsecuentemente, informar del progreso dentro del entorno del proyecto. La finalidad de una óptima planificación consiste en crear un sistema referencial utilizado para evaluar previamente todas las instancias de la concatenación de los trabajos necesarios a efectos de materializar la instalación encargada. La programación incorpora la variable del tiempo como condicionante del esquema referencial adoptado en la etapa de planificación.

Aquí se deben estimar los tiempos y los esfuerzos requeridos para cada actividad, aplicando un programa realista para completarlas. De hecho, se involucra al equipo de proyecto y construcción en la estimación de la duración de las actividades. 

La planificación y programación de un proyecto para crear una instalación determinada resulta inútil si no es comunicada efectivamente. Cada miembro del equipo necesita conocer sus responsabilidades y limitaciones. Desde luego, partimos de un proyecto definido en el cual comenzamos a analizar todas las tareas necesarias para completarlo. Las dependencias lógicas entre dichas tareas son definidas a partir de un diagrama de actividad en red (Activity Network Diagram), el cual posibilita la identificación del mejor formato de trabajo a adoptar. Una forma de planificar un proyecto de instalaciones debe contemplar:

  1. Las condiciones exactas para que la instalación sea finalizada. Antes de que permanezcan absolutamente claros cuáles son los objetivos del proyecto, no tiene sentido comenzar a estimar cuánto tiempo llevará y/o cuánto demandará económicamente. Desgraciadamente, muchos profesionales fallan al no examinar esta primera y crucial etapa.
  2. Realizar un inventario de todas las tareas demandadas para finalizar la instalación motivo del contrato. Aquellas que insuman mucho tiempo necesitan ser divididas en tareas menores. 
  3. Identificar todos los recursos necesarios para ejecutar cada tarea. En ese momento se puede estimar el costo de cada subrubro y, consecuentemente, de todo el proyecto.
  4. Decidir si el plan previsto reúne todas las condiciones adecuadas desde el punto de vista técnico, administrativo, etc. Aquí es donde se deberán modificar los objetivos y el trabajo de ser necesario.
  5. Definir dependencias entre tareas. Algunas necesitan ser finalizadas antes que otras puedan comenzar. Poniendo las tareas en orden de conclusión se construye una red de proyecto (diagrama PERT). Aquí es donde el profesional instalador deberá interactuar e intercambiar opiniones con otros técnicos de los diferentes rubros de la obra en cuestión. Vale recordar que nuestra disciplina asume, cada vez más, un papel interdisciplinario.
  6. Calcular el tiempo mínimo para ejecutar el proyecto. Este será el trayecto más extenso a través de la red del proyecto (PERT), desde el comienzo del mismo hasta su extremo final. Dicho trayecto se denomina “Camino crítico”. Las otras tareas pueden ser ejecutadas en paralelo al camino crítico, pero cualquier atraso en las tareas que componen el camino crítico resultará automáticamente en el atraso del proyecto completo.
  7. Crear un cronograma de proyecto, por ejemplo, empleando un diagrama de Gantt.
  8. Efectuar un plan de gestión de riesgos y modificar el proyecto de acuerdo con dicho plan.
  9. Verificar el comportamiento de la empresa de instalaciones al iniciar la ejecución del proyecto.

De esta forma, contemplando estos nueve pasos, los profesionales instaladores podrán cumplimentar los plazos previstos, y de provocarse algún contratiempo, precisamente, gracias a contar con un plan, se podrá programar el nuevo lapso para la entrega de la red finalizada.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalarseptiembre 3, 2020
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La ubicación de los artefactos alimentados a gas deberá hacerse teniendo en cuenta los siguientes requisitos:

