Sepa Cómo Instalaragosto 5, 2019
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El hombre, a lo largo de su historia, ha puesto especial énfasis en el arte de construir. La historia de la arquitectura nos muestra cómo fue adquiriendo conocimientos, técnicas, habilidades y experiencias, desde las más rudimentarias a las más complejas. En este proceso de aprendizaje, el hombre comprendió que “la idea” (el proyecto) debía ser muy bien pensada, estudiada y desarrolla en plenitud, para que cuando se materializara “la obra” (construcción) pudieran satisfacerse las expectativas y necesidades de quien o quienes la habían encomendado. Debió estudiar materiales y desarrollar otros. Aprendió a planificar las obras y analizar distintas técnicas constructivas, a fijar tiempos de ejecución y optimizar los recursos. Además, la actividad de la construcción demanda del trabajo de muchísimas personas, entonces, surgió la necesidad de que alguien -suficientemente idóneo y capaz- asumiera la dirección o gerenciamiento, con la función de equilibrar el empleo de los recursos y coordinar las actividades de los participantes, a fin de lograr un óptimo resultado.

El hombre, por medio del ingenio y de las técnicas desarrolladas en consecuencia, creó sistemas para disminuir el esfuerzo físico e incrementar la velocidad en la ejecución de las diversas tareas. La era industrial, la aparición de la máquina, el avance científico y tecnológico, la creación de nuevos materiales, la disponibilidad de recursos económicos, el crecimiento de la población demandante de una mayor cantidad de bienes y servicios, y entre otros muchos, el estudio y la capacitación en forma masiva en todas las áreas del conocimiento, modificaron sensiblemente a la industria de la construcción.

Esta breve reflexión tiene por objeto plantear qué ha ocurrido en el proceso de producción de una obra -y paradójicamente- qué aspectos no se han modificado con el paso del tiempo.

Quien encomienda a un profesional una obra tiene como objetivo principal obtener un buen edificio, el cual satisfaga sus necesidades, expectativas e interés económico. En particular, dicho comitente encargará su realización, si comparando el valor de plaza y el costo total de obra del edificio, se colman sus expectativas en cuanto a la ecuación costo-beneficio.

Un edificio es uno de los pocos productos de la actividad del hombre cuyo precio, calidad, plazo de ejecución y otras características especiales, deben establecerse antes de su ejecución material. A diferencia de los productos industriales, donde el precio se determina después de elaborado el mismo, en el caso de las obras de arquitectura se debe establecer anticipadamente.

Entonces, se deberá partir de un proyecto el cual permita establecer un correcto diseño del producto, con toda la documentación gráfica presente en su contenido -con exactitud y detalle de todas las características generales y particulares del edificio a construir-, en el todo y en cada una de sus partes. Un pliego de especificaciones técnicas claro y preciso, permitiendo conocer con la mayor exactitud posible, la calidad del producto. Un presupuesto responsable de detallar y analizar, con amplio criterio, los costos directos e indirectos. Una programación y planificación de la producción llevada a cabo con profesionalismo y experiencia, la cual acote las tareas a realizar y sus interrelaciones, con fin de conocer, entre otros, el plazo total de la obra, los trabajos críticos, el personal y/o subcontratistas necesarios, las fechas tempranas y tardías en la disponibilidad de los materiales y equipos.

De todo lo expuesto, y únicamente habiendo citado algunos temas a modo de llamado de atención, dentro de un vasto universo, la actividad de la construcción le ha permitido al hombre administrar con mayor eficiencia su recurso más importante: “El tiempo”, y que paradójicamente, ello lo ha logrado pensando para tener más tiempo para pensar. Así mismo, y como consecuencia, disponer de más tiempo para pensar potencia la etapa de proyecto y planificación. Desde el punto de vista económico, esto se ha traducido, a lo largo de los años, en una disminución paulatina de costos y una mayor productividad.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarjulio 29, 2019
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La escasa envergadura o simplicidad de un encargo profesional no es motivo suficiente para omitir la redacción y firma de contratos. Tampoco lo es el conocimiento o familiaridad que pueden vincular al cliente y su arquitecto. La gran ventaja de los contratos es que lo escrito permanece, mientras que lo acordado informalmente puede ser olvidado o mal interpretado, razón por la cual resulta aconsejable que el comitente suscriba con su arquitecto un convenio escrito, con un claro detalle de las obligaciones de cada parte, resguardando de esta forma los derechos de ambos.

