Reutilización del agua residual

Desde la historia, se conocen ciertas referencias legales donde se menciona indirectamente el tema de la reutilización de las aguas residuales. Los primeros indicios de su aplicación para el riego de terrenos, los sistemas de regadío se remontan a la civilización minoica en el año 2.000 a.C., donde las aguas residuales de la ciudad de Jerusalén se conducían hasta un estanque donde eran sometidas a un proceso de sedimentación, para luego redirigirse al riego de huertas periféricas.

En Levante encontramos circuitos de acequias y canales de la época romana y especialmente árabes, los cuales permitían que las aguas residuales urbanas alcanzaran los regadíos de extramuros. Durante los siglos XVI y XVII, era frecuente recoger las aguas residuales domésticas de la nobleza castellana para el riego de los campos adyacentes. En el siglo XIX aparecen las primeras redes modernas de alcantarillado en Europa y los Estados Unidos. De esta forma, las aguas residuales urbanas eran reconducidas para ser vertidas en terrenos destinados al cultivo agrícola, constituyendo las denominadas “Sewage faros”, es decir “huertas donde acaba el agua de alcantarilla”.

En el siglo XX, se desarrollaron y aplicaron proyectos de reutilización directa, aunque el destino ha sido casi siempre el riego agrícola, sector demandante de la mayor parte del recurso mundial, además de no precisar de una gran calidad ecológica. En la actualidad, existen ejemplos aislados donde el campesino manipula la red de saneamiento urbano para utilizarlas en el regadío. Hoy una gran proporción de la población mundial se enfrenta a una situación de escasez de agua. El Informe sobre el Desarrollo Humano (2016) estimó que, en 2025, más de 3 mil millones de personas vivirán sin la cantidad suficiente de agua diaria, y esa cifra aumentaría a más de 5 mil millones en el año 2050. La reutilización de aguas residuales urbanas conforma entonces una alternativa más que aceptable en algunas regiones donde se padece un déficit del recurso (suroeste de los Estados Unidos, Sudáfrica, Israel, Namibia, Australia).

Los Estados Unidos son los primeros en aplicar esta práctica en niveles relativamente importantes. Ya en 1912, en el Golden Gate Park de San Francisco, se reutilizaban las aguas residuales (primero en bruto, después tras un tratamiento primario con fosa séptica) para el riego de zonas verdes y la creación de masas de agua de carácter ornamental. Veinte años después, se construyó una planta de depuración cerca del parque, la cual se mantuvo en funcionamiento hasta el año 1985. Progresivamente, se ampliaron este tipo de obras en el país, de manera que, en el año 1975, sumaban 536 proyectos de reutilización directa. En Europa, España emplea la reutilización directa para usos urbanos, a excepción del destinado al riego de espacios verdes y deportivos del sur, Levante, Islas Baleares, Canarias y Madrid. Sin embargo, en los últimos años, se ha extendido la práctica: En Andalucía, durante los años 1995 y 1996, más de 18 campos de golf de la Costa del Sol se regaban con aguas residuales tratadas.

El primer planteamiento lógico de reutilización de aguas en la edificación se llevó a cabo en los Estados Unidos. Sin embargo, esos sistemas se utilizaban para suplir la deficiencia o inexistencia de infraestructuras urbanas de abastecimiento, debido a que era la medida más económica. El ejemplo lo obtenemos también en el Golden Gate Park de San Francisco, California, un sistema realizado en 1926 capaz de aprovechar las aguas residuales procedentes de las diversas instalaciones del parque (un primer aprovechamiento en estado bruto, y más tarde un proceso de sedimentación y clarificación mediante fosa séptica tradicional) para el riego de zonas verdes y el abastecimiento de calefacción, refrigeración y descarga de inodoros y urinarios.

A finales del siglo XX, debido a los grandes avances técnicos, se plantea el reciclaje de aguas en la edificación como una práctica posible. En todos los casos, la calidad final del efluente era de “tercera”, según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (USEPA), una calidad más restrictiva dentro de los no potables.

Un ejemplo de reciclaje residencial lo encontramos en Village Square. Se trata de un conjunto de 50 viviendas unifamiliares ubicadas en una zona protegida de interés natural, donde todas las aguas residuales generadas se canalizan para depurarlas y verterlas directamente al terreno. La actuación se realizó debido a que los promotores calcularon que conectarse a la red de saneamiento era menos rentable respecto de disponer de un sistema de depuración del agua.

El enfoque centralizado de la gestión del agua convencional es cada vez menos posible debido al desperdicio de un gran volumen de agua de gran calidad en usos que no la demandan, se suman altos costos de operación y mantenimiento, y desperdicia agua al verterse -directamente- a la red de alcantarillado.

Resulta posible definir, ante dicho contexto, los siguientes objetivos de la reutilización del agua: Suplir un recurso destinado a un uso particular, como el riego de grandes superficies verdes; disminuir la contaminación de los cauces de agua, mediante la desaparición de cualquier vertido, tratado o no; y permitir cierto ahorro del recurso, especialmente, el de gran calidad ecológica, que podría utilizarse en distintas demandas (descentralización en función de la calidad especificada).

Las aguas regeneradas siempre se derivan a usos no potables, con aplicaciones como abastecimiento de inodoros, urinarios, riego, baldeo o limpieza de superficies, etc., con escaso riesgo de ingesta del líquido o contacto con el usuario.

El reciclaje de las aguas residuales domésticas para usos potables, hasta la fecha, sólo se ha desarrollado desde un punto de vista experimental o con aplicaciones en la industria de alta tecnología. Los ejemplos conocidos requieren costos energéticos elevados, por ende, no resultan redituables.

La depuración y reutilización del agua para uso doméstico se transforma en trascendente un campo de investigación a nivel mundial, debido a la creciente escasez de agua y saneamiento inadecuado.

En los países en desarrollo, el suministro insuficiente de agua e instalaciones sanitarias deficientes pueden causar miles de muertes cada día, mientras que en los países desarrollados, el desperdicio del vital elemento y los sistemas de tratamiento de aguas residuales deficientes son responsables directos de la contaminación de lagos, ríos y napas subterráneas. La segregación, recolección, tratamiento y reutilización de aguas grises llama cada vez más la atención, como un enfoque de descentralización para áreas de uso residencial.

La mencionada concepción plantea la creación de diferentes destinos demandantes de una menor calidad del agua y puedan ser tratados con aguas residuales regeneradas, derivando el abastecimiento convencional en aquellos destinos demandantes de una máxima calidad y potabilidad del agua.

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