Sepa Cómo Instalaroctubre 30, 2019
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Aunque la definición más ortodoxa de “Domótica” sugiere que “se trata de una ciencia atinente al hogar, de hecho, “Domus” significa casa en latín, el concepto de “dispositivos inteligentes” resulta ser sumamente útil y aplicable en cualquier lugar, sean viviendas, empresas, zoológicos, locales comerciales, cárceles, universidades… No obstante, los expertos difieren al momento de proponer el segundo vocablo raíz, algunos indican que se trata de “robótica”, otros afirman su procedencia de “automática”. Adoptaremos el término “informática”, definido por la Real Academia de la Lengua Española.

Cierto es que a pesar de los notables avances tecnológicos, resulta imposible admitir en la actualidad el desarrollo de un robot androide con la inteligencia de Einstein. Un robot así no existe, y muy probablemente nunca existirá. Sin embargo, con la tecnología actual, en poco tiempo más podrá emularse una entidad con algunas de esas características, solo las importantes, para cada empresa o persona. No precisamente un robot, sino una computadora capaz de cumplir con los citados conceptos al permanecer en red con una serie de dispositivos especializados (cámaras, interruptores, circuitos), todos ellos integrados a lo largo y ancho de las instalaciones, y que permita a una o unas pocas personas mantener el control total de las instalaciones, equipos y personal.

La Domótica aplicada en las instalaciones ofrece importantes ventajas, conformando una magnífica inversión, sin importar lo pequeña que ella sea, ya que proporciona una gran variedad de ventajas, entre las cuales se pueden destacar el ahorro de energía, el incremento en los niveles de seguridad, un mayor y mejor control centralizado sobre todas las áreas, una óptima comunicación, automatización, ahorro de tiempo, mejoras en la calidad de vida, un incremento del valor de las propiedades, compatibilidad y garantía de funcionalidad en el futuro, y porque no, un alto grado de confort.

Para tener una idea más clara sobre el tema estudiaremos el caso siguiente: Una empresa japonesa ubicada en la ciudad de Monclova, Coahuila, dedicada a la producción de bolsas de aire para automóviles, fue víctima recientemente de una serie de explosiones que ocasionaron la pérdida total de la nave industrial, y daños materiales millonarios a algunas locaciones vecinas. Afortunadamente, las pérdidas humanas fueron nulas. A grandes rasgos, sucedió lo siguiente: Un pequeño incendio fue creciendo y alcanzó los contenedores de un material altamente explosivo; una persona de intendencia se percató del incendio y dio parte a sus superiores para iniciar la evacuación, mientras gracias a la eficiencia de sus sistemas de simulacros, lograron desplazar rápidamente a todo el personal a un espacio seguro. En este caso, la inversión requerida para la adaptación de una red domótica compleja sería inferior comparado con los gastos demandados en la reconstrucción total de la planta, indemnizar a todos los vecinos, e incluso, a un aeropuerto cercano, más otros tipos de costos relacionados a las pérdidas materiales.

En este caso, un grupo de sensores de temperatura y detectores de humo activaron una alarma la cual alertó a los encargados de seguridad, quienes a través de cámaras ipv6 tomaron la afortunada decisión de activar dispositivos antiincendios, cerrar las puertas de esa habitación mediante motores de automatización de puertas, y al mismo tiempo, aislar las áreas críticas de la empresa.

Por lo expresado, concluimos que la domótica no es exclusiva de las viviendas, sino que sus alcances van desde una simple mini-casita, hasta un importante edificio corporativo. En cualquiera de los casos, la seguridad y tranquilidad de las personas resulta invaluable.

Hoy se encuentran en el mercado una serie de dispositivos orientados a la conformación de una “vivienda domótica”, siendo cada vez mayor el número de compañías interesadas en el desarrollo del sector.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalaroctubre 21, 2019
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El concepto de “arquitectura sustentable”, hace mención al hecho de contar con tecnologías capaces de convertir diversas formas de energía y recursos naturales en fuentes aprovechables y utilizables por las sociedades del siglo XXI. En cuanto a los distintos usos que se le puede brindar al agua para colaborar con una vivienda sustentable, describiremos a continuación brevemente tres sistemas, habiendo sido los mismos seleccionados por cubrir significativas necesidades.

El primer caso a especificar es el conocido como “Muro de agua”, sistema definido como “Muros que almacenan agua, los cuales integran un sistema de calefacción al combinar captación y acumulación”.

