time-1.jpg

6min33

Para los norteamericanos “Time is Money”. Es verdad, el tiempo es dinero. Las divisas se esfuman casi tan rápido como se consume una jornada de trabajo, si el profesional descuida los patrones encargados de mensurar la duración de una obra. Alguna vez reflexionamos acerca de las dos -cruciales- preguntas que cualquier comitente (no importa el tamaño del emprendimiento que nos confía, ni el de su billetera), siempre reclama conocer de antemano: ¿cuál será el precio de la obra y cuál su plazo de ejecución? En verdad, la razón de sus desvelos son dos: Dinero y tiempo, variables que evidentemente van de la mano.

Por ello se torna importantísimo no desestimar el enorme valor que representan los diagramas de Gantt en una obra. Veamos, por definición el tiempo se entiende como “la magnitud física con la que medimos la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, de los sistemas sometidos a observación, esto es, el período que transcurre entre el estado del sistema cuando éste aparentaba un estado X y el instante en el que X registra una variación perceptible para un observador (o aparato de medida). Es la magnitud que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y da lugar al principio de causalidad, uno de los axiomas del método científico. El tiempo ha sido frecuentemente concebido como un flujo sucesivo de situaciones atomizadas en la realidad”.

Esta contundente conceptualización del tiempo no es casual. En todos los casos se refiere a instancias definidas (“ordenar los procesos en una secuencia”, “magnitud de la duración de un suceso”, etc.).

Entendemos entonces que la confección de un minucioso y detallado Listado de Tareas de la obra en cuestión va a adquirir una notable relevancia en el momento en que la planificación deba llevarse a cabo (por supuesto, en el proceso de documentación técnica del proyecto). La etapa de programación va a incorporar a dicho listado los tiempos estimados en función de los recursos empleados y la tecnología adoptada para la realización de cada una de las tareas enumeradas. De esta forma, estamos en condiciones de comprender cómo se desarrollará el proceso constructivo, evitando improvisaciones y “atajos”, los cuales pocas veces, conducen a un final feliz (patológicamente hablando).

Así, cuando nuestro comitente nos demanda estas dos respuestas -estimativas en una primera  instancia- deja en claro que necesita saber si tenemos conciencia técnica de la instalación que vamos a materializar para él. En pocas palabras: Sólo es posible cuantificar económica y temporalmente aquello que sabemos perfectamente cómo se realiza. Todas estas angustias se resuelven (por parte del profesional a cargo del proyecto y del comitente que asume la responsabilidad de su pago) en una sigla: CTC (Carpeta Técnica Completa). Allí, en la suma perfecta de planos, pliegos, detalles, estudios, análisis, etc. se encuentra la respuesta correcta para comprometernos sin dudas ante una cifra en dólares y un plazo en meses. Aplicar el “sistema de los dígitos oscilantes” -el famoso “más o menos”-, conllevará a un seguro desprestigio profesional y un proceso problemático para el desarrollo de la obra.

Imagínese por un momento que Ud. no es Arquitecto, Ingeniero o Maestro Mayor de Obras. Piense ahora que su matrícula lo habilita para pilotear un enorme avión jet. Imagine que, ya al control de la nave, con cientos de pasajeros expectantes y una tripulación a la espera de sus órdenes, Ud. nota que carece de plan de vuelo, de informes meteorológicos y de un check list de revisión del instrumental del avión. ¿Sería capaz de remontar vuelo y llegar a destino en tiempo y forma? Seguramente -si es consiente, ya que hay varios pilotos que no lo son- pensará que no, que es imposible sin esa información llegar a destino en las condiciones esperadas. Entonces ¿por qué suponemos que sin planos de detalles, estudios de suelos, análisis de costos, pliegos de especificaciones técnicas, etc. podremos conducir la nave-obra a un destino de felicidad para los pasajeros-comitentes y, al mismo tiempo, dejar satisfecho a nuestro personal de abordo -obreros- sobre el trabajo realizado?

Una pregunta la cual, muchas veces, espera su respuesta.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 


instalador.jpg

4min62

Al concluir una instalación nos preguntamos si ella responde a las metas propuestas en el proyecto y con posterioridad a la documentación para la ejecución de la misma. Es decir, nuestro trabajo, ¿conformó lo previsto? Para ello, debemos ejercer un control de calidad tal que garantice el cabal cumplimiento de las exigencias y necesidades del usuario.