  1. a) Que no ofrezcan peligro alguno a personas o a la propiedad.
  2. b) Que no estén expuestos a corrientes de aire.
  3. c) Que el local posea las aberturas necesarias comunicadas con el exterior, para reponer el aire consumido por la combustión. Para artefactos a rayos infrarrojos el local poseerá sobre un muro que linde con el exterior, una abertura inferior (para reposición del aire utilizado en la combustión) y otra superior (con el objeto de evitar viciar el ambiente).
  4. d) Cuando se trate de artefactos diseñados para funcionar con gas de densidad superior a 1 no podrán instalarse en subsuelos.
  5. e) Los artefactos pueden instalarse dentro de garajes, siempre que los quemadores y pilotos permanezcan a una altura de 0,15 m sobre el nivel de cordón vereda, debiendo el local poseer ventilación permanente. Aun cumpliendo esta condición, no podrán instalarse en depresiones del piso del garaje, ni en trincheras a fosas. Esto no se tendrá en cuenta para artefactos de cámara estanca. Las pantallas a rayos infrarrojos se ubicarán a una altura no menor de 2,5 m con respecto al piso del garaje. Los artefactos a gas deberán ubicarse o encontrarse razonablemente protegidos, de manera que no sean dañados por los vehículos en su movimiento y/o maniobras.
  6. f) Los artefactos de cámara estanca son aptos para ser ubicados en cualquier ambiente.
  7. g) Los artefactos de cámara abierta no podrán ubicarse en dormitorios ni baños.
  8. h) En pasos comunicados con dormitorios no pueden ubicarse calentadores de ambientes a rayos infrarrojos pero sí con cámara abierta con ventilación a los cuatro vientos por conducto individual, limitándose su potencia calórica a las condiciones que más adelante se indican siempre que entre el paso y el ambiente contiguo (no se considerará cómo ambiente contiguo a dormitorios, baños o cocinas) se presente una comunicación permanente (rejilla) cuya superficie libre mínima sea de 300 cm² ubicada dentro del tercio inferior de la altura.

El ambiente contiguo deberá tener -obligatoriamente- una o dos aberturas comunicadas con el exterior según los casos siguientes:

1° Cuando dicho ambiente contiguo no posea calentador de ambiente o el mismo sea hermético con respecto al ambiente (tiro balanceado), poseerá una abertura en la parte inferior para reposición del aire utilizado en la combustión de la estufa en paso a instalar; cuya sección libre mínima de pasaje de aire deberá ser de 50 cm².

2° Cuando el ambiente contiguo posea uno o más calentadores de ambiente con ventilación de diseño a los cuatro vientos, dicho ambiente poseerá una abertura en la parte inferior para reposición del aire utilizado en la combustión cuya sección libre mínima de pasaje de aire deberá ser de 100 cm2 (50 cm2 por la instalada en paso y 50 cm2 por la o las instaladas en el ambiente contiguo).

3° Cuando el ambiente contiguo posea uno o más calentadores del tipo a rayos infrarrojos, ofrecerá una abertura inferior y otra superior, ubicadas dentro del tercio interior y superior de la altura respectivamente.

Brindamos respuesta de esta forma a una serie de consultas que, sobre el particular, fueron remitidas a nuestra Web.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalaragosto 19, 2020
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4min81

¿Qué es la evolución?

El Diccionario General de la Lengua Española nos brinda la siguiente definición del vocablo: “Acción de desarrollar o transformar las cosas pasando gradualmente de un estado a otro”. La caracterización principal de la acción de desarrollar o transformar un producto, de un estado a otro, radica en su paso firme pero seguro en su relectura.

Si ese pasaje fuese rápido o acelerado el concepto aplicable sería el de “revolución”.

La evolución, a diferencia del cambio, contiene dos conceptos que vale la pena analizar. El primero es el relacionado con la dinámica de un producto, la cual hace que el mismo se desarrolle o transforme para bien de sus consumidores. El segundo concepto permanece relacionado con la percepción externa de ese producto, la cual deriva del efecto o consecuencia de su evolución interna.

Si conjugamos ambos conceptos, evolución interna y externa, entenderemos que los mismos se corresponden tanto a corto como a largo plazo, siendo la evolución a largo plazo la adición de los cambios, no ya paulatinos, sino aquellos que han sido aprobados por el mercado.

Los cambios aplicados en los cuadros tarifarios de los servicios de electricidad, agua y gas, conllevan un punto de vista diferente en la mentalidad de la sociedad. Como sentencia el saber popular “el bolsillo es el órgano que más duele”. La redistribución de los subsidios obliga, con su mayor costo, a reflexionar respecto de los temas sobre los cuales, desde hace mucho, mucho tiempo, tratamos de capacitar a nuestros lectores.

