Alejandraabril 14, 2021
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Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 

Aislar térmicamente una vivienda consiste en lograr aumentar su resistencia a las pérdidas de frío o calor, lo cual se consigue incorporando materiales aislantes, como una buena instalación de los mismos. Los beneficios en el aislamiento térmico son varios: Uso eficiente de energía y ahorro en los costos; mejoras en el impacto al ambiente, generando un consumo de energía más responsable; mejoras en el control de humedad y condiciones de salubridad y protección estructural de la construcción. Cuando se busca aislar un ambiente, en realidad, se pretende disminuir la transferencia de calor, del interior al exterior en invierno y del exterior al interior en verano. Será un buen aislante, por lo tanto, todo aquel que disminuya el escape de calor en invierno y el ingreso de calor en verano. Para aislar correctamente es necesario saber que el calor se transfiere de distintas maneras: Por radiación, por conducción y por convección.

La radiación es el pasaje del calor desde un material con mayor temperatura hacia el material a menor temperatura, mediante la emisión de rayos caloríficos o infrarrojos. Este fenómeno ocurre cuando existe un espacio o separación entre los dos materiales que se encuentra a distinta temperatura. El caso más claro es el del Sol, que por radiación entrega su calor a nuestro planeta. La energía calorífica pasará de un cuerpo caliente que emite a un cuerpo frío que absorbe. Diversos colores y texturas permiten entregar mayor cantidad de calor por radiación. Son, en general, las superficies opacas y rugosas las que emiten mayor radiación. Esta relación entre la radiación y el tipo de superficie se extiende también al material receptor de los rayos. Si el material frío presenta una superficie espejada, parte de los rayos caloríficos serán repelidos o reflejados, dificultando la transferencia de calor.

Se habla entonces, en la transferencia de calor por radiación, de las propiedades de las superficies de los cuerpos. Allí surge el concepto de emitancia, vale decir, la propiedad de las superficies de emitir radiación. Es así como las superficies de alta emitancia transfieren el máximo posible de calor radiante según su temperatura. Es el caso, por ejemplo, del hierro fundido color negro de la salamandra. Al contrario de lo anterior, los de baja emitancia son las superficies que transmiten un mínimo de calor por radiación, como es el caso de los films de aluminio brillante. Normalmente, las superficies de baja emitancia también reflejan, en alto grado, la radiación (reflectividad). Si se quiere evitar la pérdida o ganancia de calor por radiación, una superficie reflectiva es adecuada. Es decir, dificultar al cuerpo caliente (emisor) la transferencia de rayos caloríficos. La radiación se manifiesta de manera visible (luz) o invisible. Justamente, la radiación que más calor transmite, es la infrarroja que es invisible. Este fenómeno sucede en el interior de techos y muros.

Otro ejemplo ocurre en los envases para conservar líquidos a temperaturas bajas o altas. Los termos donde dos botellas de vidrio, espejadas están una dentro de otras separadas por un espacio donde la forma importante de transferir calor es la radiación. Al ser las superficies reflectivas, y por ende, de baja emitancia se consigue mantener el líquido interior a una temperatura distinta respecto de la del ambiente por mucho tiempo.

Finalmente, la radiación, es decir, la forma de transferir calor por medio de rayos caloríficos a través del aire, normalmente, va acompañada por la conducción de calor a través de las moléculas de ese mismo aire. Como se vio al analizar la conducción, el aire es mal conductor del calor, buen aislante, pero sin duda, lo conduce. Cuanto menor es el espesor de ese espacio de aire, mayor será el efecto de conducción. El fenómeno de la transmisión de calor por radiación y la influencia del tipo de superficie, se puede apreciar en las cámaras de aire de los techos. En esos espacios, la radiación es protagonista para transmitir el calor.


Alejandramarzo 31, 2021
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5min214
Escribe: Arq. Gustavo Di Costa
Editor de revista INSTALAR

 

