Riegos más eficientes

Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

Los sistemas de riego por gravedad, o por aspersión y difusión, son grandes consumidores de agua. Estos se utilizaban tradicionalmente para el riego de jardines o espacios con mucho césped. Con la creciente necesidad de disminuir el consumo de agua, fueron proliferando sistemas de riego localizado. Tanto el riego localizado en superficie como el riego subterráneo por goteo conforman técnicas más eficientes en el uso de agua, ya que el emisor se encuentra muy cercano a la planta, y por ello, reduce el volumen de agua suministrada. Asimismo, ambos sistemas permiten la reutilización del agua residual, evitando así el consumo de agua potable.

El riego localizado en superficie es un sistema muy eficiente con la única desventaja de que al no ser debidamente oculto por material vegetal puede alterar la estética del jardín. Para evitar este problema, además del material vegetal, puede emplearse algún tipo de cobertura para ocultarlo. Un elemento muy utilizado son los chips de madera. El material de cobertura también favorece la retención de humedad en el suelo y reduce la evaporación. El riego subterráneo por goteo no presenta una problemática estética, ya que las mangueras se encuentran enterradas, conformando al mismo tiempo, un sistema sumamente eficiente. El aporte de agua se da muy próximo al sistema radicular, por ello reduce al mínimo la pérdida de agua por evaporación o escorrentía. Las instalaciones requieren poco mantenimiento y al permanecer enterradas, se encuentran protegidas de la radiación ultravioleta, minimizando el riesgo de pérdidas por fisuras, fallas o deterioro. La única desventaja es que este tipo de sistema de riego puede requerir una inversión inicial un poco más elevada por la necesidad de enterrar la instalación y de diseñar una red de riego mallada.

El jardín puede dividirse en hidrozonas, agrupando especies en áreas con escasa necesidad de riego, zonas con necesidades moderadas, y aquellas con demandas elevadas. Así, se podrá instalar un sistema de riego diferenciado por hidrozona, donde cada grupo de especies reciba la cantidad justa de agua necesaria. Otro aspecto para tener en cuenta dentro del sistema de riego, lo conforman los puntos donde se producen pérdidas. Estos puntos de pérdidas se suelen dar tanto en la distribución del líquido como en los emisores de riego, y pueden deberse a fugas en las tuberías o canales, o fallos en las uniones por una presión de agua excesiva. Para evitar este problema, las redes presentarán un adecuado mantenimiento y conservación.

Los componentes de un sistema de riego varían según el jardín y el estilo del paisajista responsable del diseño, pero pueden distinguirse algunos elementos siempre presentes. Por ejemplo, todo sistema de riego contará con una conexión de la red al suministro de agua. El material del cabezal de riego o bocatoma, donde se origina la toma de agua, suele ser materializada en polietileno y PVC. El cabezal también puede incluir un manómetro, válvulas y un contador volumétrico, si se desea cuantificar el consumo del sistema. La disposición de la red de distribución será diseñada cuidadosamente para asegurar el transporte adecuado. Una distribución con presión excesiva podría dañar las instalaciones. La carga de partículas también puede causar un daño a las instalaciones al obstruir o corroer las tuberías, por tal motivo, se utilizan materiales resistentes a la abrasión y corrosión. Los más comúnmente empleados son el policloruro de vinilo (PVC) y el polietileno de alta densidad (HDPE). Ambos materiales son muy maleables y de fácil instalación, posibilitando la realización de sistemas de riego sencillos y económicos.

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Alejandra



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