Cuando hablábamos de sustentabilidad, coeficiente “K”, recuperación de los líquidos pluviales y mayor economía del agua potable dada la aplicación de sistemas “inteligentes” -de alguna manera- creábamos el escenario para la evolución.

En este sentido, los técnicos buscan cada vez mayores referencias sobre los productos que adquieren, y por consiguiente, cobran relevancia su naturaleza, origen, sistemas y procesos de fabricación, tradiciones productivas y el respaldo de sus particularidades específicas. En el ámbito internacional, el grado de exigencia de los profesionales se ha elevado en virtud de su poder de negociación en las compras, de la cantidad de información disponible, y de la oferta de una gran variedad de marcas.

Determinar las cualidades que contienen los elementos y sistemas para la instalaciones que conducen fluidos, servirá para comprender mejor las significaciones asociadas que gravitan en los procesos de construcción.

Por todo ello, y fundamentalmente, para permanecer a la altura de las expectativas del sector y sus profesionales, es que decidimos no formular un cambio, sino evolucionar esta propuesta, transformando su dinámica en función de los nuevos tiempos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalaragosto 6, 2020
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Recuerdo que, iniciando mis tareas profesionales, un ex jefe (de quien, por pudor, me reservo su identidad), se jactaba de poder dirigir cualquier tipo de obra con una copia del plano municipal como único recurso de documentación. Lo gravoso del caso es que este profesional, además de trabajar en forma privada, desarrollaba tareas como Docente en la Facultad de Arquitectura de la UBA. Sus obras -o una gran parte de ellas- tenían “fecha de vencimiento”, como jocosamente denominaba al plazo en el cual la obra comenzaba a mostrar severas patologías, evitables todas ellas, de haber mediado oportunamente los documentos cuyas especificaciones trabajaran sobre la vida útil de un material o elemento constructivo. Con el tiempo, por suerte, pude verificar que esta forma de trabajo es, además de poco profesional, antieconómica. Veamos, si una obra tiene una “fecha de vencimiento temprana”, además de exponernos a un cuestionamiento de carácter legal (recordemos los años de responsabilidad profesional sobre los trabajos realizados), seguramente también demostrará ciertas patologías (humedades, condensación superficial o intersticial, filtraciones, mapeos de las terminaciones superficiales, etc.) que llevarán al desencanto de nuestro comitente. Dicen los que saben que un comitente insatisfecho significa ocho que no van a recurrir a nuestros servicios cuando los requieran (como vemos el boca a boca resulta letal cuando hacemos mal las cosas). Ni hablar de que los comitentes -y la sociedad toda- reclama al profesional una clara toma de partido respecto de las estanqueidades térmicas de una envolvente arquitectónica, a fin de consumir menos energía en invierno y verano para acondicionar interiormente la obra. Economía y conciencia ambiental se combinan en esta demanda, hoy creciente.

¿Cómo es posible arribar a buen puerto con un proceso constructivo que carece de una acabada y completa documentación técnica? ¿Cómo asegurar, en suma, un comitente satisfecho?

Hace algunos años, una de las consultas que encabezaba el “top ten” de los Consejos y Colegios Profesionales de Arquitectura en la Argentina era: ¿Cuál es la cantidad de planos que debo realizar, como mínimo, para dirigir una obra? Subrayo el “como mínimo” como principal razón de las angustias del profesional. La verdad es que cualquier respuesta que se aparte de “se deberán confeccionar la totalidad de los documentos gráficos y escritos necesarios para conducir la obra respetando sus tres variables fundamentales, a saber: costo, tiempo y calidad”, hubiera sido una mala respuesta. 

Ahora bien ¿por qué no se confecciona la DTC (Documentación Técnica Completa)? Entre las razones que es posible adivinar se encuentra un fatal combo de pereza, desconocimiento técnico, poco compromiso con la obra a desarrollar y la liberadora “porque el comitente no paga esa documentación”.

¿Es eso cierto?, ¿no está dispuesto el comitente a pagar por la información de base que le permitirá al profesional ser preciso y previsible en el desarrollo de la obra, y también por cierto, garantizar una óptima vida útil del emprendimiento? Con este criterio, ¿estaría dispuesto un comitente a someterse a una cirugía sin un estudio pre-quirúrgico? Seguramente no, entonces, ¿por qué suponemos que no pagará por la documentación que le permitirá contar con una obra que le brinde garantías finales de calidad y confort? 