Independientemente de esta afirmación, existen mínimos de calidad reglamentados por las normas y que son de aplicación obligatoria. Ahora bien, podemos definir el concepto de “calidad” diciendo que: “es la propiedad o conjunto de propiedades que hacen que una cosa se destaque y aprecie de una manera más atenta en relación con las demás de su misma especie”. Entonces, para poder determinar la calidad, necesariamente, tenemos que contar con un modelo o parámetro que nos sirva de guía para evaluar y definir el grado de calidad de un sistema sanitario.

Lo previsto y lo propuesto permanece acotado en el proyecto, y con posterioridad, se verifica mediante la ejecución de la red. No debemos pasar por alto que, una calidad máxima depende, en algunos casos, de un usuario dispuesto a pagarla, ya que se podría considerar un desperdicio el esfuerzo en alcanzar tal calidad, cuando es poco probable la valoración y aceptación de la misma.

De esta expresión, surge la necesidad de aclarar que la calidad final de una instalación permanece sujeta además, por el buen empleo de la mano de obra, de los productos proporcionados para tal fin y que se adaptan a las necesidades del usuario. Sin esta consideración, no podemos manejar el concepto de calidad más allá de las exigencias normativas.

Igualando o superando lo previsto habremos conseguido una calidad razonable, no distante de la óptima. Por todo lo expuesto, el control de calidad resulta ser un factor fundamental, que surge de la necesidad de obtener una mayor perdurabilidad de las instalaciones y permitir o mejorar las condiciones de habitabilidad y confort, que no siempre requieren inversiones mayores. Para que dicho control sea efectivo, y a su vez, ejecutado convenientemente por los profesionales responsables de la obra, resulta imprescindible la presencia de los mismos en los momentos claves.

La construcción es una industria que se ejerce a “pedido”, a diferencia de las demás, dedicadas a la automatización, electrónica, etc., ésta genera un número elevado de prototipos, todos dispares en imagen pero, generalmente materializados de igual manera. Por esta razón, el análisis de las pautas a seguir para el control de calidad atraviesa diferentes etapas que van desde el encargo propiamente dicho, el proyecto, el proceso de ejecución, hasta la obra terminada. También, debemos incluir en este análisis el efectivo control a realizar en los distintos materiales y elementos intervinientes en la obra.

Reflexionemos ahora respecto del accesible panorama que nos brindan los sistemas termo-hidrosanitarios, toda vez que simplifican y acotan los controles de calidad, dada la repetitividad de ciertas tareas que minimizan la posibilidad de errores de ejecución, tan comunes en las instalaciones tradicionales, más acostumbradas a “improvisar” soluciones en el acto.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarabril 27, 2020
reciclaje-de-agua.jpg

5min131

La capacitación tecnológica, una disciplina desarrollada en el contexto de la formación profesional, busca colaborar en la incorporación y suma de competencias que le permitan a los futuros técnicos afrontar con mayores posibilidades un mundo cada vez más complejo, donde la acción y el conocimiento resultarán ser complementarios y concurrentes, un universo donde el gran desarrollo de las especialidades exigirá integrarlas con una visión global, recuperando una estrategia tanto de lo cotidiano, como de lo aplicable en las áreas tecnológicas.

Todo ello implica, desde mi modesto punto de vista, afrontar un impulso cualitativo en lo cultural, marcado por la interrelación de la “cultura tecnológica” en la “cultura general”, lo cual permitirá comprender mejor el mundo que habitamos y, lo que resulta más importante, poder ofrecer respuestas y beneficios a la totalidad de los actores sociales.

Analicemos un ejemplo práctico sobre esta línea de pensamiento. La Consejería de Vivienda de Galicia, España, ha reglamentado la obligatoriedad para que las nuevas viviendas instalen sistemas que reciclen el agua de lluvia. De este modo, y aplicando por obra un presupuesto de 2.000 euros (una parte de los cuales el mismo Estado subvenciona), es posible ahorrar hasta un 50% del agua potable.