Techos y cubiertas son áreas muy expuestas a las inclemencias del tiempo. Deben responder adecuadamente a diversas situaciones dadas por las condiciones bioclimáticas de su localización: Los cambios de temperaturas, los rayos UV, la fuerza del viento y la lluvia, granizo y nieve. Para poder cumplir correctamente su función; cubrir y mantener protegido el interior de la construcción, el techo debe mantenerse aislado del exterior. Para tal fin se utilizan distintos tipos de barreras al agua y al viento. En techos con cubiertas conformadas por pequeños elementos, como por ejemplo las tejas, se utilizan diferentes materiales aislantes. Al referirnos al techo, podemos decir que se trata de un conjunto de elementos que cubren y cierran la parte superior de una edificación. Es un componente fundamental de la obra; el cual protegerá al resto de la construcción de los factores climáticos que suceden en el exterior. Por tal motivo, al momento de materializar el techo, es muy importante tener en cuenta las mejores prácticas constructivas previendo en el armado inicial la práctica constructiva y los materiales adecuados. Esto es importante porque los errores cometidos en la etapa de proyecto, ejecución o mal uso de los materiales tendrá como resultado patologías que pueden ser complejas de solucionar y se pueden evitar desde el inicio. Analicemos un techo de madera con una cubierta de tejas observando cómo se relacionan sus distintos componentes y las características de los diferentes materiales aislantes.

La cubierta es la parte exterior del techo. Su función es canalizar las aguas pluviales, es la principal barrera hidráulica y de protección mecánica frente a la lluvia, viento, nieve, granizo, etc., También, brinda una terminación a la construcción, incluyendo aspectos estéticos.

Actualmente las posibilidades de cubiertas de construcción son muy numerosas y cada una ofrece sus ventajas y desventajas. Se distinguen dos tipos principales de cubiertas: Las cubiertas inclinadas y las cubiertas planas. No obstante, dentro de esas dos categorías existen variaciones según sus materiales y formas. Para la fabricación de cubiertas se pueden emplear distintos materiales como: Zinc, paneles sándwich o chapas de acero galvanizado entre otros. Dependiendo del material empleado, se pueden arribar a distintas formas de las cubiertas. Si estudiamos una cubierta conformada por tejas estamos hablando siempre de una cubierta inclinada. Se considera que una cubierta es inclinada cuando su pendiente es superior al 10%. Este tipo de cubierta se compone por planos inclinados que se denominan faldones. Dependiendo del número de planos de evacuación de agua de lluvia o faldones, las cubiertas pueden ser: A un agua, a dos, a cuatro aguas, etc.

Existen una serie de aspectos importantes a tener en cuenta para el diseño y la construcción de un techo. Dependiendo del clima donde se encuentre serán convenientes unos materiales u otros. En las zonas con climas húmedos, con altas precipitaciones, son fundamentales los materiales impermeables que no resulten afectados por el agua y se deterioren fácilmente. En zonas con climas secos donde se produce poca lluvia y mucho sol debe tenerse en cuenta el efecto de los rayos UV sobre los materiales y enfocarse en aislar el calor exterior. También el límite económico conforma un factor importante. El hecho de utilizar los mejores materiales no garantiza un buen resultado. Es necesario estimar distintos factores para construir el techo con la cubierta indicada para cada obra. Analizar las características climáticas de la zona, llevar a cabo una correcta elección de los materiales y utilizar las técnicas de construcción, evitarán futuros inconvenientes y gastos innecesarios.


Alejandramarzo 26, 2021
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4min277
Escribe: Arq. Gustavo Di Costa
Editor de revista INSTALAR

 

Solo mediante el necesario análisis de las permeabilidades de todas las capas dispuestas en el techo, será el único modo de colocar una efectiva barrera de vapor. Existen distintos elementos y materiales, como las chapas de acero, por ejemplo, que constituyen perfectas barreras de vapor, cuyo empleo introduce modificaciones en el flujo del vapor que sólo pueden ser controladas a partir de un análisis de la condensación.

Hemos recomendado en anteriores Editoriales la verificación de la Norma IRAM 11625, como un aspecto básico y elemental. Ahora bien, existen situaciones y soluciones constructivas que no cumplen con esta Norma, y sin embargo, funcionan perfectamente. Para que resulte sencillo su empleo, se han adoptado hipótesis restrictivas que, en algunos casos, conducen a la no verificación de soluciones válidas. Un ejemplo de lo mencionado es el hecho de que la Norma IRAM 11625 plantea un modelo de temperaturas estacionarias (constantes), lo cual no resulta valedero, y su consideración permitiría ajustarse más a la realidad. Existen Normas en otros países que permiten esa consideración, e incluso, presenta mínimas condensaciones en el modelo. Evidentemente esos análisis son más sofisticados y requieren una profundización que dificulta su empleo por todos parte de los profesionales. Ello no significa restar valor a la Norma IRAM 11625, al contrario, la mayoría de los casos en que una solución no la verifica, son soluciones inadecuadas. Sólo en aquellos estudios donde las condensaciones resultan ser mínimas y los materiales donde se produce no son afectados por la humedad y existen además posibilidades de secado en el verano, vale la pena el esfuerzo de plantear el modelo de temperaturas variables, si es que se disponen de los datos suficientes. En efecto, si bien otros métodos son más precisos y más laboriosos, algunos requieren datos los cuales normalmente no se encuentran disponibles en nuestro país para todas sus localidades.