¿Los profesionales nos detenemos a explicar estas cuestiones ante nuestros comitentes o simplemente damos por hecho una respuesta negativa que quizás no es tal?

El diccionario nos define Documento como la “ciencia del procesamiento de la información. Integradora y globalizadora, se trata de una ciencia enriquecedora y generalista, de ámbito multidisciplinar o interdisciplinar”.

Por todo ello, documentos, por favor.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Recientemente, tuve el gusto de acceder a la lectura de un interesante libro titulado “Interrogar a la tecnología”, cuyo autor es Gustavo Giuliano. Este texto aporta una original mirada acerca de las diferentes instancias de aplicación de la ingeniería en el actual contexto. Giuliano destaca en su libro a Rachel Laudan, quien identifica cuatro fuentes internas de generación de nuevos problemas técnicos: Fallas funcionales de tecnologías en uso, extrapolaciones de tecnologías exitosas conocidas a nuevos casos, desbalances entre tecnologías interrelacionadas y fallas potenciales de tecnologías actuales.

A estas él agrega cuatro más: La percepción de nuevas posibilidades tecnológicas, la propia lógica interna del desarrollo tecnológico, las particularidades internas del diseño y la necesidad de reducir la incertidumbre acerca de los resultados obtenidos. Pero también es cierto que para poder resolver las cuestiones creadas por alguna de dichas causas, los profesionales aplican distintos conocimientos que ayudan al diseño basados en orígenes de diversa extracción, muchos provenientes de la ciencia y otros desarrollados específicamente, algunos claramente distinguibles, otros no. Independientemente de su origen, todos estos conocimientos comparten el hecho de que son de utilidad para la solución de problemas prácticos concretos. Para definirlos, vale realizar una categorización en función del tipo de conocimiento que se aplica:

Conceptos fundamentales de diseño: Son los conocimientos que se aprenden durante el período de formación y definen los principios básicos de operación y las configuraciones típicas de los dispositivos y sistemas. Muchos de ellos se aprenden “por ósmosis” a lo largo de la carrera y no están fundados en conocimiento científico alguno.

Criterios y especificaciones: Es el conocimiento que permite pasar de las ideas generales a los planos técnicos concretos. Determinan la forma, el tamaño, los requisitos a cumplir, etc. El conocimiento de dichas condiciones, a diferencia de la ciencia que no permanece rígidamente delimitada, resulta fundamental para poder concretar el diseño.

Herramientas teóricas: Abarcan un amplio espectro desde las teorías físicas hasta los procedimientos y ecuaciones matemáticas abstractas. El espectro incluye también a las teorías fenomenológicas empíricas matemáticamente estructuradas que, sin brindar información sobre la esencia, son muy útiles para el diseño.

Datos cuantitativos: Tanto los criterios como las fórmulas matemáticas necesitan ser alimentados con datos de entrada. Estos valores son generalmente obtenidos por métodos empíricos de ensayo y se encuentran expresados en tablas y gráficos. Su conocimiento es indispensable para el diseño, y pueden ser de naturaleza descriptiva o prescriptiva.

Consideraciones prácticas: Las herramientas teóricas alimentadas por datos cuantitativos suelen no ser suficientes por sí solas, siendo necesario recurrir además a un conocimiento tácito, de difusa demarcación y difícil de definir, brindado por la experiencia práctica.

Procedimientos de diseño: Todos los conocimientos formulados se enmarcan en uno más general, responsable de guiar respecto de cómo los mismos se deben aplicar, cómo se combinan todos los pasos necesarios para llevar adelante el complejo proceso de diseño. En el desarrollo de este procedimiento se pone de manifiesto un “estilo de pensar” propio del profesional y “mañas” o comportamientos “instintivos” adquiridos por el oficio.

