La crisis del petróleo como una oportunidad

Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 

Producto de la llamada crisis del petróleo que el mundo padeció en el año 1973, el planeta se vio afectado a partir de un aumento significativo en el precio de los combustibles fósiles, se produjo una fuerte inflación y reducción de la actividad económica a nivel mundial. Los países más afectados respondieron con una serie de medidas permanentes para frenar la dependencia del recurso. La humanidad se planteó la necesidad de reconsiderar el gasto energético de su estilo de vida y en particular en sus edificaciones.

Nuestro país tomó una iniciativa que, a priori parecería ejemplar. Desde la creación de la Subsecretaría de Vivienda de la Nación impulsó la aplicación de las “condiciones mínimas de habitabilidad”. Su espíritu fue el de asegurar niveles mínimos que debían cumplimentar las viviendas en lo referente al diseño, calidad de terminación y confort. A los efectos de asegurar el cumplimiento, por parte de los constructores, de esos niveles mínimos, se establecieron normas por parte de la propia Subsecretaria, del INTI, y posteriormente, del IRAM, a las cuales se debían ajustar los distintos materiales.

El IRAM también constituyó el Subcomité de Acondicionamiento Térmico de Edificios que se proponía alcanzar ciertos objetivos: Asegurar un confort higrotérmico mínimo; evitar patologías constructivas por condensaciones; favorecer el ahorro de energético; afectar un uso racional de la energía en el diseño; y homologar el cálculo del comportamiento térmico de los edificios.

La Dirección Nacional de Acceso al Suelo y Formalizaciones de la Secretaría de Vivienda de la Nación, promoviendo proyectos que incorporen componentes que garanticen la eficiencia, eficacia, sustentabilidad, ha llevado a cabo una actualización de los Estándares Mínimos de Calidad para la vivienda social (documento que tuvo una revisión en el año 2017), donde se elevó el nivel de exigencia de la envolvente para mejorar la eficiencia energética de las viviendas, llevando los valores de transmitancia térmica de la envolvente edificada a un NIVEL B de la norma IRAM 11605. Para facilitar el cumplimiento de las normas mencionadas se ha elaborado una Planilla Única en donde el ente solicitante llenará con los valores de su zona bioclimática y valores de la temperatura de diseño correspondiente, agregando el detalle de cada uno de los componentes de la envolvente. La verificación del Riesgo de Condensación, se hará en la etapa de evaluación del proyecto desde la Secretaría de Vivienda. Debemos todos, los profesionales y la sociedad en su conjunto, aprender a determinar si la humedad proviene: de una lluvia (filtraciones), de la humedad propia del ambiente (condensación) o de una falla en el diseño por lo que alguna zona lindante a la casa queda llena de agua y el contacto permanente con esa pared hace muy difícil que la humedad no la penetre (drenaje inadecuado)

La condensación ocurre cuando el aire caliente y húmedo entra en contacto con aire frío y seco. Esta reunión genera gotas de agua en las superficies frías, como las paredes. La condensación es común en baños y cocinas, donde el vapor se produce al bañarse o cocinar, por ello, es conveniente tapar las ollas, en la medida de lo posible.

Las viviendas son propensas a tener problemas de condensación durante los meses más fríos. Una gran diferencia de temperatura entre el aire exterior y el interior de una casa fomenta la condensación en superficies como paredes y ventanas, es por ello que, en invierno, se produce con mayor frecuencia respecto del verano.

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Alejandra



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