Gestión de la Calidad

Uno de los puntos más complejos de abordar dentro de la industria de las instalaciones es el de la gestión de calidad. Los preconceptos que manejan los diferentes actores de esta industria habían generado la idea de que resultaba poco probable establecer un sistema de trabajo sistematizado y estandarizado en las obras. Sin embargo, un grupo de jóvenes profesionales ha tomado, desde hace unos años, la iniciativa de generar conciencia de que realmente es posible, y que el resultado de trabajar con calidad es ampliamente positivo.

Días pasados me encontré con un artículo del Arq. Ruy Varalla publicado hace algunos años en la Revista Costos del Paraguay, donde se destaca la necesidad de brindar confianza. Para ello, el autor hace uso de ciertos conceptos del Arq. García Meseguer que resultan ilustrativos de algunos aspectos que caracterizan a nuestra industria de las instalaciones y sobre los que es necesario reflexionar. Dice Meseguer: “…el grado de precisión con que se trabaja en la construcción es, en general, mucho menor que en otras industrias… La consecuencia es que en la construcción el sistema es por demás flexible, y confiados en dicha flexibilidad, se aceptan compromisos de difícil cumplimiento que provocan siempre una disminución de la calidad. En la construcción se dice no menos veces de las necesarias.”

Lo cierto es que se detectan características muy peculiares que tornan a la materialización de las instalaciones una actividad sumamente compleja, que requiere de grandes dosis de eficiencia en la gestión empresarial para poder alcanzar productos finales acordes con las necesidades de nuestros comitentes y las expectativas comerciales que sobre el producto tienen nuestros empresarios.

Expresa el Arq. Ruy Varalla en su nota: “…Confiados en las particulares características de la industria, nuestras empresas de construcción, en lugar de aplicar y afianzar conceptos gerenciales capaces de asegurar la obtención de las metas deseadas, han preferido aplicar un manejo empresarial basado en la “intuición y el coraje”. Ya de por sí, en cualquier actividad, estos componentes no son suficientes como reaseguro de la calidad empresarial. Agreguemos las peculiaridades propias de la construcción y veremos que el logro de resultados acordes con las expectativas deseadas es “puro milagro”, como decía un amigo. Sólo el milagro nos puede salvar de “no haber dicho no” en el momento preciso. Y si es puro milagro, ¿cuál es la confianza que les podemos brindar a nuestros clientes sobre el producto final que les entregamos? Hemos intentado “delegar” al transferir la responsabilidad que, sobre el producto y la producción tenemos, entregándosela a operarios “por producción”.

El criterio que se ha seguido encuentra su razón de ser en que “con un buen capataz y una administración organizadita nomás, ya está” (expresiones de un “empresario” de la construcción en una conversación de la que fuimos testigos), lo que llamativamente va de la mano con expresiones de algunos profesionales, arquitectos o ingenieros, a quienes hemos oído decir: “La obra es el reflejo del capataz, si el capataz es ordenado, la obra es ordenada”. Ante esto nos preguntamos: ¿Cuál es la función que los profesionales tenemos dentro de la industria? ¿De qué manera podremos brindarles confianza a nuestros comitentes, si nosotros nos desligamos de las responsabilidades que implica el gerenciamiento de la producción y el manejo de la calidad del producto?…”

Ya es hora de utilizar sistemáticamente las herramientas de la gestión técnica, las cuales servirán para aportarles conocimientos a nuestros Instaladores, permitiéndonos delegar con eficacia, sabiendo concretamente qué es lo que delegamos, a quién le delegamos y para qué delegamos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

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