El segundo es el “Panel solar”. Se trata de un dispositivo el cual aprovecha la radiación solar para generar agua caliente para uso doméstico. Mediante energía térmica se calienta un líquido contenido en su interior, el cual transfiere la temperatura a un depósito con agua para su disposición final. La energía recibida naturalmente no es constante durante todo el año debido al cambio climático. En invierno los días son más cortos, por lo tanto, existen menos horas de Sol. Además, por el frío los dispositivos pueden mermar en cuanto a su rendimiento. Se entiende que en verano éstos, en las mismas condiciones de instalación, presentan la capacidad de calentar un volumen mucho mayor de agua. Por ello mismo, el consumo de agua caliente solar debe llevarse a cabo mediante su acumulación, y así utilizar lo producido en ciertas horas en cualquier momento del día y la noche. Dicha tecnología disminuye notablemente los costos de gas y electricidad, siendo factible de implementar tanto para uso residencial como industrial.

Por último, una de las soluciones para el aprovechamiento directo y eficiente del agua como recurso natural radica en la captación pluvial. Se conoce de forma global como uso racional del agua y “consiste básicamente en conducir el agua de lluvia desde las cubiertas por medio de canalizaciones (canaletas, pluviales, gargantas, bocas de lluvia, etc.) hacia equipos de filtrado y depósitos de almacenamiento o cisternas”.

A partir de allí, el proceso continúa al igual que el tradicional (alimentación de agua por red), una bomba toma el agua de la cisterna y la dirige a un tanque de reserva elevado exclusivo para agua no potable, desde el cual se distribuirá a los distintos artefactos y griferías.

El agua recolectada no puede emplearse para beber, únicamente se destina para la alimentación de depósitos de inodoros, lavarropas, piletas de lavar, riego o para limpieza de patios y autos, debiendo permanecer correctamente indicada en las fuentes de provisión. Gracias a los citados sistemas, el consumo de agua potable puede verse reducido hasta en un 50%, siempre y cuando los esquemas de diseño se desarrollen en zonas geográficas donde cuenten con las condiciones adecuadas de suficiente precipitación como para garantizar su rendimiento diario.

El anterior itemizado de casos constituye tan solo una síntesis acerca de una política tendiente al empleo económico del agua en los hogares, el cual podemos tomar como ejemplo, incorporando sus apartados dentro de un esquema de factibilidad financiera.

Resulta vital tomar conciencia sobre cómo obtener y alcanzar un manejo cuidadoso de los mecanismos de reutilización, captación y almacenamiento del agua, ya que ello nos permitirá contar con un líquido relativamente limpio, de menor costo y sin un desmedido consumo de energía para su empleo cotidiano.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarseptiembre 16, 2019
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Un profesional de la industria de la construcción debe, en la actualidad, manejar una sumatoria de temas abriendo su formación al conocimiento permanente y activo, para de esta manera interactuar con otras disciplinas y profesionales. Cualquier profesional de la especialidad de la arquitectura y ocupaciones afines, se ve obligado a contar con un adecuado nivel de capacitación y precisión en el manejo de múltiples herramientas, las cuales le posibilitarán administrar un amplio abanico de recursos.

Más allá de las particularidades coyunturales del actual contexto económico, donde las variables financieras han adquirido una trascendental relevancia, consideramos imprescindible que cualquier profesional de la industria de la construcción se encuentre adecuadamente familiarizado con todo lo concerniente a la cotización, presupuesto, costo y precio de su trabajo. Específicamente, la gestión de costos y presupuestos conforma una de las herramientas fundamentales para que el profesional de la arquitectura no pierda dinero y haga rendir al máximo sus recursos. Solo de esa forma lograremos el respeto y la consideración de nuestro cliente en una serie de ítems los cuales valora tanto o más que el trabajo técnico encargado, dado que el desarrollo sano y armónico de las tareas necesarias para materializar una obra, constituyen un factor fundamental de crédito en la profesión. Contribuir al entendimiento y acuerdo de partes que discuten los alcances de un trabajo, constituirá mucho más que una meta y será un fin específico adoptado en favor de sus Comitentes y de la industria en sí.

Solo en apariencia el costo más el beneficio brinda como resultado el precio de un trabajo. En verdad la polinómica de términos definitorios del precio de una obra, consiste en la adición entre el Costo Directo (compuesto por los materiales, mano de obra y equipos o herramientas; vale decir, los recursos empleados para la producción), los Gastos Generales Directos (aquellos que se adjudican en forma directa y unívoca a un trabajo puntual), los Gastos Generales Indirectos (es decir, los gastos de funcionamiento de la sede que produce la obra), el Costo Financiero (el cual se analizará en función de la planificación y programación de la obra), el Beneficio (consistente en los montos que redundan en la ganancia establecida por quien ejecuta la obra), y por último, los costos aplicables sobre las Condiciones y Ambiente de Trabajo (CyAT). Sobre este último punto vale decir, a fin de evitar accidentes y brindar herramientas preventivas, que es necesario aportar un cambio de actitud en el sector empresarial, pero dicho cambio no vendrá únicamente de la mano de los reglamentos y normativas, sino de la efectiva incorporación cotidiana en el trabajo de valores éticos capaces de orientar las conductas, en el marco de los objetivos de calidad, productividad y seguridad.

