La calidad de nuestras instalaciones

Al concluir una instalación nos preguntamos si ella responde a las metas propuestas en el proyecto y con posterioridad a la documentación para la ejecución de la misma. Es decir, nuestro trabajo, ¿conformó lo previsto? Para ello, debemos ejercer un control de calidad tal que garantice el cabal cumplimiento de las exigencias y necesidades del usuario.

Independientemente de esta afirmación, existen mínimos de calidad reglamentados por las normas y que son de aplicación obligatoria. Ahora bien, podemos definir el concepto de “calidad” diciendo que: “es la propiedad o conjunto de propiedades que hacen que una cosa se destaque y aprecie de una manera más atenta en relación con las demás de su misma especie”. Entonces, para poder determinar la calidad, necesariamente, tenemos que contar con un modelo o parámetro que nos sirva de guía para evaluar y definir el grado de calidad de un sistema sanitario.

Lo previsto y lo propuesto permanece acotado en el proyecto, y con posterioridad, se verifica mediante la ejecución de la red. No debemos pasar por alto que, una calidad máxima depende, en algunos casos, de un usuario dispuesto a pagarla, ya que se podría considerar un desperdicio el esfuerzo en alcanzar tal calidad, cuando es poco probable la valoración y aceptación de la misma.

De esta expresión, surge la necesidad de aclarar que la calidad final de una instalación permanece sujeta además, por el buen empleo de la mano de obra, de los productos proporcionados para tal fin y que se adaptan a las necesidades del usuario. Sin esta consideración, no podemos manejar el concepto de calidad más allá de las exigencias normativas.

Igualando o superando lo previsto habremos conseguido una calidad razonable, no distante de la óptima. Por todo lo expuesto, el control de calidad resulta ser un factor fundamental, que surge de la necesidad de obtener una mayor perdurabilidad de las instalaciones y permitir o mejorar las condiciones de habitabilidad y confort, que no siempre requieren inversiones mayores. Para que dicho control sea efectivo, y a su vez, ejecutado convenientemente por los profesionales responsables de la obra, resulta imprescindible la presencia de los mismos en los momentos claves.

La construcción es una industria que se ejerce a “pedido”, a diferencia de las demás, dedicadas a la automatización, electrónica, etc., ésta genera un número elevado de prototipos, todos dispares en imagen pero, generalmente materializados de igual manera. Por esta razón, el análisis de las pautas a seguir para el control de calidad atraviesa diferentes etapas que van desde el encargo propiamente dicho, el proyecto, el proceso de ejecución, hasta la obra terminada. También, debemos incluir en este análisis el efectivo control a realizar en los distintos materiales y elementos intervinientes en la obra.

Reflexionemos ahora respecto del accesible panorama que nos brindan los sistemas termo-hidrosanitarios, toda vez que simplifican y acotan los controles de calidad, dada la repetitividad de ciertas tareas que minimizan la posibilidad de errores de ejecución, tan comunes en las instalaciones tradicionales, más acostumbradas a “improvisar” soluciones en el acto.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

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