De más está remarcar el notable aporte que esta acción implica para la sociedad, en este caso de Galicia, al desarrollarse este programa del tipo “ganar-ganar”. El Estado se beneficia, porque respeta y cumple sus funciones al velar por el cuidado de un recurso tan vital como lo es el agua potable; los usuarios ven reducido el importe económico de su consumo en casi la mitad; las empresas, técnicos y proveedores de esta tecnología obtienen utilidades, puesto que se abastecen de una notable fuente de trabajo; y por último, pero no por ello no menos importante, nuestro planeta suma un rédito esencial, ya que la sequía y la escasez de agua representan algunos de los problemas ambientales más acuciantes.

Pensemos cuántas soluciones aportaría este sistema aplicado en aquellas ciudades (como nuestra Buenos Aires), donde las precipitaciones pluviales se convierten en ciertos sectores en una verdadera trampa que anega calles y viviendas, inunda comercios (con la consecuente pérdida de mercaderías y daño económico), interrumpe el tráfico vehicular, sin mencionar el peligro latente de la electrocución para los transeúntes y otras desgracias.

Dado que hemos reducido en esas urbes la superficie absorbente de los suelos, sería sumamente oportuno que cada nueva unidad construida (vivienda, comercio, oficina, etc., etc.), pudiera captar el agua de lluvia y almacenarla en tanques para luego reutilizarla, en lugar de volcarla a una red colapsada que, al desbordar, acarrea como drástica consecuencia los problemas antes enunciados.

Las actuales leyes al respecto resultan insuficientes y la laxitud de su cumplimiento las vuelve ineficientes. Sin embargo, de cumplirse, el aporte de cada unidad no será menor si consideramos que, con precipitaciones pluviales de 30 litros/m2 y una superficie de recolección de 150 m2, se puede obtener una reserva de 4.500 litros de agua. Sumados, conformarán millones de litros que el Estado argentino ya no se ocupará de potabilizar y que serán empleados en la descarga de inodoros, la limpieza de veredas, el riego, entre muchísimos otros usos para los que actualmente empleamos agua potable.

Un lujo que por solidaridad (con nuestros hermanos que no cuentan con ella y con la salud medioambiental del planeta) ya no nos debemos dar. La técnica para aplicar estos sistemas se encuentra disponible. En muchos puntos del globo reutilizan el agua de lluvia desde hace varios años. Sólo resta a los profesionales, técnicos, empresas, y a la sociedad toda, que asimilemos estos conceptos, exitosos en el mundo, y los dispongamos conforme a nuestras necesidades.

Ganar-ganar es la consigna…

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 


Sepa Cómo Instalarabril 13, 2020
hospitales.jpg

6min135

Por: Arq. Gustavo Di Costa

La sociedad observa con asombro como la actual Pandemia por COVID19 crea hospitales en pocas semanas y desarrolla salas de asistencia sanitaria en plazos increíbles. Asistimos con ciertos niveles de incredulidad a la proliferación de una arquitectura para la salud la cual, al ritmo de las necesidades que la emergencia impiadosamente dicta, brinda satisfactorias respuestas en términos de Calidad, Precio y Tiempo.

Ello es factible dado que la Industrialización de la Construcción emplea absolutamente todos los métodos aplicados por la industria para lograr economías de mano de obra, aumento de la productividad, reducción de los costos de construcción, disminución de los plazos, y al mismo tiempo, una mayor calidad y constancia de la misma. Por todo ello, vale la pena aclarar los términos “Industrialización de la Construcción”, respecto al de “Construcción Industrializada”. El primero de ellos corresponde al PROCESO mientras que el segundo corresponde al RESULTADO.

La Industrialización, no es en sí misma la solución, es el camino para resolver un problema determinado a partir de un camino extenso, pero cada día mejor definido. La citada emergencia sanitaria no hace más que adelantar los plazos de aplicación de las soluciones, hasta hace pocas semanas,  en estudio. Ante este exigente contexto, somos los Arquitectos quienes debemos hallar las soluciones propias examinando, con la mayor atención posible, las innovaciones tecnológicas desarrolladas en cada región de nuestro territorio.

Muchos países en etapa de desarrollo, se encuentran en la actualidad planificando seriamente sus intentos preliminares encaminados hacia una gradual industrialización de sus métodos constructivos. Esa actitud sólo adquiere importancia y arraigo cuando la comprensión técnica va acoplada a un punto de vista inteligente en las aspiraciones y necesidades de la sociedad.

Un sistema constructivo industrializado debe responder a las exigencias humanas del momento, como lo hacen los productos industriales. En este caso, el cliente o promotor es quien después de analizar el mercado desde un punto de vista eminentemente económico, dicta el programa con las exigencias comerciales para ser interpretado por el equipo proyectista.

