Componentes de las obras

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

Cuando hablamos de un emprendimiento o una obra arquitectónica podemos decir que es atravesada por distintas estructuras que la conforman, las cuales le dan vida a la misma y se van relacionando entre ellas. El arquitecto debe ser capaz de reunir los capitales, buscar el terreno, evaluar el negocio y concretar el financiamiento del proyecto. En definitiva: Crear negocios que resulten atractivos para sus inversores.

Para ello, los profesionales tienen que incorporar una nueva visión sobre los temas de índole económica. Primero, abrazarán la siguiente idea: El inversor no busca comprar un edificio, sino realizar un negocio financiero. En el armado de ese gran paquete -el negocio-, el proyecto arquitectónico es solo un ingrediente. Entonces, para que el proyecto de construcción resulte tentador, necesitamos demostrar una rentabilidad superior a la de cualquier otra inversión alternativa.

En el proceso de evaluar la conveniencia o no de un negocio, es muy útil conocer las visiones de los inversores o ejecutivos de finanzas. Estas suelen ser absolutamente diferentes respecto de las de los arquitectos. Mientras que para un arquitecto el proyecto es un conjunto de planos, cómputos de materiales y precios, para un economista es una fuente de costos y beneficios que concurren en diferentes períodos de tiempo. En cambio, para un banquero que está considerando prestar dinero o invertir, un proyecto es un esquema de flujo de fondos en el tiempo, a una tasa de interés determinada.

A la hora de evaluar un proyecto, cada uno de estos actores lo analizará de diferente forma. El economista identificará los costos y beneficios, y los medirá para saber la conveniencia o no de la inversión. Para el financista, el desafío radicará en determinar si el flujo de fondos es suficiente para cancelar la deuda y si la ganancia remanente supera o no otras alternativas posibles de inversión.

En el momento de analizar la obra apreciamos los distintos aspectos de la misma, ya sea teniendo en cuenta los aspectos técnicos, económicos, legales y sociales. Si nos metemos en profundidad en cualquiera de ellos entenderíamos su directa interrelación.

Los tres roles en la construcciòn

Definida la viabilidad de un proyecto, nos pondremos a analizar las personas que van a llevar a cabo este proceso, ya sea el inversor (Comitente o propietario) que es quien comienza a comunicarse con alguien del rubro profesional de la construcción.

La primera producción intelectual del arquitecto, en su rol de proyectista, es el anteproyecto. Este consiste en la sucesión de plantas arquitectónicas, secciones, fachadas, entre algunos documentos más. Se entiende por proyecto al conjunto de elementos gráficos y escritos que definen con precisión el carácter y finalidad de la obra y permiten ejecutarla bajo la dirección de un profesional. La documentación de proyecto debe constituir el desarrollo natural del anteproyecto e incluir, cuando corresponda, los ajustes o modificaciones necesarios para superar observaciones formuladas por el comitente a los primeros. Si durante el desarrollo de la etapa de anteproyecto se desea introducir modificaciones substanciales con respecto al anteproyecto aprobado, se recomienda no progresar en la tarea sin consultar al comitente y contar con su conformidad.

Una vez aceptado por el comitente el proyecto y llegar a un acuerdo, surge la figura del Director de Obra, quien puede ser quien elaboró el proyecto.

La empresa constructora, tercera figura que completa el trilito de relaciones junto al Comitente y el Director de Obra, constituye uno de los aspectos cruciales de la materialización. Los tres roles, interactuando, sopesarán cada una de las decisiones y desafíos que suponga la encomienda, sin dejar de considerar en ningún momento a la totalidad de las componentes de la obra.

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Alejandra



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