Alejandrajulio 27, 2021
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5min9
 Escribe: Arq. Gustavo Di Costa
Editor de revista INSTALAR

 

Una edificación energéticamente eficiente es aquella capaz de minimizar el uso de las energías convencionales, en especial, aquellas no renovables. El consumo de energía (electricidad y gas), se manifiesta en la cantidad de watts o m3 utilizados para calefaccionar y/o refrigerar una vivienda en distintas épocas del año. La norma IRAM 11900-2010 establece una metodología simplificada para el cálculo de eficiencia energética de las envolventes de los edificios susceptibles de ser calefaccionados, otorgando una categoría de “eficiencia energética” en función de la transmitancia térmica de la envolvente del volumen. El coeficiente de transferencia de calor (K) indica cuál es la cantidad de calor que se transmite a través de un determinado material, por unidad de tiempo y por unidad de superficie. Cuanto menor es el valor de K, mayor es su capacidad de aislar el paso de calor o frío por conducción y convección, siendo más eficiente el sistema.

La transmitancia térmica sirve para calcular las necesidades de potencia del equipamiento energético (calefacción o aire acondicionado) de un ambiente. A través de ella, se determina la energía necesaria para mantener la diferencia de temperatura entre el interior de una edificación y el exterior. La transmitancia térmica expresa la aislación que ofrece el vidrio al paso del calor el cual, por conducción y convección superficial, atraviesa un acristalamiento en la unidad de tiempo, cuando entre la superficie exterior y la interior de la ventana existe una diferencia de temperatura.

Si dividimos 1 m2 de nuestra envolvente por la diferencia de temperatura entre sus caras, obtendremos el valor correspondiente a la transmitancia térmica, también llamado valor K. Este valor permite conocer su nivel de aislación térmica en relación al porcentaje de energía que lo atraviesa: Si el número resultante es bajo, tendremos una superficie bien aislada y por el contrario, si el número es alto, nos alerta de una superficie térmicamente deficiente. El valor K depende de la resistencia térmica de cada uno de los elementos constitutivos de la superficie (porcentaje en que un elemento se opone al paso del calor), y en particular obedece al espesor de cada capa y a su conductividad térmica (capacidad de conducir el calor de cada material).

Se puede observar que el vidrio de 4 mm tienen un valor K casi 4 veces mayor respecto de los elementos tradicionales (pared, mampostería, hormigón) y muy cercano a la chapa de zinc. Es decir, cada vez que se reemplaza 1 m2 de pared tradicional por 1 m2 de vidrio común, se cuadriplica la carga térmica de un edificio. Esto ocasionará un gran aumento de la cantidad de calefacción y/o refrigeración necesaria para acondicionar el ambiente. Variando el espesor de ese vidrio entre 3 y 19 mm, el valor de K cambiaría de 5.8 a 5.2 W/m2K, demostrando que, desde el punto de vista de la aislación térmica, es prácticamente insignificante. El valor K para un Doble Vidriado Hermético (DVH) con 12 mm de cámara equivale a 2,80 W/m2°K y para un DVH con vidrio Low-E de baja emisividad el valor K sería cercano a los 1,80 W/m2°K.

El factor K de los diferentes materiales permite llevar a cabo una comparación del aislamiento térmico ofrecido por cada elemento de la envolvente de una edificación y apreciar las ventajas de elegir un óptimo DVH para las ventanas, al lograr un 50% más de ahorro de energía respecto de un vidrio común.

 


Alejandrajulio 20, 2021
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6min32
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 

En el balance térmico de una edificación, las ventanas han sido consideradas como causantes de pérdidas netas de calor afectadas por la diferencia de temperatura interior y exterior. Es decir, que las ganancias incorporadas gracias al sol, son inferiores a las pérdidas. Para condiciones climáticas donde los inviernos son muy fríos es un argumento válido, sin embargo, para ciertas áreas del hemisferio sur con inviernos más templados, el balance podría ser diferente. Esta ganancia solar se aborda en el diseño y selección de ventanas, puertas y otros acristalamientos. Los principales inconvenientes del vidrio están relacionados con la falta de aislamiento térmico y el exceso de luz. Las bajas temperaturas de invierno son uno de los principales problemas técnicos del vidrio. La sensación de pared fría, pérdidas de calor y la condensación en su superficie, son consecuencia de la falta de un adecuado aislamiento térmico. Estas pérdidas de calor se producen a través de tres procesos: Convección, conducción y radiación.