Bienvenidos sean los textos que nos permiten reflexionar sobre los temas descriptos, los cuales resultan ser relevantes para la generación de conocimientos, a fin de aplicarlos en una sociedad demandante de acciones concretas.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarjunio 17, 2020
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5min232

Uno de los puntos más complejos de abordar dentro de la industria de las instalaciones es el de la gestión de calidad. Los preconceptos que manejan los diferentes actores de esta industria habían generado la idea de que resultaba poco probable establecer un sistema de trabajo sistematizado y estandarizado en las obras. Sin embargo, un grupo de jóvenes profesionales ha tomado, desde hace unos años, la iniciativa de generar conciencia de que realmente es posible, y que el resultado de trabajar con calidad es ampliamente positivo.

Días pasados me encontré con un artículo del Arq. Ruy Varalla publicado hace algunos años en la Revista Costos del Paraguay, donde se destaca la necesidad de brindar confianza. Para ello, el autor hace uso de ciertos conceptos del Arq. García Meseguer que resultan ilustrativos de algunos aspectos que caracterizan a nuestra industria de las instalaciones y sobre los que es necesario reflexionar. Dice Meseguer: “…el grado de precisión con que se trabaja en la construcción es, en general, mucho menor que en otras industrias… La consecuencia es que en la construcción el sistema es por demás flexible, y confiados en dicha flexibilidad, se aceptan compromisos de difícil cumplimiento que provocan siempre una disminución de la calidad. En la construcción se dice no menos veces de las necesarias.”

Lo cierto es que se detectan características muy peculiares que tornan a la materialización de las instalaciones una actividad sumamente compleja, que requiere de grandes dosis de eficiencia en la gestión empresarial para poder alcanzar productos finales acordes con las necesidades de nuestros comitentes y las expectativas comerciales que sobre el producto tienen nuestros empresarios.

Expresa el Arq. Ruy Varalla en su nota: “…Confiados en las particulares características de la industria, nuestras empresas de construcción, en lugar de aplicar y afianzar conceptos gerenciales capaces de asegurar la obtención de las metas deseadas, han preferido aplicar un manejo empresarial basado en la “intuición y el coraje”. Ya de por sí, en cualquier actividad, estos componentes no son suficientes como reaseguro de la calidad empresarial. Agreguemos las peculiaridades propias de la construcción y veremos que el logro de resultados acordes con las expectativas deseadas es “puro milagro”, como decía un amigo. Sólo el milagro nos puede salvar de “no haber dicho no” en el momento preciso. Y si es puro milagro, ¿cuál es la confianza que les podemos brindar a nuestros clientes sobre el producto final que les entregamos? Hemos intentado “delegar” al transferir la responsabilidad que, sobre el producto y la producción tenemos, entregándosela a operarios “por producción”.

El criterio que se ha seguido encuentra su razón de ser en que “con un buen capataz y una administración organizadita nomás, ya está” (expresiones de un “empresario” de la construcción en una conversación de la que fuimos testigos), lo que llamativamente va de la mano con expresiones de algunos profesionales, arquitectos o ingenieros, a quienes hemos oído decir: “La obra es el reflejo del capataz, si el capataz es ordenado, la obra es ordenada”. Ante esto nos preguntamos: ¿Cuál es la función que los profesionales tenemos dentro de la industria? ¿De qué manera podremos brindarles confianza a nuestros comitentes, si nosotros nos desligamos de las responsabilidades que implica el gerenciamiento de la producción y el manejo de la calidad del producto?…”

Ya es hora de utilizar sistemáticamente las herramientas de la gestión técnica, las cuales servirán para aportarles conocimientos a nuestros Instaladores, permitiéndonos delegar con eficacia, sabiendo concretamente qué es lo que delegamos, a quién le delegamos y para qué delegamos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Se ha puesto a pensar cuáles son los valores que orientan su profesión. ¿Ha listado alguna vez esos preceptos? Hagámoslo juntos.

Primero el Compromiso, vale decir la obligación o responsabilidad adquirida basada en un acuerdo de partes. Se espera que el profesional Instalador sea comprometido, es decir, que sus actividades para con el comitente -y la sociedad toda- sean siempre dirigidas a la búsqueda del bienestar general.

Seguimos con la Confiabilidad, que es la capacidad de responder de manera satisfactoria a las responsabilidades emergentes de un rol. Se pide al profesional que sea cuidadoso en sus actividades, en su toma de decisiones, en sus opiniones, así como en la administración de los recursos para que resuelva las necesidades del usuario de manera satisfactoria. Para que ello sea posible, resulta imprescindible que el mismo cuente con una previa capacidad de resolución del problema, evitando improvisaciones y minimizando los riesgos de error.