Los honorarios por los servicios de un arquitecto deben ser considerados como una sensata inversión, entre otras, por las siguientes razones: Primero, un proyecto bien concebido permite lograr sensibles economías, tanto en su construcción como durante su vida útil, pudiendo ser materializado evitando improvisaciones e imprevistos, responsables de prolongar -innecesariamente- el lapso de construcción y originar costos adicionales. En segundo lugar, un buen diseño y construcción aportan valor agregado al proyecto, conjuntamente con una mayor cuantía inmobiliaria para una propiedad, más clientes para un comercio, mayor productividad en los lugares de trabajo.

Cabe consignar que los honorarios profesionales deben retribuir la capacitación, creatividad, dedicación y responsabilidad del arquitecto; la labor de los profesionales y personal técnico necesarios para cumplir el encargo; y otros conceptos como amortización y gastos generales del Estudio, gastos directos, movilidad, seguros e impuestos.

El Decreto-Ley 7887/55, la Resolución de la Junta Central de los Consejos Profesionales de Arquitectura, Ingeniería y Agrimensura del 12/04/1977 y la Resolución del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) del 02/05/2006, establecen que los honorarios del arquitecto desempeñando el rol de Director de proyectos y/o Director de obra, en obras que comprenden estructuras e instalaciones, resultan de la suma de los honorarios por proyecto y/o dirección de las obras de arquitectura, según lo dispuesto en el artículo 50 inciso 1) del Arancel Profesional, más los honorarios por proyecto y/o dirección de las obras de estructuras e instalaciones comprendidas en las primeras, según lo dispuesto en el inciso 2) del mismo artículo, con deducciones del 20% en el primer caso y del 7% en el segundo.

Los citados honorarios son de aplicación siempre que no se haya pactado otra situación, ya sea que el arquitecto contrate profesionales externos a su Estudio, que las tareas sean llevadas a cabo por profesionales de su Estudio o que las desarrolle personalmente, siempre bajo su coordinación, dirección y control, ya que es responsable del trabajo en su conjunto.

Se aclara que la desregulación de los honorarios, vigente desde el año 2001, permite acordar los mismos mediante otros procedimientos, escalas y tasas a convenir libremente entre las partes. El Arancel Profesional también establece que el comitente deberá abonar los gastos especiales originados con motivo de consultas con especialistas, presentaciones especiales, retribución de sobrestantes, viáticos y otros gastos extraordinarios no comprendidos en los honorarios del arquitecto.

Solo respetando los mencionados alcances trabajaremos sobre la base de relaciones sanas entre el Arquitecto y su Comitente.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarjulio 22, 2019
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Transitamos una sociedad cada vez más competitiva, donde las empresas constructoras deben poner sus  mejores esfuerzos para motivar y captar clientes. Para lograr dicho objetivo, incorporan tecnología, analizan costos, se ocupan de la calidad de las obras e intentan aproximarse -lo más posible- a aquello demandado por los clientes, enfrentándose a otras empresas competidoras. Ante el escenario descripto, vale señalar que muchas empresas no alcanzan índices básicos de competitividad. Definimos competitividad como la capacidad de desarrollar servicios profesionales y obras cuyos ingresos permanezcan por encima de los costos totales -y en paralelo- produzcan resultados adecuados para sus clientes. Hoy es necesario incorporar herramientas gerenciales al sector, así como sumar tecnologías las cuales permitan construir más obras a menor costo y con mayor calidad.