Para comprender el comportamiento térmico del vidrio, y realizar el balance térmico (pérdidas y ganancias del calor), es importante tener presentes los siguientes mecanismos de transmisión del calor. Por su condición de sólido transmite el calor por conducción. Se define como el paso de calor de unas moléculas a otras dentro de la misma sustancia o varias puestas en contacto en el sentido de temperaturas decrecientes. Por su característica transparente, transmite el calor por radiación. Se define como el paso del calor desde un foco que lo produce en sentido radial, en todas direcciones y en línea recta, con la velocidad de propagación de la luz y transmitido a través del éter. En ambos casos intervienen fenómenos de convección superficial. Se define como el paso de calor de un punto a otro dentro de la masa de un fluido transportado por el movimiento de las moléculas del fluido, dicho movimiento se origina en las variaciones de densidad dentro del fluido receptor del calor. La pérdida de calor de una casa o edificio se produce en casi todas las direcciones. De acuerdo a los estudios efectuados, aproximadamente, el 35% del total de las pérdidas de calor se ocasionan a través de las aberturas y los vidrios. Evitar el ingreso excesivo de calor en verano e impedir que el calor procedente de los sistemas de calefacción escape hacia el exterior durante el invierno, son aspectos muy importantes durante la elección de los vidrios en una edificación. El exceso de radiación solar está vinculado al efecto invernadero que, al atravesar los infrarrojos solares el vidrio, calienta los materiales sobre los cuales incide (quienes, a su vez, irradian infrarrojos de mayor longitud de onda), convirtiendo al vidrio en una barrera, quedando atrapados los rayos en el interior de la construcción. Este fenómeno conforma un recurso energético beneficioso cuando se necesita calentar, pero resulta contraproducente cuando las condiciones interiores no lo necesitan. En la elección de la utilización de los distintos tipos de vidrios intervienen factores capaces de incidir directa e indirectamente, sobre la transmisión de calor a través del vidrio: El tamaño y la superficie vidriada (horizontal o vertical); el clima; la orientación solar de las fachadas; el destino y modalidad de uso del edificio; los dispositivos de sombreado (exteriores o interiores).

Para encontrar la forma de minimizar la pérdida de energía, es necesario disponer de elementos de medición los cuales permitan cuantificar los consumos energéticos y así brindar una solución. Para ello, se dispone de dos índices: El denominado coeficiente de transmitancia térmica (K) y el coeficiente de sombra (CS). Ambos son ampliamente usados en la industria, al posibilitar medir las ganancias o pérdidas de calor a través de distintos materiales y elementos constructivos.


Alejandrajunio 29, 2021
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6min67
Escribe: Arq. Gustavo Di Costa
Editor de revista INSTALAR

 

Si el espacio a diseñar se ubica sobre napas freáticas altas o posee un horizonte edáfico de baja permeabilidad, debe diseñarse un buen sistema de drenaje. Asimismo, si la intensidad de las precipitaciones es superior a la velocidad de infiltración de la superficie, y el volumen sobrante de agua no es debidamente canalizado, la escorrentía puede causar daños al suelo por erosión o arrastre de semillas, y al sistema radicular de las plantas de un jardín por anegamiento. Una red de desagüe conforma un sistema de canalizaciones, absorbedores y conexiones, el cual recoge el volumen de agua residual y le brinda salida de forma contralada. Este conjunto de elementos canaliza el agua hacia un colector principal que puede conformarse mediante un sistema de zanjas excavadas (impermeabilizadas o no), construidas con un pequeño desnivel para facilitar el flujo del agua. El colector principal puede materializarse con un sistema de tubos de PVC o mangueras tipo poliducto. El caudal de agua excedente es canalizado hasta el lugar de utilización o almacenamiento o hacia la red de desagüe municipal. Es importante tener en cuenta la pendiente de escorrentía de todas las superficies pavimentadas, y de ser posible, el sistema debe diseñarse de tal forma que el agua circule por gravedad.