La Congruencia es la correspondencia armónica entre la idea y el acto. Se espera de un profesional Instalador que actúe en forma congruente y coherente, vale decir, que las ideas conceptuales formadas para la realización de su trabajo se vean plasmadas en la obra de manera clara y precisa.

Discreción. Un punto crucial basado en la sensatez y profesionalismo al recibir o brindar información. Es obligación del profesional Instalador actuante mostrar el dominio sobre la totalidad de la información intercambiada entre él y su comitente, así como hacer empleo de ella de manera adecuada y sensata, comprendiendo las peticiones del cliente y orientándolas de manera que resuelvan técnicamente el trabajo en forma satisfactoria.

Finalizamos con la Honestidad, que es la capacidad de obrar basándose en la verdad. El profesional Instalador debe actuar siempre respetando lo acordado y jamás ocultar ningún acto fuera de la vista de los que se puedan ver afectados posteriormente. Es importante que el profesional  oriente a su cliente de manera adecuada, reconociendo sus propias limitaciones o aquellas que pudiesen afectar, en algún punto, su trabajo.

Seguramente, Usted que trabaja y ama esta profesión hace uso diario de estos valores. Pero cabe la mención de los mismos para recordarlos y tenerlos al alcance de la mano. En este site seguramente encontrará plasmados muchos de estos conceptos en sus diferentes informes. Y hallará un valor más. El de la Lealtad. La vinculación entre individuos basados en su mutua confianza. Confianza que agradecemos, respetamos y valoramos. La misma que orienta todos nuestros esfuerzos para superarnos día a día y poder así brindar la mejor información, a la altura de sus expectativas. 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Para los norteamericanos “Time is Money”. Es verdad, el tiempo es dinero. Las divisas se esfuman casi tan rápido como se consume una jornada de trabajo, si el profesional descuida los patrones encargados de mensurar la duración de una obra. Alguna vez reflexionamos acerca de las dos -cruciales- preguntas que cualquier comitente (no importa el tamaño del emprendimiento que nos confía, ni el de su billetera), siempre reclama conocer de antemano: ¿cuál será el precio de la obra y cuál su plazo de ejecución? En verdad, la razón de sus desvelos son dos: Dinero y tiempo, variables que evidentemente van de la mano.

Por ello se torna importantísimo no desestimar el enorme valor que representan los diagramas de Gantt en una obra. Veamos, por definición el tiempo se entiende como “la magnitud física con la que medimos la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, de los sistemas sometidos a observación, esto es, el período que transcurre entre el estado del sistema cuando éste aparentaba un estado X y el instante en el que X registra una variación perceptible para un observador (o aparato de medida). Es la magnitud que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y da lugar al principio de causalidad, uno de los axiomas del método científico. El tiempo ha sido frecuentemente concebido como un flujo sucesivo de situaciones atomizadas en la realidad”.

Esta contundente conceptualización del tiempo no es casual. En todos los casos se refiere a instancias definidas (“ordenar los procesos en una secuencia”, “magnitud de la duración de un suceso”, etc.).

Entendemos entonces que la confección de un minucioso y detallado Listado de Tareas de la obra en cuestión va a adquirir una notable relevancia en el momento en que la planificación deba llevarse a cabo (por supuesto, en el proceso de documentación técnica del proyecto). La etapa de programación va a incorporar a dicho listado los tiempos estimados en función de los recursos empleados y la tecnología adoptada para la realización de cada una de las tareas enumeradas. De esta forma, estamos en condiciones de comprender cómo se desarrollará el proceso constructivo, evitando improvisaciones y “atajos”, los cuales pocas veces, conducen a un final feliz (patológicamente hablando).