En la medida en que el mercado de la construcción se torna más competitivo, es necesaria una capacitación adicional a la tradicionalmente demandada por los profesionales del sector. Las empresas que pretendan competir en el entorno descripto, deberán estudiar y analizar el mercado, estratégica y tácticamente, definir un plan de acción, difundir y preparar a la empresa para que sostenga el plan con su trabajo específico. Deberán, además, seleccionar los segmentos objetivos del mercado, diseñar propuestas de servicios y productos alineados con dichos segmentos e instrumentar los procesos necesarios para realizar las obras dentro de los costos y tiempos previstos, sosteniendo una sana relación con los clientes durante la totalidad del proceso.

El mercado de la construcción sufrió radicales transformaciones, y esos cambios son irreversibles y estructurales. La demanda se ha fraccionado en segmentos con particulares necesidades y exigencias, los clientes han cedido su espacio protagónico a las empresas, instituciones e inversores profesionales, y ellos requieren de interlocutores capacitados técnicamente para interpretar sus necesidades y plasmarlas en propuestas de negocios.

En paralelo, serán responsables de establecer una estrategia pertinente para desarrollar nuevos proyectos y obras. La enumeración de las citadas tareas requiere tiempo para capacitación, más una considerable dedicación diaria capaz de implementar los cambios en las propias empresas. No se demandan resultados instantáneos, por lo tanto, las acciones requerirán de continuidad, constancia y permanencia. Los profesionales de la construcción y responsables de empresas constructoras se encuentran ante el inicio de una nueva etapa en la actividad, el desarrollo de la sociedad y de la economía.

Quien antes se capacite y asuma esa realidad obtendrá ventajas competitivas que le permitirán desarrollarse con continuidad en un mercado en permanente evolución.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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La Arquitectura Sustentable encuentra sus fundamentos en el análisis del ciclo de vida de los elementos; el tratamiento del uso de las materias primas y las energías renovables; la disminución de recursos naturales, su explotación y la destrucción o el reciclaje de los residuos. Sus principios se basan en construir considerando un mínimo impacto y mayor rendimiento; la mesura y efectividad en el uso de materiales y elementos de edificación priorizando los de bajo contenido energético; minimizar la demanda de energía para la iluminación, calefacción y refrigeración -conjuntamente a los variados sistemas disponibles-, cubriendo el resto del consumo con fuentes de energía renovables; contemplando las exigencias de la comodidad higrotérmica, salud , iluminación, siendo aptos y habitables.

Un proyecto sustentable se manifiesta en su concepción, a partir de un nivel de responsabilidad en todos sus estamentos. No sólo se edifica minimizando los efectos ambientales perjudiciales, sino además, se logran construcciones mejor integradas al paisaje, a su tierra, contemplando la flora y la fauna del territorio.

La nueva conciencia ambiental trae aparejados cambios radicales en los formatos de diseño y construcción. En la intersección entre el ambiente natural y el urbano, son esenciales los principios de sustentabilidad y equilibrio, los cuales llevan a pensar en las nuevas construcciones según las diversas propiedades de los lugares donde se edifica. Se tiende a contemplar el entorno natural, el ciclo del agua, el tratamiento de los residuos sólidos, el ahorro energético, la rehabilitación o la arquitectura bioclimática y la resolución de problemas de accesibilidad, como variables a considerar especialmente en las distintas etapas de planificación y edificación. Las variables climáticas y topográficas específicas de cada lugar forman parte indisociable del diseño de cada proyecto. Estimamos la radiación solar sobre una determinada región, la vegetación, la humedad ambiental, los controles frente al viento, el ruido, la contaminación y calidad del aire, así como la geomorfología del territorio y sus condicionantes, características de los suelos y pendientes.