En zonas ajardinadas, con el objetivo de ahorrar agua, los líquidos pluviales pueden ser derivados mediante canaletas y pendientes hacia las superficies de suelo permeable, de acuerdo con los requerimientos hídricos de cada hidrozona. La reutilización de aguas grises (residuales no cloacales) o blancas (pluviales) para riego es una excelente alternativa de aprovechamiento del recurso. Esto conlleva a la creación de una red de almacenamiento, distribución y riego diferente de la actual de agua potable, por esto, su denominación de “fuente alternativa”. Los sistemas de drenaje pueden constar de tuberías de drenaje, zanjas con material drenante o una combinación de tuberías y zanjas, denominados sistemas mixtos. Las tuberías de drenaje permiten el ingreso del agua por medio de una abertura y ésta luego circula por acción de la gravedad hacia los sectores de recogida. La infiltración del agua a la tubería se da a través de ranuras o poros. El ranurado puede ser total o parcial, dependiendo de su extensión a lo largo de la tubería. El empleo de tubos corrugados le otorga mayor rigidez al sistema. Otro factor el cual aumenta la rigidez son las tuberías de pared doble, mientras que una pared simple otorgará flexibilidad y mayor adaptabilidad a la configuración del terreno en la instalación. Generalmente, se utilizan tuberías corrugadas de doble pared en drenajes profundos, mientras que, si el sistema de drenaje se ubica en los dos metros de profundidad, suelen prescribirse tuberías lisas de pared simple.

Al igual que en los sistemas de riego, el material más comúnmente empleado en los esquemas de drenaje es el Policloruro de Vinilo no plastificado o PVC-U. También se disponen tuberías de polietileno perforado, polipropileno, hormigón poroso o arcilla, estos últimos en menor medida. Al instalar una red de drenaje interna debe considerarse la profundidad de las tuberías, la disposición y el espaciado entre tubos, la pendiente del terreno y su longitud, más el diámetro de las cañerías. Con relación al diámetro, este va de los 50 a 600 milímetros, siendo frecuente el intervalo de 100 a 400 milímetros en el PVC. El diámetro aumentará a mayor jerarquía del colector. Como se puede observar, el Policloruro de Vinilo o PVC es un material muy común en sistemas de riego y desagüe. Las tuberías de PVC son ampliamente consideradas para este tipo de sistemas, ya que además de su gran versatilidad, son duraderas, no requieren mantenimiento y ofrecen un muy bajo costo de instalación. Es un material ignífugo y si cuenta con filtro UV como aditivo, son resistentes a la intemperie. En el caso del riego subterráneo por goteo, el filtro UV no es necesario. Es un material resistente a la abrasión, con alta resistencia mecánica y al impacto, aspecto que le otorga una prolongada vida útil y disminuye los riegos de pérdidas de agua por deterioro del sistema. Es estable e inerte, por lo tanto, el almacenamiento o circulación de agua en contacto con este material es seguro.


Alejandrajunio 18, 2021
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5min114
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

Los sistemas de riego por gravedad, o por aspersión y difusión, son grandes consumidores de agua. Estos se utilizaban tradicionalmente para el riego de jardines o espacios con mucho césped. Con la creciente necesidad de disminuir el consumo de agua, fueron proliferando sistemas de riego localizado. Tanto el riego localizado en superficie como el riego subterráneo por goteo conforman técnicas más eficientes en el uso de agua, ya que el emisor se encuentra muy cercano a la planta, y por ello, reduce el volumen de agua suministrada. Asimismo, ambos sistemas permiten la reutilización del agua residual, evitando así el consumo de agua potable.

El riego localizado en superficie es un sistema muy eficiente con la única desventaja de que al no ser debidamente oculto por material vegetal puede alterar la estética del jardín. Para evitar este problema, además del material vegetal, puede emplearse algún tipo de cobertura para ocultarlo. Un elemento muy utilizado son los chips de madera. El material de cobertura también favorece la retención de humedad en el suelo y reduce la evaporación. El riego subterráneo por goteo no presenta una problemática estética, ya que las mangueras se encuentran enterradas, conformando al mismo tiempo, un sistema sumamente eficiente. El aporte de agua se da muy próximo al sistema radicular, por ello reduce al mínimo la pérdida de agua por evaporación o escorrentía. Las instalaciones requieren poco mantenimiento y al permanecer enterradas, se encuentran protegidas de la radiación ultravioleta, minimizando el riesgo de pérdidas por fisuras, fallas o deterioro. La única desventaja es que este tipo de sistema de riego puede requerir una inversión inicial un poco más elevada por la necesidad de enterrar la instalación y de diseñar una red de riego mallada.