En ese contexto, antes de lanzar cualquier producto, llevará a cabo un pormenorizado relevamiento a fin de captar cuáles son las apetencias o deseos del futuro usuario de manera abstracta y objetiva para luego ofertar. Así pues, un sistema constructivo industrializado brindará como resultado un producto el cual deberá satisfacer ampliamente las exigencias de la sociedad en cuanto a condiciones de habitabilidad.

Entre sus múltiples ventajas, el empleo de los sistemas constructivos industrializados, por la repetitividad de tareas y especialización, reduce notablemente el tiempo de aprendizaje de los obreros, si se lo compara con los oficiales de la construcción “húmeda”.

El desafiante escenario nos motivó a desarrollar en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Argentina de la Empresa (FADI/UADE) una propuesta para la creación de un Módulo Sanitario Industrializado (MSI) tendiente a verificar los conceptos antedichos. Sus elementos componentes son dimensionados mediante una relación aditiva.

Los mismos permanecerán normalizados de forma que, entre otros aspectos, puedan garantizar una calidad final constante y un mantenimiento preventivo y correctivo mínimo, ya que su ambición se basa en multiplicarse en aquellos sectores de bajos recursos asistidos por organizaciones sin fines de lucro que llevan a cabo actividades sociales en los mencionados sectores.

Si tenemos en cuenta que una empresa productora de automóviles es capaz de lanzar al mercado una unidad cada 2,5 minutos, entonces concluiremos que un sistema constructivo industrializado deberá participar en todas las etapas de la materialización respecto de dos características fundamentales: Programación y producción en cadena, admitiéndose un sistemático control de calidad. La repetición del proceso facilita la adopción de controles, los cuales pueden ser realizados de manera rápida y sencilla.

Este conjunto de definiciones e ideas poseen una filosofía en común: Mano de obra no especializada, simplificación, rápido montaje, alto grado de trabajo en serie y eficiencia.

Todo esto es, sin dudas, la construcción industrializada. Y mucho más…

 


artificial-1.jpg

4min128

El hombre, en su afán por mejorar su calidad de vida, ha modificado en forma paulatina y definitiva su relación con el medio ambiente que lo rodea y contiene, transformando la realidad en respuestas a sus necesidades y expectativas inmediatas creando, de esta manera, un ambiente de carácter “artificial”, el cual con justeza podemos definir como “mundo artificial”. Por supuesto, las construcciones forman una parte vital de este mundo, abarcando las razones del habitar. Pero este “mundo artificial”, que de hecho se opone al “mundo natural”, abarca no sólo a las obras creadas por el hombre, sino también, a la totalidad del conjunto de objetos, sistemas, dispositivos, procesos, etc.

En los últimos 200 años la velocidad de crecimiento de ese mundo artificial, y el ritmo innovador que ha caracterizado a su particular desarrollo, han provocado que el mismo adquiriera un nivel tal de complejidad que actualmente, en algunos aspectos, resulta sólo equiparable en importancia con el mundo natural, pero dejando asentado que la conservación de este último debe conformar un tema prioritario, puesto que de él depende la supervivencia de la especie humana.

Todo lo expresado hasta aquí nos plantea la necesidad de entender y concebir a la realidad con una nueva óptica, teniendo en cuenta que si bien la relación entre el hombre y su entorno natural, constituye un tema que merece nuestra más absoluta atención, sólo se arribará a objetivos sustentables si se maximizan los cambios en el mundo artificial, capaces de predecir el futuro armónico del hombre con su medio ambiente.

Cabe aquí formalizar una definición de medio ambiente, como el marco animado o inanimado en el cual se desarrolla la vida de un organismo. Son los factores y condiciones exteriores los que rodean e influyen la vida y actividades de dicho organismo. De más está decir que entendemos a esos organismos como los seres humanos, y a las construcciones que los cobijan, como el marco artificial que dinamiza su vida.

Vale definir otro concepto común a las obras arquitectónicas: “impacto ambiental”. A priori parecería que dicho impacto provocado por la aparición en un medio físico de una nueva construcción, va a modificar en forma negativa ese medio. Este es un concepto erróneo. Desde siempre, los hombres han modificado su medio ambiente, pero sólo las malas decisiones en este aspecto han provocado preocupantes características en cuanto a la contaminación del agua y del aire, por mencionar sólo dos aspectos del entorno natural.