Dentro de la Arquitectura Sustentable, la eficiencia energética constituye uno de los objetivos más importantes; debido a ello se aplican numerosas metodologías para disminuir las necesidades energéticas de las construcciones. Debido a la globalización -y al crecimiento de las sociedades- el consumo aumentó. Ello implica un mayor empleo de recursos naturales más la consecuente generación de residuos, y finalmente, la producción de CO2. Se estima que las naciones más avanzadas del mundo son quienes más contaminan. La industrialización y el desarrollo de los países generan altos niveles de emisiones de carbono responsables del calentamiento global. De esta manera, la arquitectura sustentable apunta a utilizar materiales fácilmente reciclados o reutilizados, los cuales no contengan componentes peligrosos o contaminantes y fomenten el ahorro de materias primas.

A nivel mundial, la industria de la construcción es responsable de los siguientes porcentajes: 40% de las emisiones de CO2,  60% del consumo de materias primas, 50% del consumo de agua y 35% de los residuos generados. En Argentina, la industria de la construcción genera una demanda de energía del 40%, emisiones de CO2 de un 25%, 50% de los residuos sólidos generados, 30% de la polución aérea, 35% de la polución térmica y un 20% del consumo de agua.

Según MECON 2005, nuestro país depende en un 90,2% de los recursos fósiles, los cuales a la fecha se encuentran casi agotados. Nos vemos en la disyuntiva de aplicar una arquitectura sustentable, reformando de manera sustantiva y cualitativa los métodos de construcción tradicionales, debiendo innovar tecnológicamente, produciendo y proyectando con calidad, desarrollando los aspectos técnicos y científicos; analizando objetivamente y teniendo en cuenta los niveles que abarcan dicha arquitectura: Social, cultural, económico y ambiental.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalarjunio 21, 2019
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La construcción es el arte o técnica de fabricar edificios e infraestructuras. La necesidad de asegurar el cumplimiento de los objetivos empresariales de producción, la calidad de las obras de acuerdo con lo contratado y el plazo de ejecución, obligan a la introducción en el proceso constructivo de técnicas de industrialización, en la medida de las posibilidades.

La industrialización se entiende “como una organización la cual aplica los mejores métodos y tecnologías al proceso integral de la demanda, diseño, fabricación y construcción, constituyendo un estado de desarrollo de la producción que lleva consigo una mentalidad nueva, diferente”. A medida que evoluciona la ciencia, la técnica y la tecnología, se desarrollan sistemas para la construcción de viviendas capaces de ahorrar tiempo y dinero, optimizan recursos y delegan tareas en manos de expertos sumamente capacitados.

Una obra industrializada no es sinónimo de prefabricada, pero las prefabricadas se llevan a cabo usualmente por partes, con procesos y elementos “previamente fabricados por la industria”. La obra prefabricada se ensambla en el lugar, en cambio, las industrializadas se construyen en el espacio con todos los elementos necesarios. La industrialización de las obras se basa en procesos de fabricación y construcción sistematizados, estandarizados. Los nuevos materiales y elementos destinados a las instalaciones se suman a los recursos disponibles para desarrollar sistemas más eficientes. La construcción industrializada brinda originales aptitudes con respecto a la construcción tradicional al minimizar la mano de obra empleando personal no calificado al cual se forma en el manejo del sistema; acota los errores humanos -y consecuentemente- los posteriores trabajos de reparaciones; todos los componentes, partes y piezas se encuentran fabricados a medida para el proyecto, restando sólo montarlos en obra siguiendo una secuencia operativa establecida, evitando mediciones e improvisaciones por parte de los operarios; simplifica y abarata los trabajos de terminación debido a la precisión de medidas… Todo lo mencionado da lugar a una considerable reducción de los plazos de ejecución de una obra. Ello se debe a que muchos de los procesos de construcción se pueden llevan a cabo en forma simultánea en fábrica y montarlos posteriormente.