Así, cuando nuestro comitente nos demanda estas dos respuestas -estimativas en una primera  instancia- deja en claro que necesita saber si tenemos conciencia técnica de la instalación que vamos a materializar para él. En pocas palabras: Sólo es posible cuantificar económica y temporalmente aquello que sabemos perfectamente cómo se realiza. Todas estas angustias se resuelven (por parte del profesional a cargo del proyecto y del comitente que asume la responsabilidad de su pago) en una sigla: CTC (Carpeta Técnica Completa). Allí, en la suma perfecta de planos, pliegos, detalles, estudios, análisis, etc. se encuentra la respuesta correcta para comprometernos sin dudas ante una cifra en dólares y un plazo en meses. Aplicar el “sistema de los dígitos oscilantes” -el famoso “más o menos”-, conllevará a un seguro desprestigio profesional y un proceso problemático para el desarrollo de la obra.

Imagínese por un momento que Ud. no es Arquitecto, Ingeniero o Maestro Mayor de Obras. Piense ahora que su matrícula lo habilita para pilotear un enorme avión jet. Imagine que, ya al control de la nave, con cientos de pasajeros expectantes y una tripulación a la espera de sus órdenes, Ud. nota que carece de plan de vuelo, de informes meteorológicos y de un check list de revisión del instrumental del avión. ¿Sería capaz de remontar vuelo y llegar a destino en tiempo y forma? Seguramente -si es consiente, ya que hay varios pilotos que no lo son- pensará que no, que es imposible sin esa información llegar a destino en las condiciones esperadas. Entonces ¿por qué suponemos que sin planos de detalles, estudios de suelos, análisis de costos, pliegos de especificaciones técnicas, etc. podremos conducir la nave-obra a un destino de felicidad para los pasajeros-comitentes y, al mismo tiempo, dejar satisfecho a nuestro personal de abordo -obreros- sobre el trabajo realizado?

Una pregunta la cual, muchas veces, espera su respuesta.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 


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Al concluir una instalación nos preguntamos si ella responde a las metas propuestas en el proyecto y con posterioridad a la documentación para la ejecución de la misma. Es decir, nuestro trabajo, ¿conformó lo previsto? Para ello, debemos ejercer un control de calidad tal que garantice el cabal cumplimiento de las exigencias y necesidades del usuario.

Independientemente de esta afirmación, existen mínimos de calidad reglamentados por las normas y que son de aplicación obligatoria. Ahora bien, podemos definir el concepto de “calidad” diciendo que: “es la propiedad o conjunto de propiedades que hacen que una cosa se destaque y aprecie de una manera más atenta en relación con las demás de su misma especie”. Entonces, para poder determinar la calidad, necesariamente, tenemos que contar con un modelo o parámetro que nos sirva de guía para evaluar y definir el grado de calidad de un sistema sanitario.

Lo previsto y lo propuesto permanece acotado en el proyecto, y con posterioridad, se verifica mediante la ejecución de la red. No debemos pasar por alto que, una calidad máxima depende, en algunos casos, de un usuario dispuesto a pagarla, ya que se podría considerar un desperdicio el esfuerzo en alcanzar tal calidad, cuando es poco probable la valoración y aceptación de la misma.

De esta expresión, surge la necesidad de aclarar que la calidad final de una instalación permanece sujeta además, por el buen empleo de la mano de obra, de los productos proporcionados para tal fin y que se adaptan a las necesidades del usuario. Sin esta consideración, no podemos manejar el concepto de calidad más allá de las exigencias normativas.

Igualando o superando lo previsto habremos conseguido una calidad razonable, no distante de la óptima. Por todo lo expuesto, el control de calidad resulta ser un factor fundamental, que surge de la necesidad de obtener una mayor perdurabilidad de las instalaciones y permitir o mejorar las condiciones de habitabilidad y confort, que no siempre requieren inversiones mayores. Para que dicho control sea efectivo, y a su vez, ejecutado convenientemente por los profesionales responsables de la obra, resulta imprescindible la presencia de los mismos en los momentos claves.

La construcción es una industria que se ejerce a “pedido”, a diferencia de las demás, dedicadas a la automatización, electrónica, etc., ésta genera un número elevado de prototipos, todos dispares en imagen pero, generalmente materializados de igual manera. Por esta razón, el análisis de las pautas a seguir para el control de calidad atraviesa diferentes etapas que van desde el encargo propiamente dicho, el proyecto, el proceso de ejecución, hasta la obra terminada. También, debemos incluir en este análisis el efectivo control a realizar en los distintos materiales y elementos intervinientes en la obra.