El siglo XXI le demanda a los profesionales de la industria de la construcción  capacitarse en áreas prácticas, tanto relativas a la tecnología como a la gestión de un emprendimiento. Constituye un notable error descuidar aspectos teóricos como normas reglamentarias, organización y métodos, legislación penal, comercial, previsional, laboral e impositiva aplicables a la actividad, ética y responsabilidad profesional, entre otros aspectos.

Desde luego, que en todos esos campos contaremos con expertos asesores, pero el desconocimiento de la teoría básica del tema podría comprometernos seriamente ante determinadas situaciones.

Por todo lo expuesto, vamos por más formación y conocimientos.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalarseptiembre 5, 2019
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La innovación tecnológica ha permitido encontrar nuevos productos, como el desarrollo de materiales para la construcción de base sintética, aplicando polímeros, sumado a la manipulación a través de la nanotecnología de las moléculas de carbono para producir materias primas ultra-resistentes y livianas, capaces de reemplazar con eficiencia a ciertos materiales convencionales. Aceros más fuertes, resistentes y livianos; morteros enriquecidos y específicos, conforme a las demandas a cubrir; vidrios irrompibles y de alta eficiencia térmica; sustitutos sintéticos de componentes altamente costosos por su escasez o métodos extractivos utilizados para la decoración, los cuales alcanzan una similitud perceptiva casi imposible de diferenciarlos respecto de los reales.

¿Quién hubiera imaginado, hace algunos años, que Dubai llegaría a ser la meca de la arquitectura moderna no formando parte del primer mundo? ¿Quién hubiera creído hace 20 años que era factible construir una estructura habitacional inteligente de 1,5 km de altura como las proyectadas en Medio Oriente?

Los avances tecnológicos han desplazado las fronteras de las ciencias como nunca se vio, y la Arquitectura no permanece al margen de dicho impulso creativo. Sin embargo, la revolución recién comienza y lejos está de encontrar su punto máximo, más aún, cuando mucha de esas tecnologías no han sabido superar las barreras socioeconómicas que las retienen en beneficio de los países más desarrollados.

Podemos visualizar obras de envergaduras colosales, como el Burj Khalifa, de 828 metros desde una pantalla con una definición de detalles hiperrealistas y una exactitud en sus cálculos imposibles de igualar. Estos avances también han permito suprimir no solo el dibujo a mano de planos y cortes, sino a su vez, asisten al marketing de los emprendimientos a través de la aplicación de realidad virtual, la cual posibilita visualizar en tiempo real las obras a construir sin necesidad de solventar costosos prototipos para la comercialización de sus unidades funcionales.

Obras como el museo Guggenheim hubieran sido imposibles de realizar sin la asistencia de la informática aplicada a la arquitectura. Tan solo la pre-visualización de un segmento de uno de sus techos hubiese llevado cientos de planos y cortes concebidos “a mano”, requiriendo muchísimas horas hombres sin siquiera mencionar los cálculos estructurales necesarios para constatar su factibilidad. El avance tecnológico generado en el desarrollo de sistemas informáticos aplicados al diseño estructural, han permito romper con el paradigma que limitaba a las estructuras a formas cúbicas y poco orgánicas.

Plataformas como AutoCAD, Revit, BIM, escáneres e impresoras 3D, más un sinfín de otros aplicativos, posibilitan dejar de concebir la arquitectura en dos planos y llevarlas a la tercera dimensión. Hoy en día resulta factible contar con una pared tridimensional en un par de clic, no solo desde la idea, sino llevarla a planos, cortes y realizar sus cálculos de estructuras e instalaciones y costos en un mínimo de tiempo y a un precio abismalmente menor respecto de la realización manual.

Si bien la Arquitectura ha sabido beneficiarse de los citados avances tecnológicos, los mismos no se han registrado en todas las áreas. Aunque en lo referido a la implementación de nuevas tecnologías y por ahora, quitando los procesos de construcción, se puede decir que en el resto de sus estamentos, aquellos llevados a cabo en el estudio de la obra, han verificado un potente salto de era.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalaragosto 20, 2019
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5min187

El Pliego de Especificaciones Técnicas (PET) constituye una documentación de obra (en forma escrita), diseñada para la licitación de un trabajo. La misma complementa la información contenida en la documentación gráfica integrada por planos y planillas. El mencionado pliego suele incluir, además, los requisitos de la licitación junto con las formas y condiciones de la contratación. Dicha información puede integrar un Pliego de Bases y Condiciones de Licitación y Contratación (PBC), imprescindible según las características, complejidad y envergadura de la obra a efectuar. Como tal, y con referencia a los planos generales, de detalle y planillas, completa, enfatiza y describe todos aquellos aspectos relativos a los materiales, elementos y componentes en cuanto a ensayos, normas, reglamentos y otras disposiciones legales. También, explicita equipos y herramientas, mano de obra, ejecución de las tareas, requerimientos particulares y objetivos a cumplir.