Podemos concluir en diversos puntos: Las barreras de vapor son necesarias a fin de evitar condensaciones en el interior del ambiente. Este factor podría provocar goteo, humedades por condensación, entre otros problemas. La instalación de una barrera de vapor es elemental a fin de mantener la durabilidad de los materiales utilizados en los techos, y en efecto, en la totalidad del techo. Un techo expuesto al vapor resulta débil y habilita a un mayor deterioro en menor tiempo. Es necesario realizar un análisis detallado respecto de las temperaturas de la zona donde se implantará la construcción, a fin de seleccionar el correcto material para la barrera de vapor a utilizar.

El tratamiento del vapor permanece estrechamente ligado al acondicionamiento térmico, dado que, si la construcción no posee una buena aislación térmica, son elevadas las posibilidades de generar condensaciones superficiales e intersticiales, toda vez que la brecha entre temperatura interior y exterior resulte considerable.


Alejandramarzo 5, 2021
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5min271
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 

Producto de la llamada crisis del petróleo que el mundo padeció en el año 1973, el planeta se vio afectado a partir de un aumento significativo en el precio de los combustibles fósiles, se produjo una fuerte inflación y reducción de la actividad económica a nivel mundial. Los países más afectados respondieron con una serie de medidas permanentes para frenar la dependencia del recurso. La humanidad se planteó la necesidad de reconsiderar el gasto energético de su estilo de vida y en particular en sus edificaciones.

Nuestro país tomó una iniciativa que, a priori parecería ejemplar. Desde la creación de la Subsecretaría de Vivienda de la Nación impulsó la aplicación de las “condiciones mínimas de habitabilidad”. Su espíritu fue el de asegurar niveles mínimos que debían cumplimentar las viviendas en lo referente al diseño, calidad de terminación y confort. A los efectos de asegurar el cumplimiento, por parte de los constructores, de esos niveles mínimos, se establecieron normas por parte de la propia Subsecretaria, del INTI, y posteriormente, del IRAM, a las cuales se debían ajustar los distintos materiales.

El IRAM también constituyó el Subcomité de Acondicionamiento Térmico de Edificios que se proponía alcanzar ciertos objetivos: Asegurar un confort higrotérmico mínimo; evitar patologías constructivas por condensaciones; favorecer el ahorro de energético; afectar un uso racional de la energía en el diseño; y homologar el cálculo del comportamiento térmico de los edificios.

La Dirección Nacional de Acceso al Suelo y Formalizaciones de la Secretaría de Vivienda de la Nación, promoviendo proyectos que incorporen componentes que garanticen la eficiencia, eficacia, sustentabilidad, ha llevado a cabo una actualización de los Estándares Mínimos de Calidad para la vivienda social (documento que tuvo una revisión en el año 2017), donde se elevó el nivel de exigencia de la envolvente para mejorar la eficiencia energética de las viviendas, llevando los valores de transmitancia térmica de la envolvente edificada a un NIVEL B de la norma IRAM 11605. Para facilitar el cumplimiento de las normas mencionadas se ha elaborado una Planilla Única en donde el ente solicitante llenará con los valores de su zona bioclimática y valores de la temperatura de diseño correspondiente, agregando el detalle de cada uno de los componentes de la envolvente. La verificación del Riesgo de Condensación, se hará en la etapa de evaluación del proyecto desde la Secretaría de Vivienda. Debemos todos, los profesionales y la sociedad en su conjunto, aprender a determinar si la humedad proviene: de una lluvia (filtraciones), de la humedad propia del ambiente (condensación) o de una falla en el diseño por lo que alguna zona lindante a la casa queda llena de agua y el contacto permanente con esa pared hace muy difícil que la humedad no la penetre (drenaje inadecuado)

La condensación ocurre cuando el aire caliente y húmedo entra en contacto con aire frío y seco. Esta reunión genera gotas de agua en las superficies frías, como las paredes. La condensación es común en baños y cocinas, donde el vapor se produce al bañarse o cocinar, por ello, es conveniente tapar las ollas, en la medida de lo posible.

