Eficiencia energética en la construcción – Una asignatura pendiente

 «Muchos de los esfuerzos para mantener el progreso humano, satisfacer las necesidades y las ambiciones humanas son sencillamente insustentables, tanto en los países pobres como en los ricos. Exigen demasiado de unos recursos ambientales ya casi exhaustos, de manera que no tardarán en quebrar. Puede que muestren ganancias en la hoja de saldos de esta generación, pero nuestros hijos heredarán las pérdidas. Vivimos prestando capitales ambientales de las generaciones futuras, sin que intentemos o podamos pagar… Ellos podrán maldecirnos porque los hemos malgastado, pero nunca podrán cobrar esa deuda. Actuamos así porque ellos no pueden reclamarnos; las generaciones del futuro no pueden votar ahora, no tienen poder político ni financiero, no pueden retar nuestras decisiones.»

Extracto del informe Brundtland

Los edificios consumen cerca del 33% de la energía del planeta y emiten gases a la atmósfera que aceleran el cambio climático. Lo expresado se percibe año a año en el ascenso de la temperatura en verano respecto del promedio del anterior. Se trata de un fenómeno global, pero debe resolverse con una visión local. Recientemente, Argentina ha registrado un primer avance respecto del impulso de las energías renovables, con el inicio de las licitaciones públicas de parques solares y eólicos, políticas de distribución de energía en grandes consumidores y el surgimiento de decenas de empresas desarrollando localmente estas tecnologías. Pero la energía más barata es aquella que no necesitamos consumir. Todavía hay mucho que hacer desde todos los sectores: los profesionales de la construcción tenemos todas las herramientas a disposición y a precios cada vez más democráticos de materiales térmicos y tecnologías como la captación de energía solar térmica para agua caliente, sistema el cual aprovecha las privilegiadas condiciones de sol en algunas zonas de nuestro país. Pero debemos entrenarnos en un pensamiento eficiente, con soluciones capaces de proponernos medidas más simples, como implementar paredes y techos claros en vez de oscuros, ventanas bien orientadas y parasoles, persianas o láminas de dispositivos de control solar orientados al oeste o doble vidriado hermético hacia el sur.

También las políticas públicas deben logran un cambio de mentalidad, apuntando a la base de la cadena de valor, con medidas de incentivos y penalidades claras y adecuadamente instrumentadas a profesionales proyectistas y constructores, así como a desarrolladores inmobiliarios. El etiquetado es un paso adelante, puesto que permite calificar la eficiencia mediante un sistema comparativo compuesto de siete clases de eficiencia identificadas por letras, aplicado a electrodomésticos, materiales y ventanas.

 

Se sugiere el etiquetado energético de viviendas, como ya ocurre en otros países de la región, dando a conocer cuáles son las que consumen y contaminan menos. Para ello se deben implementar el Estado políticas de medición de eficiencia energética, de la misma forma que un comprador puede saber cuánto consumirá su nuevo automóvil. Solo se puede controlar lo que se puede medir y eso debe hacerse con un método simple. Las viviendas etiquetadas brindarían un notable impulso a los desarrollos inmobiliarios sostenibles, porque los empresarios podrían trasladar el valor extra de la construcción sustentable al consumidor, quien, a su vez, tendría una mayor percepción del valor de este tipo de viviendas. A la vez, damos al consumidor la posibilidad de invertir en una casa la cual se amortizará en pocos años, con ahorro en tarifas, y contará con una plusvalía en la venta futura. En paralelo, el sistema de certificación LEED es de uso voluntario y tiene como objetivo avanzar en la utilización de estrategias que permitan una mejora global en el impacto medioambiental de la industria de la construcción. Este sistema se basa en el análisis y validación a través de un agente independiente en una serie de aspectos de cada proyecto relacionado con la sustentabilidad. En esta certificación los comitentes, es decir los consumidores, presentan un rol activo por naturaleza. Se habla de un consumidor que cada vez más compra con un propósito, que, en este caso, es en favor del planeta, o sea de nuestro futuro. Esos consumidores se encuentran preparados para este cambio, pero ¿estamos listos para afrontar el cambio el Estado, los profesionales y los empresarios?

Esa es la gran pregunta que busca respuesta.

 

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Alejandra



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