El jardín puede dividirse en hidrozonas, agrupando especies en áreas con escasa necesidad de riego, zonas con necesidades moderadas, y aquellas con demandas elevadas. Así, se podrá instalar un sistema de riego diferenciado por hidrozona, donde cada grupo de especies reciba la cantidad justa de agua necesaria. Otro aspecto para tener en cuenta dentro del sistema de riego, lo conforman los puntos donde se producen pérdidas. Estos puntos de pérdidas se suelen dar tanto en la distribución del líquido como en los emisores de riego, y pueden deberse a fugas en las tuberías o canales, o fallos en las uniones por una presión de agua excesiva. Para evitar este problema, las redes presentarán un adecuado mantenimiento y conservación.

Los componentes de un sistema de riego varían según el jardín y el estilo del paisajista responsable del diseño, pero pueden distinguirse algunos elementos siempre presentes. Por ejemplo, todo sistema de riego contará con una conexión de la red al suministro de agua. El material del cabezal de riego o bocatoma, donde se origina la toma de agua, suele ser materializada en polietileno y PVC. El cabezal también puede incluir un manómetro, válvulas y un contador volumétrico, si se desea cuantificar el consumo del sistema. La disposición de la red de distribución será diseñada cuidadosamente para asegurar el transporte adecuado. Una distribución con presión excesiva podría dañar las instalaciones. La carga de partículas también puede causar un daño a las instalaciones al obstruir o corroer las tuberías, por tal motivo, se utilizan materiales resistentes a la abrasión y corrosión. Los más comúnmente empleados son el policloruro de vinilo (PVC) y el polietileno de alta densidad (HDPE). Ambos materiales son muy maleables y de fácil instalación, posibilitando la realización de sistemas de riego sencillos y económicos.


Alejandramayo 26, 2021
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4min126
Escribe: Arq. Gustavo Di Costa
Editor de revista INSTALAR

 

La calidad de vida, principalmente en los grandes núcleos urbanos, está estrechamente ligada a la superficie del espacio verde público disponible por habitante. Según la Organización Mundial de la Salud, las áreas verdes ofrecen un impacto positivo en el bienestar ciudadano, al mejorar la salud mental, promover la actividad física y minimizar la exposición ante contaminantes ambientales. Pero nuestro bienestar no solo depende de la cercanía a esos espacios verdes donde oxigenarnos y recrearnos, sino también, en mayor medida, de la disponibilidad del agua para consumo humano. El aumento de las actividades económicas, el crecimiento poblacional y la inminente crisis climática, hacen que la gestión eficiente y sostenible de este recurso finito resulte indispensable.

El uso de agua para riego es una de las actividades con mayor demanda a nivel mundial. El gran consumo hídrico de los espacios verdes se debe, no solo al aumento de la superficie, sino también, al enfoque en el diseño de esos espacios. Por ejemplo, árboles y arbustos nativos fueron sustituidos por cubiertas de césped, un material con una elevada demanda de riego. En los últimos años, y ante la problemática del consumo de agua, varios profesionales del sector se avocaron al desarrollo de tecnologías de riego eficiente. Asimismo, se verifica una tendencia creciente al uso de especies las cuales se adecuan a ambientes secos o con períodos de sequías, alejándose de los modelos tradicionales de jardinería con especies ornamentales cuyos requerimientos hídricos son superiores a lo deseable.

La ciudad de Buenos Aires es una de las capitales del mundo con menor superficie de espacios verdes por habitante. Para revertir esta tendencia, es necesario aplicar un riguroso proceso de planificación urbana, acompañada por un estilo de diseño innovador capaz de evitar que los espacios verdes públicos se conviertan en grandes consumidores de agua y compitan por un recurso conflictivo para la ciudad. Asimismo, una buena planificación incluye la recopilación de datos, como la distribución e intensidad de las precipitaciones y la determinación de las condiciones ambientales de los espacios a trabajar. Muchas veces el fácil acceso al riego artificial hace que el análisis de las precipitaciones no resulte ser un factor determinante de las especies vegetales a utilizar.