Finalmente, vale considerar la siguiente particularidad: En la construcción industrializada se pueden disponer procesos los cuales no pueden trasladarse a un sitio de construcción, como por ejemplo, la utilización de carpas de curado para hormigón a efectos de acelerar los tiempos de fragüe. El factor climático presenta una menor incidencia en los procesos de construcción, ya que las partes industrializadas se desarrollan en ambientes cerrados. Dadas las características de los procesos constructivos es posible tipificar los controles de seguridad para los operarios. Se utilizan maquinarias de mayor porte con controles de seguridad y procesos impensados en una obra desarrollada en su sitio de emplazamiento.

La construcción industrializada se ha asociado y limitado a una construcción donde las terminaciones finales -o la comodidad de la edificación- no son los elementos fundamentales, sino que lo perseguido se basa en la reducción de costos y eficiencia productiva.

La arquitectura del siglo XXI afronta el reto de un cambio y éste pasa ineludiblemente por los avances tecnológicos y los nuevos sistemas constructivos, por la industrialización y la prefabricación de sistemas.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalarjunio 10, 2019
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No se vende en ninguna juguetería. No se comercializa en una caja de rutilantes colores. Sin embargo, el “Rompecabezas sustentable” permanece a nuestra vista, esperando que las piezas se ubiquen cada una en su lugar. Será allí cuando la suma de las partes, convenientemente unidas, brindará como resultado un paisaje, una imagen que permanecerá allí hasta que alguna de las piezas, por esos azares del destino, abandone su puesto. Entonces, la figura lucirá ausente, un espacio dejará de sumar valor al todo.

Sin lugar a dudas, la arquitectura sustentable es un modo de llegar a un proyecto arquitectónico, sostenible, de manera de satisfacer las necesidades básicas actuales sin comprometer las del mañana. En una obra de estas características, estudiar los factores climáticos como el agua, el sol, las lluvias y el viento, resulta un aspecto fundamental.

De acuerdo al contexto de nuestra edificación vamos a aplicar algunas de las consideraciones adquiridas respecto de las energías renovables. El viento, para un generador de energía eólica, el recorrido del sol, para aprovechar al máximo la luz del día y captar energía a través de paneles solares o fotovoltaicos, como así también ahorrar en demanda para calefacción y refrigeración. Desde luego, la cuestión ambiental se asume como un gran problema social. Si los encargados de elaborar las leyes estuviesen realmente comprometidos con la causa, podrían impulsar nuevas empresas encargadas de generar energía limpia, como por ejemplo, el biogás. Cristoph Martens, de Alemania, pionero en el uso de biogás, continúa desarrollando nuevas utilidades para ese combustible. Recordemos que el biogás en Alemania produce el 3% de la electricidad, con casi 7.000 instalaciones de biogás en funcionamiento.

El reciclaje de materiales y elementos constructivos ha derivado en una serie de sitios de Internet capaz de vincular a los usuarios que buscan vender o comprar materiales usados, como madera, metales, vidrio, eléctricos, goma, caucho, orgánicos, aceites, entre otros. Estos sitios ofrecen además, jornadas y fichas técnicas, datos de expertos recicladores y distintas empresas dedicadas al recupero de insumos específicos de la industria de la construcción.

Concientizar a cada individuo de la población hasta tomar medidas, como el efectivo cumplimiento de la ley 13.059, la cual determina el acondicionamiento de una vivienda, resulta fundamental. Las Normas LEED, certifican que un edificio reduce sus costos operativos, al tiempo que incrementan el valor de la propiedad, sus espacios son más sanos y seguros para sus habitantes, reducen la emisión de gases dañinos… En suma, este certificado comprueba el rendimiento de un edificio y permite su valoración a partir de distintos alcances. Por lo tanto, se garantiza que un edificio es ambientalmente responsable, redituable y suma espacios sanos para vivir y trabajar.