“La tarea más importante de hoy en día, resulta tal vez, aprender a pensar de una nueva manera”. Estas palabras de G. Bateson merecen un profundo análisis, dado que entiendo que detrás de las mismas subyace un concepto clave: el de la solidaridad.

Vale preguntarnos entonces respecto del grado de responsabilidad que nos cabe dentro de esta problemática, como profesionales que resguardamos recursos naturales vitales. No olvidemos que heredamos dichos recursos, y que los mismos, conformarán nuestro legado para las futuras generaciones.

He allí el mejor ejemplo de solidaridad y apuesta a la continuidad de la vida del hombre.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarmarzo 12, 2020
vivienda4.jpg

6min143

En los últimos tiempos, la vivienda presenta las características de un problema permanente, creciente y dinámico y se ha convertido en uno de los temas de mayor preocupación por sus implicancias dentro del orden social y económico. El país afronta una “necesidad crítica de vivienda”, fundamentalmente, en el sector de la población de menores recursos. Las necesidades acumuladas se expresan tanto en unidades que hacen falta construir anualmente cuanto a las requeridas para cubrir la reposición por “crecimiento vegetativo” más por “obsolescencia del parque habitacional”.

Dicha necesidad resulta de la sumatoria de la creciente tendencia a la concentración urbana de la población y del encarecimiento del costo de la construcción en relación con los niveles de ingresos. En tanto y en cuanto propongamos lo que haga falta hacer, en la forma y en el momento que convenga hacerlo, para que las cosas se comiencen a resolver, en esa medida, vamos a estar haciendo algo positivo. Por todo lo dicho anteriormente, me declaro enemigo, directamente del uso de la palabra DÉFICIT.

¿De qué nos sirve saber que faltan alrededor de 3.000.000 millones de viviendas, si todos sabemos que no las podemos hacer, que no vamos a brindarle una inmediata solución?

¿No sería mejor establecer que tenemos que construir 8, 9 o 10 viviendas por cada 1.000 habitantes/año (Tasa de Construcción)? Así, al cabo de un período de tiempo, si el crecimiento de la cantidad de viviendas ha sido superior al crecimiento de la población, más el enriquecimiento del inventario existente, la población estará decentemente alojada.

Son estas circunstancias tendientes a formalizar un cambio revolucionario en la producción de viviendas. Modificar esta situación, por su magnitud y alcance socio-económico, requiere la voluntad política expresada en recursos de inversión crecientes y sostenidos en el tiempo, en forma acorde al esfuerzo a realizar para eliminar las necesidades críticas acumuladas en el tiempo.

Proponer soluciones

Lo que pretende la “tecnología” en relación a la vivienda es: Proponer soluciones basadas en principios, normas y lineamientos sustentados en las experiencias anteriores analizadas, medidas estadísticamente y proyectadas a escenarios futuros verificables.

Quizás sea ocioso repetir cuál es el problema de la vivienda, sin embargo, es importante recordar la propuesta del Ing. Francisco Sainz Trápaga, cuando señalaba que “a diferencia de otros productos, en la vivienda está involucrado un fenómeno de necesidad. Plantear una solución tecnológica al problema de la vivienda, implica optimizar la relación usuario-vivienda, aplicando sistemáticamente, evaluando los resultados de planes, programas y proyectos llevado a cabo por el sector público y el privado, dentro del marco de uno o varios futuros posibles”.

Mejorar la calidad de vida del usuario es seguramente el centro de la función de una vivienda, lo cual significa conocer la estructura de sus requerimientos y su evolución en el tiempo. Este es un proceso sumamente dinámico, cuyas variaciones, motivaciones y estructuras requieren de un permanente estudio. Solamente una actualizada definición de las funciones a cumplir pueden dar base cierta al diseño de respuestas correctas.