Las viviendas son propensas a tener problemas de condensación durante los meses más fríos. Una gran diferencia de temperatura entre el aire exterior y el interior de una casa fomenta la condensación en superficies como paredes y ventanas, es por ello que, en invierno, se produce con mayor frecuencia respecto del verano.


Alejandrafebrero 9, 2021
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5min291

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

En cuanto al mecanismo de la difusión del vapor y las distintas permeabilidades esperables de los materiales, siempre se debe tener presente que la primera línea de defensa para controlar el problema es la ventilación. En efecto, con una buena ventilación se minimizan la magnitud de los problemas y con una mala ventilación, es decir sin renovación de aire, las condensaciones son inevitables. Por eso son especialmente útiles y obligatorias, las ventilaciones de los baños y las cocinas. La segunda herramienta consiste en diseñar la envolvente, en nuestro caso los techos, que no presenten riesgos de condensaciones sobre el cielorraso (superficial) ni en su interior (intersticial), llevando a cabo el análisis según el método que establece la Norma IRAM 11625. Además, al formar parte de las Normas IRAM de Habitabilidad, ningún profesional de la construcción debe desconocerla. No es el objeto de este trabajo desarrollar la forma de aplicación de la Norma, sino ofrecer conceptos para contribuir a la profundización.

La Norma IRAM 11625 ofrece un método de verificación del riesgo de condensación, superficial e intersticial. Se trata de un método sencillo, instalado del lado de la seguridad y que permite en caso de verificarse, establecer que no existe riesgo de condensación en el techo para las condiciones de diseño supuestas. El empleo de esta norma permite al proyectista ver el comportamiento de cada material que ha dispuesto en su techo y analizar con números concretos su efecto en el flujo del vapor. No es razonable que un proyectista diseñe un techo que va a durar varias décadas sin tomarse unos minutos para este control.

El principio general consiste en colocar los materiales de menor permeabilidad, los más estancos al paso del vapor del lado interior del techo o envolvente. Estas bajas permeabilidades del lado interior aseguran que la mayor proporción de vapor quede retenida donde la temperatura es mayor, y consecuentemente, más elevada la capacidad del aire de contener agua sin condensación. Este principio, se resume simplificadamente en: “La barrera de vapor del lado caliente”. Por el contrario, se debe evitar que las capas que detienen el paso del vapor se encuentren del lado frío de la envolvente. Cuando ello es inevitable, porque forman parte de la cubierta, se debe asegurar, por ejemplo, una ventilación inferior, ático o cámara de aire ventilados.

Hemos dejado para el final el concepto de barrera de vapor. Por definición se trata de una capa de pequeño espesor de un material que ofrece una alta resistencia al pasaje del vapor de agua. Un elemento se define como barrera de vapor cuando su permeancia es menor que 0,75 g/m2.h.KPa. Definimos la permeancia como la cantidad de vapor de agua que pasa en la unidad de tiempo a través de la unidad de superficie de la capa del material de cierto espesor, cuando la diferencia de presión entre ambas caras es la unidad.

Esto significa que el elemento que conforma una barrera de vapor deja pasar una mínima cantidad del mismo. Más precisamente, cuando la diferencia de presión entre una cara y la otra es de 1kPa, el vapor de agua que atraviesa un metro cuadrado en una hora pesa 0.75 gramos. Serán, por lo tanto, barreras de vapor: Los films de polietileno, los de aluminio, las pinturas asfálticas y otros. Podemos decir también que, para cumplir correctamente con la función de barrera de vapor, el material contará con las propiedades de resistencia al aire para evitar puentes térmicos, resistencia al agua a fin de impedir que el líquido ingrese a la vivienda y arruine materiales o instalaciones, permeabilidad al vapor, impidiendo la generación de condensaciones y limitando la durabilidad, a fin de permitir una importante vida útil una vez finalizada la construcción de la vivienda.


Alejandraenero 15, 2021
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5min503

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de revista INSTALAR

El termotanque solar es un equipo que a través de la radiación solar permite calentar el agua para uso domiciliario, ahorrando hasta un 80% del consumo eléctrico o de gas utilizado para calentar agua sanitaria. Así, reemplaza a los equipos termotanques y calefones convencionales de gas y electricidad.