Quedan todos invitados entonces a participar de un juego que no es tal. A armar un rompecabezas de compleja dinámica, pero que brindará el mejor de los resultados: Un futuro posible para la continuidad de la vida.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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5min166

La palabra sustentabilidad no engloba solamente a la construcción, sino a toda actividad humana. Según el diccionario de la Real Academia Española, sustentable significa: “Que se puede sustentar o defender con razones”. En arquitectura, la mencionada definición se torna más compleja, al intervenir diversos factores, entre ellos, el social, económico y ambiental. Se deben crear espacios saludables, económicamente viables y que respondan a las necesidades sociales. La arquitectura sostenible es aquella que se preocupa por todas las fases del proceso constructivo, analizando cómo impacta y afecta a su entorno. El ahorro energético es uno de los puntos más importantes en la arquitectura sostenible, por eso se utilizan diferentes métodos para obtener energía, entre ellos, los paneles solares o a través del viento, mediante generadores eólicos. Estados Unidos certifica a nivel mundial las construcciones sustentables a partir de la norma LEED (Leadership in Energy & Enviroment Design, es decir, Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental). Se trata de un sistema responsable de determinar las condiciones a cumplir por parte de aquellos edificios considerados “sustentables”.

En Argentina, varios ejemplos irrumpen con fuerza. Parámetros encargados de demostrar que una arquitectura sustentable de calidad no conforma una quimera del futuro, sino una realidad del presente. Por caso, el local de la marca Mc Donalds cito en Pilar, provincia de Buenos Aires, obtuvo la certificación LEED Oro en la categoría “Nuevas Construcciones” reutilizando un local modular tradicional aprovechado en un 50%, adaptado a las exigencias de la certificación. Se utilizaron materiales reciclados en el revestimiento de pisos y cielorrasos. La energía es obtenida mediante un aerogenerador y el excedente energético se almacena en baterías como medida preventiva para los días de poco viento. El edificio cuenta con un sistema de recolección de agua de lluvia y aguas grises de los lavamanos, reutilizadas en las descargas de los inodoros y en la limpieza de la playa exterior. Los lavamanos y los inodoros muestran válvulas las cuales evitan el exceso de su uso. Los techos y paredes exteriores presentan una aislación térmica capaz de reducir el empleo de calefacción y aire acondicionado. La iluminación, tanto exterior como interior, dispone de sistemas LED.

En paralelo, la constructora CASA4 trabaja la arquitectura sustentable a través de sus módulos prefabricados, aplicando paneles solares para desarrollar energía y calentar agua. La cubierta emplea el agua de lluvia a fin de potabilizarla para el consumo humano o destinarla para el riego. En el exterior, la CASA4 propone una huerta orgánica y biodinámica, donde su calendario de siembra se rige por el movimiento de los planetas y se alimenta del sistema de reutilización del agua.

ICBC logró certificar dos edificaciones de su propiedad: Barracas de Lezama en la categoría “Operación y Mantenimiento” -en nivel Oro- y la sucursal administrativa de San Isidro, la cual recibió la certificación Plata en la categoría “Nuevas Construcciones y Reformas Mayores”. Barrancas de Lezama conforma un antiguo edificio reciclado cuyos materiales empleados en su diseño y arquitectura evitan la emisión de compuestos orgánicos volátiles los cuales contaminan seriamente el ambiente. La cubierta adhiere a la modalidad “Terrazas Verdes”, conformando un espacio con vegetación el cual actúa como aislante para conservar la temperatura. El agua para su riego proviene de un sistema encargado de recolectar el recurso condensado en los equipo de aire acondicionados. La marca bancaria buscó garantizar el aspecto social de la sustentabilidad incentivando a sus empleados a utilizar el transporte público y llevar a cabo actividades físicas en sus gimnasios.