Como decía el Ing. Raúl Humar: “El concepto de vivienda como respuesta a necesidades de los usuarios, debe cubrir un universo mayor respecto al definido tradicionalmente, en cuanto su provisión y funcionamiento. Permanecerán influidos por elementos tan extremos como la disponibilidad de recursos, el tiempo, la construcción, el mantenimiento y su relación con el ámbito urbano. El concepto de vivienda nos permite describir sus contenidos a través de la descripción de los productos que la componen y de su proceso tecnológico”.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 


accidentes.jpg

4min125

No es ajeno al mundo del trabajo, el importante rol que está jugando la construcción en el proceso económico de nuestro país. Distintos son los factores que concurren para que este crecimiento del PBI se produzca: la desconfianza en el sistema financiero, el aumento de la actividad económica, la fuerte baja en los rendimientos financieros internacionales a consecuencia de la alta liquidez que hace que las tasas sean negativas o neutras en torno del monto de la inversión que se trate, el encarecimiento de los costos de mantenimiento de las cuentas bancarias en el extranjero, la ausencia de otras alternativas financieras en el país que resulten más atractivas, etc.

El incremento en los niveles de producción ha traído aparejado un importante aumento en la construcción, y por ende, un notable incremento en la ocupación de mano de obra, no sólo respecto del propio sector, sino también, contemplando el efecto multiplicador de esta actividad sobre otras. Si bien dicho escenario resulta ser sumamente alentador en lo que hace a la ocupación de los trabajadores, existen otros datos que no resultan tan favorables como los de los accidentes de trabajo. La construcción es, sin ningún lugar a dudas, una de las actividades que mayor cantidad de accidentes de trabajo genera en relación al personal que desempeña tareas dentro de ella. No sólo sucede este fenómeno en la República Argentina sino que también se presenta en la mayoría de los países del mundo, sean estos industrializados o no, desarrollados o en vías de desarrollo, ricos o pobres.

En el caso de la Argentina, la accidentología se ve agravada por algunas características propias de la industria de la construcción, y en particular, toda vez que se deben considerar las responsabilidades que, en materia de higiene y seguridad, corresponden tanto al comitente como a los contratistas principales y/o subcontratistas.

Lamentablemente, es en los juicios laborales donde se observan las consecuencias de no asumir dichas responsabilidades, y son los jueces, en ausencias de contratos, los que fijan las sanciones, en forma simultánea, tanto para los contratistas como para los comitentes. Efectivamente, cabe recordar que de acuerdo con lo establecido en la normativa legal vigente, la responsabilidad de toda la problemática en materia de higiene y seguridad en el trabajo, recae en el Comitente o propietario de la obra (Art. 1º – Res. S.R.T. Nº 319/99). Dicha norma surge a raíz de algunos accidentes de trabajo ocurridos en grandes emprendimientos o desarrollos en donde no fue posible deslindar jurídicamente las mencionadas  responsabilidades. Ello fue así dado que, por primera vez, se nombran los términos Comitente y Contratista Principal en el año 1998 por medio de la Resolución S.R.T. Nº 35/98, haciéndolos responsables de elaborar un “Programa de Seguridad Único” para toda la obra.

Sin dudas, la accidentología en nuestra industria requiere la máxima atención de todos los profesionales involucrados.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarfebrero 17, 2020
habitat.jpg

5min146

En los últimos diez años presenciamos la consolidación de la plataforma digital como espacio donde mediamos nuestras acciones diarias. Las corporaciones que reconfiguraron el modo de consumir y prestar servicios, compañías como Airbnb a nivel global eliminaron  la brecha entre el propietario y el inquilino. Servicios nacionales como Zonaprop que aglutinan la oferta inmobiliaria y acercan al posible inquilino o comprador a un mercado completo al que antes solo podía accederse mediante distintas inmobiliarias en un trabajo lento y fragmentario de búsqueda.

En la actualidad, la brecha entre lo que queremos comprar y el tiempo que nos toma elegirlo y obtenerlo parece hacerse más y más fina. Decisiones que antes significaban un arduo planeamiento, hoy no implican más que unos segundos (alquilar un auto en cualquier ciudad, decidir en el día a qué hotel ir, en qué restaurante comer, trasladarse, etc.). Aplicaciones como Google maps o Waze redefinen nuestra forma de relacionarnos con el territorio.

El paradigma digital alcanzó tal nivel de credibilidad que ya no nos subimos a nuestro automóvil sin antes consultar con la aplicación cuál será el mejor camino. La transformación alcanzó su madurez y así como sucede en todos los ámbitos del mercado, estas acciones se reproducen en el rubro de la construcción, la venta y la planificación de viviendas.