Las problemáticas surgidas en un espacio verde, en relación con la disponibilidad de agua, son tanto la escasez en función de la demanda de los cultivos como un exceso del líquido por drenaje inapropiado. Las inundaciones no solo alteran la experiencia visual del paisaje y la posibilidad de un aprovechamiento recreativo del espacio, sino que además, dañan a los cultivos y deterioran el suelo. En regiones con una marcada estacionalidad y períodos de sequía, la aplicación de técnicas de captación y aprovechamiento del agua de lluvia se torna más necesaria. Junto con un sistema de riego eficiente, la captación y drenaje conforman aspectos esenciales de la gestión del agua en los espacios verdes.


Alejandramayo 19, 2021
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3min105
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 

La función es transportar agua, ya sea para abastecer un determinado lugar o para quitar el sobrante, y que por ejemplo, no se inunden en una tormenta. Los materiales más utilizados para la conducción de agua son: PRFV, PVC, polipropileno y polietileno (PEAD). El PRFV es un material compuesto, formado por una matriz de plástico o resina reforzada con fibras de vidrio. Se trata de un material ligero, resistente y fácil de moldear, por lo que es muy usado en la elaboración de piezas de formas suaves y complejas. El punto fuerte de las resinas plásticas es la carga a la compresión; el de las fibras de vidrio, es la resistencia a la tracción. Soporta muy bien tanto las fuerzas de compresión como las de tracción. Se trata de un material altamente duradero, de extensa vida útil. Por su parte, el PVC se está utilizando con más frecuencia, debido a su bajo costo. Sirven para transportar agua a alta presión y podemos encontrar una gran variedad de diámetros. No deben utilizarse para transportar agua caliente, ya que los materiales de su composición podrían sufrir deformaciones. Presenta un alto poder aislante. Es muy ligero para transportar, su instalación es sencilla, ofrece una gran durabilidad, resiste la abrasión y es flexible. El Polipropileno es el segundo plástico sintético más utilizado en todo el mundo. Comparte muchas características con el polietileno y sus propiedades más importantes son: Es un material liviano, de poca densidad, posee una estructura cristalina con mayor resistencia mecánica, es un excelente aislante eléctrico, de baja absorción de humedad, por esta razón, no se daña con el agua, se puede aplicar con altas temperaturas y es muy resistente a la corrosión. El Polietileno es químicamente el polímero más simple. Es uno de los plásticos más comunes debido a su bajo precio y simplicidad de fabricación, lo cual genera una producción de, aproximadamente, 80 millones de toneladas anuales en el mundo. Es químicamente inerte. Se obtiene de la polimerización del etileno del cual deriva su nombre. Es un material termoplástico que podemos encontrar en numerosos productos cotidianos como una bolsa, un envase, el pomo de una puerta, o inclusive, nuestro celular. Su superficie es blanda y rayable, resulta tenaz y flexible a temperaturas ordinarias.


Alejandramayo 3, 2021
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5min226
Escribe: Arq. Gustavo Di Costa
Editor de revista INSTALAR

El principio general de funcionamiento de las membranas reflectivas consiste en crear cámaras de aire cerradas y mejorar su capacidad aislante con la reflectividad. Históricamente, las cámaras de aire han sido empleadas para mejorar el aislamiento de los cerramientos, el aire es un excelente aislante, sin embargo, presentan transmisión de calor por radiación. Sobre este último punto, actúan los aislantes reflectivos. La reflectividad en las cámaras de aire disminuye la mayor parte de la transmisión de calor por radiación. Por sus características mecánicas, las membranas reflectivas permiten construir cámaras de aire de un modo económico y efectivo, mejorando la eficiencia aislante del sistema. A diferencia de otros materiales aislantes, los cuales solamente actúan sobre una única forma de transmisión de calor: la conducción; las membranas reflectivas aplican sobre dos formas de transmisión: En menor grado la conducción y principalmente la radiación. Por esa razón, la forma óptima de colocarla es justamente aprovechando su efecto sobre la radiación. Esto se logra formando cámaras de aire o enfrentando espacios de aire. Las membranas reflectivas son impermeables al agua, no son afectadas por la humedad y conservan su poder aislante, actuando como barreras de vapor. Dentro del grupo de las membranas reflectivas existen dos tipos de productos principales: Los constituidos por espuma de polietileno y los de burbuja. Las membranas reflectivas de espuma de polietileno cuentan con una estructura de celdas estancas con aire en su interior. Estas celdas hacen que el material sea aislante térmico, así como también, elástico y fácil de manipular. La espuma de polietileno se comercializa en distintos espesores: 2, 5 y 10 mm y tiene incorporada en una de sus caras un film de polietileno con protección contra los rayos ultravioletas. La aislación térmica está dada por masa y por reflexión: La espuma de baja conductividad térmica otorga una efectiva aislación térmica por masa, siendo totalmente impermeable y comportándose como barrera de vapor. La cara de aluminio puro refleja el calor radiante de la cubierta en verano y conserva el calor interno en invierno, dada su baja emisividad. La colocación solapada permite una perfecta continuidad en la aislación.