Más allá de todos los beneficios otorgados por los sistemas constructivos sostenibles, debemos estimar un aspecto fundamental: Educar al usuario para aprovechar las posibilidades ofrecidas por los edificios descriptos y no derrochar los recursos. La citada educación del usuario deberá repercutir en la sociedad, a través de jornadas capaces de concientizar sobre la importancia de una arquitectura ambientalmente sustentable.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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3min148

La calidad de una instalación termo-hidrosanitaria puede pensarse “a priori”, desde dos puntos de vista. Uno más relacionado con la actitud constructiva -la ejecución de la red-; generadora de la calidad; otro relacionado a la etapa de proyecto -la estética-. De allí resultaría la calidad del diseño. Es evidente que una instalación no revestirá visos de calidad si no ha sido eficientemente proyectada. Allí el Instalador, aunque sea el mismo proyectista, no podrá plasmar esa “especialidad” con la que ha sido pensada. El proyectista que sea luego el Director de Obra, si no pensó en la calidad de una determinada instalación durante la etapa de proyecto, difícilmente logre una buena calidad del producto final. El proyectista, entonces, en cada decisión de diseño, deberá tener en cuenta la calidad del producto final, la calidad espacial y la calidad constructiva -e incluso- la calidad de los sistemas de ejecución de la obra.

Por lo antes dicho, la Calidad queda definida como “el conjunto de propiedades y características de un producto o servicio que le confiere su aptitud para satisfacer necesidades expresas o implícitas”. Así surge el concepto de Calidad Total, el cual aplicado en nuestra industria asegura el proceso de gestión completa de la instalación, desde su concepción hasta su etapa de post-entrega, en forma gradual y permanente.

La gestión de la calidad constituye entonces un conjunto de acciones planificadas y sistemáticas necesarias para proporcionar la confianza adecuada de que un producto o servicio satisfará los requisitos dados sobre la calidad. Se trata de un complemento de la serie de normas ISO 9000. En ella se definen términos relacionados con la calidad. Clarifica y normaliza los términos relativos a la calidad que sean aplicables al campo de su gestión. La necesidad de utilizar una terminología normalizada a efectos de evitar malentendidos o confusiones, obligó al desarrollo de una norma auxiliar capaz de precisar términos y conceptos.

Un importante porcentaje del éxito del proyecto de una instalación estará supeditado al talento del proyectista, pero otro gran porcentaje permanecerá directamente relacionado con el esfuerzo que el mismo disponga para resolver cuestiones de calidad básicas. Los citados constituyen factores fundamentales, no solo para alcanzar el objetivo de calidad, sino también, para plasmar las buenas intenciones del proyecto.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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4min141

La clave radica en el tiempo. Dominar una técnica, un sistema constructivo, una tecnología, demanda tiempo y dinero, el cual deberemos desviar desde otras actividades. Pero ¿qué ocurre si no contamos con un proyecto en concreto para su aplicación, capaz de compensar en el futuro esa inversión?

Además de novedosos materiales, sistemas constructivos y opciones de diseño, existen nuevas respuestas y alternativas ante problemáticas que hoy pueden ser resueltas de mejor manera, las cuales en un pasado cercano, no presentaban soluciones disponibles.

Como profesionales, nos encontramos éticamente comprometidos a brindar respuestas acordes a nuestro título. Los clientes esperan y merecen una resolución idónea y actualizada. Los avances tecnológicos en la industria de la construcción constituyen una herramienta que suele desalentar al profesional, ya que demanda una gran cantidad de tiempo para su estudio y entendimiento. Además, el desarrollo exponencial de la tecnología crea nuevas alternativas y soluciones, incluso, originales posibilidades que hasta hace algunos años, eran impensadas o económicamente inviables. Gracias al avance de la comunicación y los sistemas de logística, se logra su disponibilidad casi en forma simultánea a nivel global.

Si brindamos soluciones más eficientes y detallamos los motivos por los cuales elegimos una tecnología frente a otra, comparando resultados, fortalezas y debilidades, costos a mediano y largo plazo; los clientes serán mucho más receptivos ante nuestra imaginación, si contamos como guía con el interés de cada comitente sobre el proyecto, sus verdaderas necesidades y prioridades.

