Planificar una instalación

 

La planificación de una obra de construcción constituye el conjunto de actividades tendientes a simular la realización de un trabajo, ordenándolo de la manera más económica posible y previendo todas las acciones para su ejecución. Una planificación contiene:

 

  • Un programa detallado del proceso de ejecución elegido.
  • Las necesidades de recursos físicos situados en tiempo y espacio.
  • La valoración del costo del proceso constructivo elegido.
  • Un plan de calidad.
  • Un plan de seguridad.
  • Un plan de control de producción.

 

Suma numerosas ventajas una buena planificación, como obligar al profesional proyectista a profundizar en los medios para realizar cada unidad, con la consiguiente ventaja en cuanto a la precisión de los precios y plazos, permitir una definición más exacta de los pliegos de condiciones, ajustar los presupuestos con menores posibilidades de variaciones posteriores, evitar retrabajos en la realización de la obra y lagunas en la identificación de actividades de tipo administrativo, al tiempo de aprovechar mejor los recursos disponibles, entre otras. Las fases presentes en la planificación de una obra de arquitectura son las siguientes:

 

  • Determinación de las cantidades de obra a realizar.
  • Elección de las tecnologías a emplear.
  • Determinación de la productividad de los recursos aportados.
  • Cálculo de los tiempos parciales.
  • Definición del encadenado entre procesos.
  • Programa fechado.
  • Suma de recursos.
  • Determinación de los costos de los recursos.

 

Un elemento diferenciador e imprescindible de toda planificación es la consecución de un fin determinado. Lo primero a decidir cuando empezamos a planificar es el nivel de definición demandado por la obra. La definición queda acotada a los niveles de desglose en los cuales dividiremos las tareas.

Evidentemente, no todas las obras necesitan ser definidas de la misma manera. Incluso, dentro de una misma obra, las tareas no tienen por qué mostrar un idéntico nivel de definición. Principalmente, el mismo resultará proporcional a la duración de la tarea. Establecido el nivel de definición, pasaremos a relacionar las tareas por orden cronológico, con sus subtareas igualmente relacionadas de manera temporal.

Para ello, diseñaremos una tabla donde asignaremos los valores a controlar: Tiempos mínimos y máximos, inicio más temprano y tardío posible, número de operarios, presupuesto. Lo último a definir será el nivel de control. La planificación conforma una herramienta de trabajo, pero también, de control.

El control será proporcional al nivel de definición del proyecto, pero también, lo será del nivel de exigencia impuesto. Periódicamente, semanal o mensualmente, se aplicarán puntos de control donde se compruebe el desarrollo de las tareas, los plazos invertidos y la concordancia con el presupuesto inicial. A cada tarea se le asignará un encargado de la revisión (quien además, será responsable sobre el criterio de aceptación, siempre dentro de la normativa correspondiente).

Establecidos los tiempos óptimos de desarrollo de cada una de las tareas, pasamos a identificar las interrelaciones entre las mismas. Luego, determinaremos el camino crítico, vale decir, la relación de las tareas cuyos retrasos alterarán los plazos totales de obra. Sobre esas tareas deberá maximizarse el control de los plazos.

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Alejandra



Auspician Sepa Cómo Instalar




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