El funcionamiento de los calefones solares se basa en el movimiento del agua entre el colector y el termotanque solar, el agua absorbe el calor del sol dentro del colector y luego se almacena en el termotanque solar. Este ciclo se repite hasta que la temperatura del agua alcanza el nivel deseado, la circulación entre estos dos componentes, colector y termotanque solar puede suceder de dos maneras: Por circulación natural o por calefón solar atmosférico.

La circulación en este tipo de instalación se debe a la diferencia de densidad entre el agua caliente y la fría, se produce una recirculación entre el colector y el termotanque solar, aumentando la temperatura de este último hasta alcanzar los valores deseados en un breve periodo de tiempo.

El calefón solar es la mejor manera de satisfacer nuestras necesidades de una forma ecológicamente correcta. Su principio de funcionamiento, basado en el calentamiento del agua por medio de la energía solar, asegura que tendremos agua caliente de por vida completamente gratis, ayudando a reducir considerablemente el impacto ambiental que las energías no renovables ofrecen sobre el ecosistema. Además de este aspecto tan significativo, existen grandes beneficios económicos, reduciendo el consumo anual de gas en un 75%, así como aumentando el valor de una propiedad en caso de alquilarse.

El agua caliente adquirida se puede usar en cualquier sitio donde se la necesita. Es substancial que el calefón solar pueda recibir luz solar todo el día, sus aplicaciones más comunes son en viviendas familiares, hospitales, hoteles y clubes, pero también, conforman una extraordinaria opción elegida por empresas para reducir los consumos de energía aplicadas en calderas o equipos de calentamiento industrial.

Estos colectores solares son dispositivos diseñados para recoger la energía solar generada a través del sol y convertirla en energía térmica. Si bien existen varios tipos de colectores solares, los equipos con tubo de vidrio al vacío son los más comunes. Este tipo de vacío evita que el calor que ingresa al tubo interno vuelva a escaparse, permitiéndole a este sistema elevar el agua a temperaturas que puedan llegar a alcanzar 100 ºC. Los colectores solares no solo absorben los rayos directos, sino también, la radiación solar difusa, permitiendo calentar el agua aún en días nublados.

El tanque de almacenamiento de un calefón solar conforma un compartimiento en el cual se aloja el agua calentada por el colector solar. El receptáculo está aislado térmicamente, evitando que el agua contenida en su interior pierda temperatura por la noche. Está construido principalmente en acero inoxidable, revestido por espuma de poliuretano, y en el exterior puede ser de plástico o acero inoxidable. Además, estos equipos cuentan con una resistencia eléctrica acompañada por un termostato, asegurando que en días nublados o muy fríos, el agua alojada en su interior alcance niveles óptimos para su disposición.

La ubicación ideal del colector solar es en lugares despejados, se recomienda colocarlo sobre el techo, orientados de tal manera que su superficie permanezca en posición perpendicular a los rayos del sol, y durante el periodo más largo posible. La mejor incidencia de la radiación se da cuando el panel se encuentra orientado hacia el norte y con una inclinación aproximada de 40 a 45 grados.

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Alejandraenero 6, 2021
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Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

Una microempresa es una empresa de tamaño pequeño. Su definición varía de acuerdo a cada país, aunque, en general, puede decirse que cuenta con un máximo de diez empleados y una facturación acotada. La creación de una microempresa puede ser el primer paso de un emprendedor a la hora de organizar un proyecto y llevarlo adelante.

Es importante resaltar que dentro del sector de la microempresa, nos encontramos con los microemprendimientos. Se trata de la puesta en marcha de un negocio de aquella tipología donde el propio emprendedor es el dueño y administrador del mismo y donde, además de haber llevado a cabo una baja inversión, cuenta con pocos empleados.

La Secretaría de Emprendedores y PyMEs del Ministerio de Producción publicó la nueva clasificación para determinar qué empresas se encuadran dentro de la categoría PyME. A través de la resolución 154/2018, se elevan los límites de facturación anual contemplando las especificidades propias de los distintos sectores y la evolución reciente de los mismos. Para el sector de industria, por ejemplo, ahora se considera una microempresa la que facture en promedio durante los últimos 3 años hasta $13,4 millones, una pequeña hasta $81,4 millones; una mediana tramo 1 hasta $661,2 millones y una mediana tramo 2 hasta $966,3 millones.