Es allí donde el avance tecnológico encuentra su fuerza impulsora y se retroalimenta de la interacción existente entre la investigación científica pura o teórica; la necesidad de respuestas ante situaciones puntuales; y la experimentación del empleo de nuevas tecnologías, materiales o elementos capaces de plantear, a su vez, originales desafíos para proyectar el camino siempre hacia adelante. Hoy podemos manejar desde un equipo celular nuestra agenda, obtener recordatorios de pagos, cobros, reuniones, sincronizar información, trabajar conjuntamente sobre proyectos, tener disponible toda la información almacenada en la computadora de escritorio y actualizarla en tiempo real, imprimir y visualizar planos, elaborar y modificar presupuestos, calcular estructuras, evitar largas esperas en los bancos, llevar a cabo videoconferencias y llamadas internacionales -prácticamente- en forma gratuita, publicar nuestros proyectos, participar en licitaciones… la lista sigue y continuará creciendo.

Si pensamos un poco más lejos, consideraríamos la incorporación de los avances tecnológicos sumados por la informática y el mundo digital. Debemos tomar como parte de la filosofía de trabajo la predisposición a permanecer al corriente de las nuevas herramientas digitales al alcance de nuestra mano, no solo relacionadas con aspectos técnicos, sino también, con la organización del trabajo y las tareas personales demandadas.

En un mercado tan competitivo siempre alguien empleará las citadas herramientas y nos presentará batalla…

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalarabril 29, 2019
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4min150

La producción de energía está directamente ligada al desarrollo económico de cualquier país, y es precisamente la demanda de ese recurso lo que plantea el debate más punzante de la sociedad actual. El sector de la construcción resulta determinante dentro de la problemática, puesto que se requieren más de 2 toneladas de materias primas por cada metro cuadrado de obra. La cantidad de energía asociada a la fabricación de los materiales puede ascender, aproximadamente, a un tercio del consumo energético de una familia durante un periodo de 50 años. La producción de residuos de construcción y demolición supera la tonelada anual por habitante. El análisis del ciclo de vida de un edificio permite intuir -con mayor facilidad- las consecuencias ambientales derivadas del impacto de la construcción. Los edificios resultantes del proceso, así como las infraestructuras necesarias para favorecer su accesibilidad, ocupan y transforman el ambiente donde se construyen.

Un recurso natural es aquel elemento o bien que la sociedad, con su tecnología, es capaz de transformar para su propio beneficio. Por ejemplo, el grado de desarrollo que ha adquirido la sociedad actual fue capaz de transformar el petróleo (recurso natural) en una fuente de energía, en plástico, en asfalto… La fabricación de materiales de construcción comporta el agotamiento de los recursos no renovables y el consumo de energías fósiles.

Debemos considerar que el aprovechamiento de un determinado recurso natural no debe afectar al equilibrio ecológico que lo sostiene y es responsable de su existencia. Por ejemplo, en el caso de la madera, será necesario compatibilizar las explotaciones forestales con la regeneración de las mismas mediante replantaciones, responsables de producir nueva materia prima al ritmo pertinente, pues de otra manera, estaremos agotando un recurso renovable por definición.

El entorno natural se encuentra afectado por la emisión de contaminantes, así como por la deposición de residuos de distinto tipo y origen. Sin embargo, para poder conseguir nuestro objetivo y contribuir al progreso sin dañar el planeta, será imprescindible contar con la colaboración del conjunto de agentes intervinientes en las diferentes etapas del ciclo de vida de un edificio (desde la extracción de las materias primas hasta su demolición o desmantelamiento). Si cada uno de ellos asume la responsabilidad correspondiente, será posible aplicar estrategias para la prevención y minimización del impacto ambiental. Considerar los residuos como un bien, es decir, aprovecharlos como materia prima mediante su reciclaje o reutilización, e incorporarlos de nuevo en el proceso productivo, imitando en cierto modo a los ciclos de la naturaleza, se afirma como el camino a transitar.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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