Una membrana reflectiva de burbuja de polietileno conforma un aislante térmico e hidrófugo reflectivo con burbujas de aire encapsuladas con aluminio puro. Puede ser colocado como aislación bajo piso, sobre muros de mampostería, bajo chapa en tinglados, galpones etc. También se lo utiliza para revestir conductos de aire acondicionado. Debe colocarse en cualquier caso con la cara de aluminio hacia arriba. Es recomendable solapar 5 cm entre sí y sellar con cinta de aluminio. Previene el ingreso de calor en verano y la pérdida de temperatura en invierno, con el consiguiente ahorro de temperatura. Las membranas reflectivas de burbuja se componen de un colchón de burbujas de aire encapsulado en polietileno, de muy eficiente coeficiente de conductividad, lo cual confiere una característica adicional como aislante térmico de masa.

Poseen como característica que son impermeables y se comportan como barrera de vapor (∆=0.013g/m2.h.hPa.). La diferencia entre burbuja y espuma está dada en la cantidad de material utilizado para su fabricación. Las membranas de espuma requieren más materia prima. Ambos presentan resistencias térmicas similares. La espuma se mide por el espesor (5 mm o 10 mm) y la burbuja por su diámetro de aire (10 mm o 30 mm). Las membranas de espuma están fabricadas con una espuma de polietileno de baja densidad, con estructura de celda cerrada. Dicha celda contiene aire estanco, mientras que las membranas de burbujas están formadas por dos láminas de polietileno de baja densidad y burbujas de aire encapsulado adheridas entre ellas, producido en una sola operación de termosellado. Ambas utilizan el aire de diferentes maneras, para lograr una baja conductividad térmica.


Alejandraabril 14, 2021
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6min150
Por el Arq. Gustavo Di Costa
Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR

 

Aislar térmicamente una vivienda consiste en lograr aumentar su resistencia a las pérdidas de frío o calor, lo cual se consigue incorporando materiales aislantes, como una buena instalación de los mismos. Los beneficios en el aislamiento térmico son varios: Uso eficiente de energía y ahorro en los costos; mejoras en el impacto al ambiente, generando un consumo de energía más responsable; mejoras en el control de humedad y condiciones de salubridad y protección estructural de la construcción. Cuando se busca aislar un ambiente, en realidad, se pretende disminuir la transferencia de calor, del interior al exterior en invierno y del exterior al interior en verano. Será un buen aislante, por lo tanto, todo aquel que disminuya el escape de calor en invierno y el ingreso de calor en verano. Para aislar correctamente es necesario saber que el calor se transfiere de distintas maneras: Por radiación, por conducción y por convección.

La radiación es el pasaje del calor desde un material con mayor temperatura hacia el material a menor temperatura, mediante la emisión de rayos caloríficos o infrarrojos. Este fenómeno ocurre cuando existe un espacio o separación entre los dos materiales que se encuentra a distinta temperatura. El caso más claro es el del Sol, que por radiación entrega su calor a nuestro planeta. La energía calorífica pasará de un cuerpo caliente que emite a un cuerpo frío que absorbe. Diversos colores y texturas permiten entregar mayor cantidad de calor por radiación. Son, en general, las superficies opacas y rugosas las que emiten mayor radiación. Esta relación entre la radiación y el tipo de superficie se extiende también al material receptor de los rayos. Si el material frío presenta una superficie espejada, parte de los rayos caloríficos serán repelidos o reflejados, dificultando la transferencia de calor.