Asimismo, se incorpora la variable de personal empleado de manera concurrente con las ventas, con el objetivo de lograr un encuadre más preciso en la categorización PyME. Para las empresas que realicen actividades de comisión o consignación, se tomará sólo la variable empleo, lo cual les permitirá estimarse dentro de la categoría que más se ajuste a su tamaño real.

Por otro lado, y con el objetivo de incentivar las ventas al mercado externo de las pequeñas y medianas empresas, se redujo el porcentaje de las exportaciones a considerar para la categorización PyME, de un 50% a un 25%. La inversión de capital para constituir una empresa constructora en Argentina depende del tipo de la misma.

Para el caso de una Sociedad Anónima (SA), se requieren, al menos, dos accionistas sin máximos, los cuales pueden ser personas físicas o jurídicas, deben suscribir una parte relevante del capital, es decir, no podrán acreditar una proporción de 99-1%. El capital social mínimo para cualquier SA es de ARS$100.000 pesos argentinos, el cual podrá suscribirse al menos el 25% del mismo al momento de la constitución de la sociedad, debiendo suscribir el capital restante dentro de los dos años siguientes. A su vez, el capital está dividido en acciones, de las cuales podrán elegirse distintos tipos, pero que serán de libre transmisión.

Las SA podrán efectuar una oferta pública de sus acciones. El órgano encargado de su administración será el Directorio, el cual deberá encontrarse integrado por una o más personas físicas, designados por los accionistas (en las sociedades cuyo capital social fuere mayor a ARS$10.000.000, se requiere que, al menos tres directores, integren el Directorio), las cuales pueden ser nacionales o extranjeros, sin embargo, la mayoría absoluta debe tener su domicilio real en Argentina. Durarán en su cargo un máximo de tres ejercicios y deberán reunirse, al menos, una vez cada tres meses.

El gobierno de la sociedad es llevado a cabo por los accionistas, los cuales deben reunirse, al menos, una vez al año para determinar la aprobación de los estados contables, la elección de los directores, etc.

Las SA deben llevar un registro de las decisiones tomadas por sus Directores y por los Socios y de sus registros contables. Por lo cual, deben contar con los libros societarios de Directorio, Actas de Asamblea, Deposito de Acciones, Registro de asistencia a asambleas y Registro de accionistas, y los libros contables Inventario y Balance, Diario, IVA compras e IVA ventas. Además, deben presentar los estados contables dentro de los 15 días posteriores a la celebración de la asamblea que los considere.


Alejandradiciembre 29, 2020
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La industria de la construcción conforma uno de los sectores con mayor intensidad en el uso de la mano de obra, y a su vez, en los momentos de crecimiento, se convierte en motor de empleo. Sin embargo, sus trabajadores muestran una baja calificación en cuanto a su educación formal si se los compara con otros sectores de la economía.

Una parte importante de los trabajadores que normalmente se consideran como asalariados de la construcción, en realidad estarían desempeñando tareas no propias de la industria (relacionadas con obras de diversos tipos), sino con trabajos de refacciones y ampliaciones en viviendas privadas, que no responden a la lógica de la actividad productiva sectorial.

Uno de los problemas derivados de las últimas crisis económicas fue la exclusión de una cantidad sustancial de obreros, que no sólo perdieron su trabajo, sino que, a su vez, vieron dificultada su reinserción en la actividad económica.

Asimismo, muchos jóvenes no tuvieron oportunidad de incorporarse al mercado laboral, ni de acceder a la educación. Ambos grupos sociales, que ven dificultada ya sea su reinserción o directamente su inserción en el mercado laboral, podrían encontrar en la construcción una actividad en la cual desenvolverse y desarrollarse. En este sentido, la construcción no sólo sería una fuente de empleo para la economía (de las más dinámicas en la actualidad), sino que cumpliría una importante función social, contribuyendo a la reinserción de sectores antes excluidos.

Ahora bien, la posibilidad de que la construcción continúe creciendo a paso firme en los próximos años, así como su tendencia a ser intensiva en demanda de trabajadores, conlleva la posibilidad de un escenario de escasez de mano de obra. Se evidencia que, en términos relativos, los salarios del sector no se encuentran entre los más altos, lo cual dificulta la posibilidad de competir por trabajadores con otros sectores. De esta forma, la incorporación de nuevos obreros se debiera realizar sobre la base de los desocupados.

Cabe destacar que la escasez de mano de obra descripta es de carácter global, dejando de lado análisis más detallados de potencial escasez de técnicos y mano de obra calificada. No debe soslayarse ello, dado que la participación de técnicos y profesionales en el total del empleo es muy baja, especialmente entre los técnicos.