Proyección a futuro

Sería interesante realizar un estudio transdisciplinario el cual permita apreciar nuestro objeto de estudio -la arquitectura- desde disímiles perspectivas. Pensar en sus puntos fuertes, habilitantes de una proyección a futuro y responsables de incrementar nuestra calidad de vida. Imaginar los espacios que habitamos es pensar en nuestra cultura, en el sentido antropológico del término, nuestros hábitos, ideas, necesidades. Es hablar, en buena medida, de nuestra mente y su proyección sobre la realidad.

No me cabe ninguna duda que la ciencia de la psicología puede (y debe) jugar un rol en todo proyecto arquitectónico. El arquitecto y/o diseñador será quien delimitará los diversos ambientes capaces de influir en los estados de ánimo de quienes ocupen dichos espacios, sin importar el destino de los mismos (usos privados, públicos o institucionales). Muchas veces se diseña sin tomar en consideración las “emociones”, “las características de personalidad”, “el tipo de cultura de origen” etc., de quienes ocuparán los espacios proyectados.

Aquí es donde podría cometerse el primer error…

Todo buen arquitecto, antes de comenzar cualquier proyecto, debe conversar detenidamente con los futuros moradores e intentar explorar sus expectativas, ahondando y prestándole especial atención a sus emociones. Así como es cierto que toda obra arquitectónica permite inferir los sentimientos que embargaban al autor en el momento de su creación, del mismo modo, resulta necesario que el proyecto definitivo de una obra permita reflejar la personalidad de los futuros ocupantes de la misma. Es decir, que ellos sientan que ese espacio es parte de ellos mismos.

¿Por qué razón?

Porque son ellos -y no el arquitecto- los que pasarán una parte importante de sus vidas en ese espacio…

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarfebrero 7, 2020
planificacion-de-obras.jpg

6min218

Planificación: “Plan general, metódicamente organizado y frecuentemente de gran amplitud, para obtener un objetivo determinado”.

La planificación de una obra de construcción constituye el conjunto de actividades tendientes a simular la realización de un trabajo, ordenándolo de la manera más económica posible y previendo todas las acciones para la ejecución del mismo. Una planificación contiene:

  • Un programa detallado del proceso de ejecución elegido.
  • Las necesidades de recursos físicos situados en tiempo y espacio.
  • La valoración del costo del proceso constructivo elegido.
  • Un plan de calidad.
  • Un plan de seguridad.
  • Un plan de control de producción.

Suma numerosas ventajas una buena planificación, como obligar al profesional proyectista a profundizar en los medios para realizar cada unidad, con la consiguiente ventaja en cuanto a la precisión de los precios y plazos, permitir una definición más exacta de los pliegos de condiciones, ajustar los presupuestos con menores posibilidades de variaciones posteriores, evitar retrabajos en la realización de la obra y lagunas en la identificación de actividades de tipo administrativo y aprovechar mejor los recursos disponibles, entre otras. Las fases presentes en la planificación de una obra de arquitectura son las siguientes:

  • Determinación de las cantidades de obra a realizar.
  • Elección de las tecnologías a emplear.
  • Determinación de la productividad de los recursos aportados.
  • Cálculo de los tiempos parciales.
  • Definición del encadenamiento entre los procesos.
  • Programa fechado.
  • Suma de recursos.
  • Determinación de los costos de los recursos.

El nivel de definición que necesita la obra

Un elemento diferenciador e imprescindible de toda planificación es la consecución de un fin determinado. Lo primero que debemos decidir cuando empezamos a planificar es el nivel de definición que necesita la obra. La definición queda acotada a los niveles de desglose en los cuales dividiremos las tareas. Evidentemente, no todas las obras necesitan ser definidas de la misma manera. Incluso, dentro de una misma obra, las tareas no tienen por qué mostrar un idéntico nivel de definición. Principalmente, el mismo resultará proporcional a la duración de la tarea. Establecido el nivel de definición, pasaremos a relacionar las tareas por orden cronológico, con sus subtareas igualmente relacionadas de manera temporal. Para ellos, realizaremos una tabla donde asignaremos los valores a controlar: Tiempos mínimos y máximos, inicio más temprano y tardío posible, número de operarios, presupuesto. Lo último a definir será el nivel de control. La planificación conforma una herramienta de trabajo, pero también, de control. El control será proporcional al nivel de definición del proyecto, pero también, lo será del nivel de exigencia impuesto.