Se habla entonces, en la transferencia de calor por radiación, de las propiedades de las superficies de los cuerpos. Allí surge el concepto de emitancia, vale decir, la propiedad de las superficies de emitir radiación. Es así como las superficies de alta emitancia transfieren el máximo posible de calor radiante según su temperatura. Es el caso, por ejemplo, del hierro fundido color negro de la salamandra. Al contrario de lo anterior, los de baja emitancia son las superficies que transmiten un mínimo de calor por radiación, como es el caso de los films de aluminio brillante. Normalmente, las superficies de baja emitancia también reflejan, en alto grado, la radiación (reflectividad). Si se quiere evitar la pérdida o ganancia de calor por radiación, una superficie reflectiva es adecuada. Es decir, dificultar al cuerpo caliente (emisor) la transferencia de rayos caloríficos. La radiación se manifiesta de manera visible (luz) o invisible. Justamente, la radiación que más calor transmite, es la infrarroja que es invisible. Este fenómeno sucede en el interior de techos y muros.

Otro ejemplo ocurre en los envases para conservar líquidos a temperaturas bajas o altas. Los termos donde dos botellas de vidrio, espejadas están una dentro de otras separadas por un espacio donde la forma importante de transferir calor es la radiación. Al ser las superficies reflectivas, y por ende, de baja emitancia se consigue mantener el líquido interior a una temperatura distinta respecto de la del ambiente por mucho tiempo.

Finalmente, la radiación, es decir, la forma de transferir calor por medio de rayos caloríficos a través del aire, normalmente, va acompañada por la conducción de calor a través de las moléculas de ese mismo aire. Como se vio al analizar la conducción, el aire es mal conductor del calor, buen aislante, pero sin duda, lo conduce. Cuanto menor es el espesor de ese espacio de aire, mayor será el efecto de conducción. El fenómeno de la transmisión de calor por radiación y la influencia del tipo de superficie, se puede apreciar en las cámaras de aire de los techos. En esos espacios, la radiación es protagonista para transmitir el calor.


Alejandramarzo 31, 2021
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5min178
Escribe: Arq. Gustavo Di Costa
Editor de revista INSTALAR

 

Techos y cubiertas son áreas muy expuestas a las inclemencias del tiempo. Deben responder adecuadamente a diversas situaciones dadas por las condiciones bioclimáticas de su localización: Los cambios de temperaturas, los rayos UV, la fuerza del viento y la lluvia, granizo y nieve. Para poder cumplir correctamente su función; cubrir y mantener protegido el interior de la construcción, el techo debe mantenerse aislado del exterior. Para tal fin se utilizan distintos tipos de barreras al agua y al viento. En techos con cubiertas conformadas por pequeños elementos, como por ejemplo las tejas, se utilizan diferentes materiales aislantes. Al referirnos al techo, podemos decir que se trata de un conjunto de elementos que cubren y cierran la parte superior de una edificación. Es un componente fundamental de la obra; el cual protegerá al resto de la construcción de los factores climáticos que suceden en el exterior. Por tal motivo, al momento de materializar el techo, es muy importante tener en cuenta las mejores prácticas constructivas previendo en el armado inicial la práctica constructiva y los materiales adecuados. Esto es importante porque los errores cometidos en la etapa de proyecto, ejecución o mal uso de los materiales tendrá como resultado patologías que pueden ser complejas de solucionar y se pueden evitar desde el inicio. Analicemos un techo de madera con una cubierta de tejas observando cómo se relacionan sus distintos componentes y las características de los diferentes materiales aislantes.

La cubierta es la parte exterior del techo. Su función es canalizar las aguas pluviales, es la principal barrera hidráulica y de protección mecánica frente a la lluvia, viento, nieve, granizo, etc., También, brinda una terminación a la construcción, incluyendo aspectos estéticos.