Trabajador calificado, se busca

Uno de los mayores problemas de la actualidad en la industria de la construcción, radica en la escasez de trabajadores con calificaciones específicas de oficio, no sólo en la construcción, sino en toda la economía. Ello demanda de una política de formación de trabajadores, la cual va más allá de la educación formal e intenta desarrollar conocimientos y habilidades específicos en los diversos oficios presentes en el sector.

El análisis del nivel educativo constituye un factor clave para entender cuáles son los requisitos demandados a un potencial trabajador a incorporar a las actividades de la construcción. Ante una alta demanda de obreros, como viene ocurriendo en nuestra industria, es muy diferente la situación de un sector cuya demanda se orienta a personas con niveles básicos de educación, respecto de la de otro sector cuya tarea requiera de personal más calificado.

Por los datos presentados, resulta evidente que el crecimiento de la construcción posibilita la incorporación de ciertos sectores cuyo acceso al mercado laboral tiende a ser más dificultoso en términos de calificaciones requeridas, aspecto trascendental en el combate contra el desempleo. Es necesario realizar alguna salvedad al respecto, ya que dicha característica distintiva de la construcción va perdiendo énfasis en la actualidad.

A diferencia de años atrás, cuando muchas veces se recurría al trabajo en una obra sin experiencia, hoy es indispensable que los trabajadores permanezcan capacitados en las nuevas tecnologías aplicadas y actualizados en cuanto a las normativas imperantes sobre condiciones y ambiente de trabajo.

Los menores requisitos de calificación explican los guarismos que indican una importante participación de trabajadores con bajos niveles de educación. Esa carencia también resulta ser un factor demostrativo de la elevada, aunque decreciente, participación del empleo informal dentro de la industria de la construcción.


Alejandradiciembre 23, 2020
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5min289

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

Cuando hablamos de un emprendimiento o una obra arquitectónica podemos decir que es atravesada por distintas estructuras que la conforman, las cuales le dan vida a la misma y se van relacionando entre ellas. El arquitecto debe ser capaz de reunir los capitales, buscar el terreno, evaluar el negocio y concretar el financiamiento del proyecto. En definitiva: Crear negocios que resulten atractivos para sus inversores.

Para ello, los profesionales tienen que incorporar una nueva visión sobre los temas de índole económica. Primero, abrazarán la siguiente idea: El inversor no busca comprar un edificio, sino realizar un negocio financiero. En el armado de ese gran paquete -el negocio-, el proyecto arquitectónico es solo un ingrediente. Entonces, para que el proyecto de construcción resulte tentador, necesitamos demostrar una rentabilidad superior a la de cualquier otra inversión alternativa.

En el proceso de evaluar la conveniencia o no de un negocio, es muy útil conocer las visiones de los inversores o ejecutivos de finanzas. Estas suelen ser absolutamente diferentes respecto de las de los arquitectos. Mientras que para un arquitecto el proyecto es un conjunto de planos, cómputos de materiales y precios, para un economista es una fuente de costos y beneficios que concurren en diferentes períodos de tiempo. En cambio, para un banquero que está considerando prestar dinero o invertir, un proyecto es un esquema de flujo de fondos en el tiempo, a una tasa de interés determinada.

A la hora de evaluar un proyecto, cada uno de estos actores lo analizará de diferente forma. El economista identificará los costos y beneficios, y los medirá para saber la conveniencia o no de la inversión. Para el financista, el desafío radicará en determinar si el flujo de fondos es suficiente para cancelar la deuda y si la ganancia remanente supera o no otras alternativas posibles de inversión.

En el momento de analizar la obra apreciamos los distintos aspectos de la misma, ya sea teniendo en cuenta los aspectos técnicos, económicos, legales y sociales. Si nos metemos en profundidad en cualquiera de ellos entenderíamos su directa interrelación.

Los tres roles en la construcciòn

Definida la viabilidad de un proyecto, nos pondremos a analizar las personas que van a llevar a cabo este proceso, ya sea el inversor (Comitente o propietario) que es quien comienza a comunicarse con alguien del rubro profesional de la construcción.