Periódicamente, semanal o mensualmente, se realizarán puntos de control donde se compruebe el desarrollo de las tareas, los plazos invertidos y la concordancia con el presupuesto inicial. A cada tarea se le asignará un encargado de la revisión (quien además debe ser responsable sobre el criterio de aceptación, siempre dentro de la normativa correspondiente). Establecidos los tiempos óptimos de realización de cada una de las tareas, pasamos a identificar las interrelaciones entre las mismas. Luego, determinaremos el camino crítico, vale decir, la relación de las tareas cuyos retrasos alterarán los plazos totales de obra. Sobre esas tareas deberá maximizarse el control de los plazos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarenero 22, 2020
acuerdo-de-pago.jpg

6min197

Los gastos financieros que deben afrontar los contratistas de la industria de la construcción motivan que las formas de pago y los plazos para hacerlos efectivos yen su caso, el pago de anticipos, sean factores a los cuales los contratistas asignan significativa relevancia en el momento de fijar los precios de sus ofertas. En épocas de inflación esta circunstancia adquiere máxima importancia. La fijación de formas y plazos de pago razonables facilita la obtención de buenas propuestas; por oposición: formas y plazos de pago desusados generan sobreprecios desmedidos y pueden provocar la abstención de las empresas a presentar sus propuestas.

Por otra parte, se aconseja no dejar librado a los oferentes la propuesta de estos conceptos pues dificultaría la comparación y evaluación de sus ofertas en un plano de total igualdad.

Un instrumento vinculado con la forma de pago, usual en las obras privadas con buenos resultados, es el llamado “anticipo financiero”, por medio del cual el propietario adelanta al contratista determinadas sumas de dinero para facilitarle la gestión financiera, con lo que puede inclusive obtener una mejora en los precios cotizados.

Otro instrumento vinculado con la forma de pago, también usual en las obras privadas con buenos resultados y que puede contribuir a obtener mejoras en los precios cotizados es el “anticipo para la compra de materiales” mediante el cual el propietario adelanta al contratista determinadas sumas de dinero a los efectos de fijar el precio de la provisión y facilitar su gestión, anticipo que debe quedar amparado por una garantía a favor del comitente.

El procedimiento permite fijar el precio de la provisión si simultáneamente se establece que no se reconocerá modificación del precio de los materiales o provisiones que hubieren sido objeto de anticipo para su compra. La Sección 14 de todos los pliegos de condiciones de los contratos de construcción editados por el Consejo incluye disposiciones que implementan un régimen de anticipos para la compra de materiales.

Es sabido que la liquidación de jornales en la industria de la construcción se efectúa quincenalmente y en casos, semanalmente y que la compra de materiales acepta pagos diferidos en plazos cortos que a su vez originan pérdidas de descuentos y bonificaciones.

En base a ello se aconseja que, salvo casos especiales, los contratos de construcción dispongan liquidaciones y certificaciones mensuales y se recomienda a la DO diligencia en esta gestión ya sea en las medición de los trabajos realizados, revisión de las liquidaciones, emisión de los certificados y su elevación en tiempo y forma al propietario.

El cumplimiento de las obligaciones de pago contraídas por el propietario es condición casi excluyente para evitar atrasos o la suspensión de los trabajos por parte del contratista y asegurar la continuidad y terminación de la obra en condiciones normales.

Plazos de ejecución y planes de inversión

El plazo de ejecución de una obra tiene una marcada y directa incidencia sobre su precio, razón por la cual debe ser encuadrado dentro de términos técnicamente razonables e informado a los oferentes como un dato importante a ser tenido en cuenta para la preparación de sus propuestas. Una de las causas de incumplimientos en la construcción de las obras se origina en la fijación de plazos técnicamente inadecuados o de difícil cumplimiento, cosa que da lugar además a costos adicionales que pueden alterar la ecuación económico-financiera de la obra.

Cuando se estipulan plazos de ejecución más breves que los aconsejables según los estándares habituales, su cumplimiento además de requerir una perfecta programación y coordinación de los trabajos y gran eficiencia por parte de los contratistas, puede llegar a requerir la incorporación de equipos especiales, habilitación de turnos de trabajo especiales u horas extra y en casos y como efecto no deseado, puede dar lugar a la pérdida de calidad en la ejecución de los trabajos, especialmente en las terminaciones.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR



Auspician Sepa Cómo Instalar




Newsletter