Reflexionemos ahora respecto del accesible panorama que nos brindan los sistemas termo-hidrosanitarios, toda vez que simplifican y acotan los controles de calidad, dada la repetitividad de ciertas tareas que minimizan la posibilidad de errores de ejecución, tan comunes en las instalaciones tradicionales, más acostumbradas a “improvisar” soluciones en el acto.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarabril 27, 2020
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La capacitación tecnológica, una disciplina desarrollada en el contexto de la formación profesional, busca colaborar en la incorporación y suma de competencias que le permitan a los futuros técnicos afrontar con mayores posibilidades un mundo cada vez más complejo, donde la acción y el conocimiento resultarán ser complementarios y concurrentes, un universo donde el gran desarrollo de las especialidades exigirá integrarlas con una visión global, recuperando una estrategia tanto de lo cotidiano, como de lo aplicable en las áreas tecnológicas.

Todo ello implica, desde mi modesto punto de vista, afrontar un impulso cualitativo en lo cultural, marcado por la interrelación de la “cultura tecnológica” en la “cultura general”, lo cual permitirá comprender mejor el mundo que habitamos y, lo que resulta más importante, poder ofrecer respuestas y beneficios a la totalidad de los actores sociales.

Analicemos un ejemplo práctico sobre esta línea de pensamiento. La Consejería de Vivienda de Galicia, España, ha reglamentado la obligatoriedad para que las nuevas viviendas instalen sistemas que reciclen el agua de lluvia. De este modo, y aplicando por obra un presupuesto de 2.000 euros (una parte de los cuales el mismo Estado subvenciona), es posible ahorrar hasta un 50% del agua potable.

De más está remarcar el notable aporte que esta acción implica para la sociedad, en este caso de Galicia, al desarrollarse este programa del tipo “ganar-ganar”. El Estado se beneficia, porque respeta y cumple sus funciones al velar por el cuidado de un recurso tan vital como lo es el agua potable; los usuarios ven reducido el importe económico de su consumo en casi la mitad; las empresas, técnicos y proveedores de esta tecnología obtienen utilidades, puesto que se abastecen de una notable fuente de trabajo; y por último, pero no por ello no menos importante, nuestro planeta suma un rédito esencial, ya que la sequía y la escasez de agua representan algunos de los problemas ambientales más acuciantes.

Pensemos cuántas soluciones aportaría este sistema aplicado en aquellas ciudades (como nuestra Buenos Aires), donde las precipitaciones pluviales se convierten en ciertos sectores en una verdadera trampa que anega calles y viviendas, inunda comercios (con la consecuente pérdida de mercaderías y daño económico), interrumpe el tráfico vehicular, sin mencionar el peligro latente de la electrocución para los transeúntes y otras desgracias.

Dado que hemos reducido en esas urbes la superficie absorbente de los suelos, sería sumamente oportuno que cada nueva unidad construida (vivienda, comercio, oficina, etc., etc.), pudiera captar el agua de lluvia y almacenarla en tanques para luego reutilizarla, en lugar de volcarla a una red colapsada que, al desbordar, acarrea como drástica consecuencia los problemas antes enunciados.

Las actuales leyes al respecto resultan insuficientes y la laxitud de su cumplimiento las vuelve ineficientes. Sin embargo, de cumplirse, el aporte de cada unidad no será menor si consideramos que, con precipitaciones pluviales de 30 litros/m2 y una superficie de recolección de 150 m2, se puede obtener una reserva de 4.500 litros de agua. Sumados, conformarán millones de litros que el Estado argentino ya no se ocupará de potabilizar y que serán empleados en la descarga de inodoros, la limpieza de veredas, el riego, entre muchísimos otros usos para los que actualmente empleamos agua potable.

Un lujo que por solidaridad (con nuestros hermanos que no cuentan con ella y con la salud medioambiental del planeta) ya no nos debemos dar. La técnica para aplicar estos sistemas se encuentra disponible. En muchos puntos del globo reutilizan el agua de lluvia desde hace varios años. Sólo resta a los profesionales, técnicos, empresas, y a la sociedad toda, que asimilemos estos conceptos, exitosos en el mundo, y los dispongamos conforme a nuestras necesidades.

Ganar-ganar es la consigna…

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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