La primera producción intelectual del arquitecto, en su rol de proyectista, es el anteproyecto. Este consiste en la sucesión de plantas arquitectónicas, secciones, fachadas, entre algunos documentos más. Se entiende por proyecto al conjunto de elementos gráficos y escritos que definen con precisión el carácter y finalidad de la obra y permiten ejecutarla bajo la dirección de un profesional. La documentación de proyecto debe constituir el desarrollo natural del anteproyecto e incluir, cuando corresponda, los ajustes o modificaciones necesarios para superar observaciones formuladas por el comitente a los primeros. Si durante el desarrollo de la etapa de anteproyecto se desea introducir modificaciones substanciales con respecto al anteproyecto aprobado, se recomienda no progresar en la tarea sin consultar al comitente y contar con su conformidad.

Una vez aceptado por el comitente el proyecto y llegar a un acuerdo, surge la figura del Director de Obra, quien puede ser quien elaboró el proyecto.

La empresa constructora, tercera figura que completa el trilito de relaciones junto al Comitente y el Director de Obra, constituye uno de los aspectos cruciales de la materialización. Los tres roles, interactuando, sopesarán cada una de las decisiones y desafíos que suponga la encomienda, sin dejar de considerar en ningún momento a la totalidad de las componentes de la obra.


Alejandradiciembre 22, 2020
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5min356

Toda empresa constructora organizada de forma racional debe contar con personal directivo encargado de conducir, controlar y vigilar sus operaciones y de interrelacionar las diferentes áreas en la organización.

Los gastos de oficina central, por su naturaleza, quedan íntimamente relacionados con las características intrínsecas de la sede central de la empresa constructora y su determinación permanece directamente atada a los antecedentes estadísticos de la citada empresa.

La trascendente importancia de aplicar los correctos controles técnicos y administrativos, se torna vital. Más allá del sistema de control en adoptado particular, es necesario prestar una especial atención a esta tarea, ya que con ella se puede integrar, a través del tiempo, una serie de datos estadísticos los cuales se ajusten cada vez más a la realidad, y que servirán para determinar los montos de cada uno de los conceptos comprendidos en los gastos indirectos de la sede central. De esta manera, se busca prever ese gasto con una aproximación a la realidad más acertada para futuras obras.

La suma de todos los gastos necesarios en la administración central de una empresa constructora conforma los costos indirectos. Son los gastos que le permiten a la misma ejercer sus funciones junto con las erogaciones destinadas a organizar, coordinar, dirigir, controlar y motivar aquellas operaciones propias.

La relación existente entre el monto promedio anual de gastos de oficina y el monto promedio anual de concentración de la empresa en ese período, resulta en el costo indirecto de la sede central. Los siguientes conforman los desembolsos de la sede central:

  • RECURSOS HUMANOS: Tales como el personal directivo, técnico y administrativo.
  • RECURSOS MATERIALES: Tales como oficina, equipos, mobiliarios.
  • SERVICIOS: Tales como electricidad, internet, teléfono y demás gastos propios originados en la sede.

Existirá un natural equilibrio entre los importes de contratación anual promedio y los gastos de sede central partiendo de la premisa que la dirección, el personal técnico y el administrativo, puedan ejercer sus tareas de la mejor manera posible.

Del mismo modo, tanto las oficinas como el mobiliario y todos los gastos que una sede central conlleva, deben ser los mínimos necesarios para el importe total anual de obra el cual se espera contratar, partiendo de la premisa que cualquier empresa constructora debería funcionar con el mayor grado de eficiencia y todo excedente de instalaciones o personal redundarán en una licuación de la utilidad neta.

Todos los gastos fijos a cubrir por una empresa, mientras no realiza trabajos productivos, es decir, los costos de operación de la misma, varían en un amplio rango que va desde casi cero, en el caso de simples personas físicas como un pequeño contratista, sin oficina ni personal fijo, hasta costos de entre 5 y 8% de los contratos, en el caso de las grandes empresas, cuando operan a plena capacidad y con eficiencia.

Cualquier aumento de dicho porcentaje, indica claramente la existencia de una falta de eficiencia o excedente en la capacidad de la empresa, no siendo aconsejable la corrección de esa deficiencia con el aumento de los precios, ya que ese común error redundará en menores oportunidades a la hora de conseguir contratos, afectando de esta manera, la economía de la empresa, como así también, el ámbito socio-económico donde opera.

Es de suma importancia organizar la sede central de una empresa constructora equilibradamente, contemplando las posibles variaciones de la contratación anual estimada, para así determinar previamente límites razonables entre los que puedan oscilar los costos indirectos.



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