Es tiempo de pensar

El hombre, a lo largo de su historia, ha puesto especial énfasis en el arte de construir. La historia de la arquitectura nos muestra cómo fue adquiriendo conocimientos, técnicas, habilidades y experiencias, desde las más rudimentarias a las más complejas. En este proceso de aprendizaje, el hombre comprendió que “la idea” (el proyecto) debía ser muy bien pensada, estudiada y desarrolla en plenitud, para que cuando se materializara “la obra” (construcción) pudieran satisfacerse las expectativas y necesidades de quien o quienes la habían encomendado. Debió estudiar materiales y desarrollar otros. Aprendió a planificar las obras y analizar distintas técnicas constructivas, a fijar tiempos de ejecución y optimizar los recursos. Además, la actividad de la construcción demanda del trabajo de muchísimas personas, entonces, surgió la necesidad de que alguien -suficientemente idóneo y capaz- asumiera la dirección o gerenciamiento, con la función de equilibrar el empleo de los recursos y coordinar las actividades de los participantes, a fin de lograr un óptimo resultado.

El hombre, por medio del ingenio y de las técnicas desarrolladas en consecuencia, creó sistemas para disminuir el esfuerzo físico e incrementar la velocidad en la ejecución de las diversas tareas. La era industrial, la aparición de la máquina, el avance científico y tecnológico, la creación de nuevos materiales, la disponibilidad de recursos económicos, el crecimiento de la población demandante de una mayor cantidad de bienes y servicios, y entre otros muchos, el estudio y la capacitación en forma masiva en todas las áreas del conocimiento, modificaron sensiblemente a la industria de la construcción.

Esta breve reflexión tiene por objeto plantear qué ha ocurrido en el proceso de producción de una obra -y paradójicamente- qué aspectos no se han modificado con el paso del tiempo.

Quien encomienda a un profesional una obra tiene como objetivo principal obtener un buen edificio, el cual satisfaga sus necesidades, expectativas e interés económico. En particular, dicho comitente encargará su realización, si comparando el valor de plaza y el costo total de obra del edificio, se colman sus expectativas en cuanto a la ecuación costo-beneficio.

Un edificio es uno de los pocos productos de la actividad del hombre cuyo precio, calidad, plazo de ejecución y otras características especiales, deben establecerse antes de su ejecución material. A diferencia de los productos industriales, donde el precio se determina después de elaborado el mismo, en el caso de las obras de arquitectura se debe establecer anticipadamente.

Entonces, se deberá partir de un proyecto el cual permita establecer un correcto diseño del producto, con toda la documentación gráfica presente en su contenido -con exactitud y detalle de todas las características generales y particulares del edificio a construir-, en el todo y en cada una de sus partes. Un pliego de especificaciones técnicas claro y preciso, permitiendo conocer con la mayor exactitud posible, la calidad del producto. Un presupuesto responsable de detallar y analizar, con amplio criterio, los costos directos e indirectos. Una programación y planificación de la producción llevada a cabo con profesionalismo y experiencia, la cual acote las tareas a realizar y sus interrelaciones, con fin de conocer, entre otros, el plazo total de la obra, los trabajos críticos, el personal y/o subcontratistas necesarios, las fechas tempranas y tardías en la disponibilidad de los materiales y equipos.

De todo lo expuesto, y únicamente habiendo citado algunos temas a modo de llamado de atención, dentro de un vasto universo, la actividad de la construcción le ha permitido al hombre administrar con mayor eficiencia su recurso más importante: “El tiempo”, y que paradójicamente, ello lo ha logrado pensando para tener más tiempo para pensar. Así mismo, y como consecuencia, disponer de más tiempo para pensar potencia la etapa de proyecto y planificación. Desde el punto de vista económico, esto se ha traducido, a lo largo de los años, en una disminución paulatina de costos y una mayor productividad.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

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