Seguridad contra Incendios

   En esencia, la seguridad conforma una actitud personal, pues es el hombre -en definitiva- quien ejerce el derecho o criterio en la adopción de las medidas que nos acercarán a ese estado seguro. Vale la pena detenernos y analizar algunas definiciones que normalmente utilizamos como frases hechas, pero encierran toda la filosofía de nuestra responsabilidad. Al hablar de seguridad, estamos tratando de definir un estado libre de peligros. El hombre de seguridad es el “artífice” que tratará de eliminar esos peligros. Podemos entonces aceptar como definición, que la seguridad es el “arte de la minimización de los peligros”. Decimos minimización, pues tratar de pensar que con todos los medios que la tecnología pone a nuestro alcance  vamos a eliminar el riesgo, es una utopía. Logramos una definición que es el objetivo: Minimizar los peligros.

   Podemos también decir, como concepto, que la seguridad es el “uso del sentido común”, el cual generalmente, es el menos común de los sentidos. Dijimos  que la seguridad conforma una actitud personal y como tal, asume un estado anímico originado al considerar que el ser humano es capaz de enfrentar y vencer los riesgos que la vida y la sociedad donde convive pueden depararle. El individuo considerará el nivel de seguridad en función de los riesgos identificados a su alrededor, estableciendo la manera en la cual se sienta preparado o protegido para controlar una contingencia.

   Los riesgos que reconoce o identifica y para los cuales procura su protección, son exclusivamente aquellos que sus conocimientos, cultura e información, le indique que son tales. Estará de esta manera expuesto e inconscientemente no cubierto ante aquellos riesgos que no percibe o reconozca. Vale decir: aquella persona que haya recibido instrucción sobre el tema, estará mucho más sensibilizada y preparada para desarrollar un programa de seguridad acorde con las posibles circunstancias.

   Perder una vida puede ser mucho más fácil de lo que podamos imaginar si no tomamos en cuenta ciertos factores. Un proceso se interrumpe no solamente por un incendio de magnitud. El deterioro de una pieza vital, que puede ser de bajo costo pero no se consigue en el mercado local, por efecto del calor u oxidación ante los gases de combustión, implica la parada del proceso hasta conseguir el repuesto necesario, el cual puede demorar mucho tiempo. En un incendio, siempre se pierde dinero. Los seguros contemplan las pérdidas a prorrata y generalmente no se considera el lucro cesante. Las estadísticas indican que un porcentaje muy importante de empresas las cuales han sufrido un incendio de magnitud, no han podido recuperarse y se vieron obligadas a cerrar sus puertas definitivamente.

   Ello nos lleva a plantearnos que más importante que encontrar posibles soluciones, debemos detectar los problemas con la debida antelación. Generalmente, son los expertos en seguridad quienes plantean las distintas soluciones para un determinado riesgo e indican qué debemos hacer ante una emergencia.

Pero no siempre nos enseñan a reconocer los problemas ante los cuales podríamos enfrentarnos.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 

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