Actualmente las posibilidades de cubiertas de construcción son muy numerosas y cada una ofrece sus ventajas y desventajas. Se distinguen dos tipos principales de cubiertas: Las cubiertas inclinadas y las cubiertas planas. No obstante, dentro de esas dos categorías existen variaciones según sus materiales y formas. Para la fabricación de cubiertas se pueden emplear distintos materiales como: Zinc, paneles sándwich o chapas de acero galvanizado entre otros. Dependiendo del material empleado, se pueden arribar a distintas formas de las cubiertas. Si estudiamos una cubierta conformada por tejas estamos hablando siempre de una cubierta inclinada. Se considera que una cubierta es inclinada cuando su pendiente es superior al 10%. Este tipo de cubierta se compone por planos inclinados que se denominan faldones. Dependiendo del número de planos de evacuación de agua de lluvia o faldones, las cubiertas pueden ser: A un agua, a dos, a cuatro aguas, etc.

Existen una serie de aspectos importantes a tener en cuenta para el diseño y la construcción de un techo. Dependiendo del clima donde se encuentre serán convenientes unos materiales u otros. En las zonas con climas húmedos, con altas precipitaciones, son fundamentales los materiales impermeables que no resulten afectados por el agua y se deterioren fácilmente. En zonas con climas secos donde se produce poca lluvia y mucho sol debe tenerse en cuenta el efecto de los rayos UV sobre los materiales y enfocarse en aislar el calor exterior. También el límite económico conforma un factor importante. El hecho de utilizar los mejores materiales no garantiza un buen resultado. Es necesario estimar distintos factores para construir el techo con la cubierta indicada para cada obra. Analizar las características climáticas de la zona, llevar a cabo una correcta elección de los materiales y utilizar las técnicas de construcción, evitarán futuros inconvenientes y gastos innecesarios.


Alejandramarzo 26, 2021
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4min230
Escribe: Arq. Gustavo Di Costa
Editor de revista INSTALAR

 

Solo mediante el necesario análisis de las permeabilidades de todas las capas dispuestas en el techo, será el único modo de colocar una efectiva barrera de vapor. Existen distintos elementos y materiales, como las chapas de acero, por ejemplo, que constituyen perfectas barreras de vapor, cuyo empleo introduce modificaciones en el flujo del vapor que sólo pueden ser controladas a partir de un análisis de la condensación.

Hemos recomendado en anteriores Editoriales la verificación de la Norma IRAM 11625, como un aspecto básico y elemental. Ahora bien, existen situaciones y soluciones constructivas que no cumplen con esta Norma, y sin embargo, funcionan perfectamente. Para que resulte sencillo su empleo, se han adoptado hipótesis restrictivas que, en algunos casos, conducen a la no verificación de soluciones válidas. Un ejemplo de lo mencionado es el hecho de que la Norma IRAM 11625 plantea un modelo de temperaturas estacionarias (constantes), lo cual no resulta valedero, y su consideración permitiría ajustarse más a la realidad. Existen Normas en otros países que permiten esa consideración, e incluso, presenta mínimas condensaciones en el modelo. Evidentemente esos análisis son más sofisticados y requieren una profundización que dificulta su empleo por todos parte de los profesionales. Ello no significa restar valor a la Norma IRAM 11625, al contrario, la mayoría de los casos en que una solución no la verifica, son soluciones inadecuadas. Sólo en aquellos estudios donde las condensaciones resultan ser mínimas y los materiales donde se produce no son afectados por la humedad y existen además posibilidades de secado en el verano, vale la pena el esfuerzo de plantear el modelo de temperaturas variables, si es que se disponen de los datos suficientes. En efecto, si bien otros métodos son más precisos y más laboriosos, algunos requieren datos los cuales normalmente no se encuentran disponibles en nuestro país para todas sus localidades.

Podemos concluir en diversos puntos: Las barreras de vapor son necesarias a fin de evitar condensaciones en el interior del ambiente. Este factor podría provocar goteo, humedades por condensación, entre otros problemas. La instalación de una barrera de vapor es elemental a fin de mantener la durabilidad de los materiales utilizados en los techos, y en efecto, en la totalidad del techo. Un techo expuesto al vapor resulta débil y habilita a un mayor deterioro en menor tiempo. Es necesario realizar un análisis detallado respecto de las temperaturas de la zona donde se implantará la construcción, a fin de seleccionar el correcto material para la barrera de vapor a utilizar.

El tratamiento del vapor permanece estrechamente ligado al acondicionamiento térmico, dado que, si la construcción no posee una buena aislación térmica, son elevadas las posibilidades de generar condensaciones superficiales e intersticiales, toda vez que la brecha entre temperatura interior y exterior resulte considerable.



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