El PET no constituye un tratado de construcción, sino un documento responsable desde el punto de vista técnico y legal, de especificar resultados. Es muy importante lograr la sistematización de esa información proveniente de diversas fuentes, organizarla en una estructura clara y comprensible, de fácil lectura y relativa extensión; necesaria para no perder claridad conceptual e informativa, pero evitando -al mismo tiempo- la redundancia y sobreabundancia de información contenida en las normas y reglamentos citados. Es muy conveniente establecer una unidad estructural y descriptiva de los rubros e ítems con los códigos de la documentación gráfica y los Listados Unificados de Ítems y Cómputos y Presupuestos. Todo ello facilitará la adecuada interpretación de la documentación, el uso y consulta durante la construcción de la obra y simplificará las tareas de control y pago de los correspondientes certificados por avance.

Redactar una buena especificación técnica para la ejecución de una obra de arquitectura requiere, necesariamente, del uso apropiado del vocabulario y la gramática mediante una correcta, completa y concisa construcción de oraciones y párrafos. Es válido incluir información específica acerca de la presentación de los productos, las pruebas y ensayos y demás procedimientos capaces de asegurar la provisión de productos aceptables. No es conveniente la exigencia al Contratista de una extensa documentación de taller o ejecutiva si la información en los catálogos disponibles resulta coherente. Tampoco es útil exigir pruebas si la norma del producto es suficiente. Se evitarán requerimientos imposibles, innecesarios o responsables de generar inútiles pérdidas de tiempo y consecuentes costos adicionales.

La sobreabundancia, ambigüedad o extensión desmesurada, son enemigos declarados de una buena especificación técnica. Deberá mantenerse el mismo modo gramatical a través de toda la especificación y evitarse repetir o duplicar requerimientos y prescripciones contenidos en las distintas partes del PET. Para un uso correcto del glosario técnico, puede ser útil la consulta de diccionarios especializados y de las normas IRAM sobre terminología.

Es conveniente desarrollar la misma lista de términos para los materiales, métodos y técnicas, tanto en los planos y planillas como en las especificaciones técnicas, los listados unificados de ítems y los cómputos y presupuestos del rubro en cuestión.

En este contexto, las especificaciones técnicas pueden ser producidas de distintas maneras y los procedimientos empleados por parte de los técnicos, variables.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalaragosto 5, 2019
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El hombre, a lo largo de su historia, ha puesto especial énfasis en el arte de construir. La historia de la arquitectura nos muestra cómo fue adquiriendo conocimientos, técnicas, habilidades y experiencias, desde las más rudimentarias a las más complejas. En este proceso de aprendizaje, el hombre comprendió que “la idea” (el proyecto) debía ser muy bien pensada, estudiada y desarrolla en plenitud, para que cuando se materializara “la obra” (construcción) pudieran satisfacerse las expectativas y necesidades de quien o quienes la habían encomendado. Debió estudiar materiales y desarrollar otros. Aprendió a planificar las obras y analizar distintas técnicas constructivas, a fijar tiempos de ejecución y optimizar los recursos. Además, la actividad de la construcción demanda del trabajo de muchísimas personas, entonces, surgió la necesidad de que alguien -suficientemente idóneo y capaz- asumiera la dirección o gerenciamiento, con la función de equilibrar el empleo de los recursos y coordinar las actividades de los participantes, a fin de lograr un óptimo resultado.

El hombre, por medio del ingenio y de las técnicas desarrolladas en consecuencia, creó sistemas para disminuir el esfuerzo físico e incrementar la velocidad en la ejecución de las diversas tareas. La era industrial, la aparición de la máquina, el avance científico y tecnológico, la creación de nuevos materiales, la disponibilidad de recursos económicos, el crecimiento de la población demandante de una mayor cantidad de bienes y servicios, y entre otros muchos, el estudio y la capacitación en forma masiva en todas las áreas del conocimiento, modificaron sensiblemente a la industria de la construcción.

Esta breve reflexión tiene por objeto plantear qué ha ocurrido en el proceso de producción de una obra -y paradójicamente- qué aspectos no se han modificado con el paso del tiempo.

Quien encomienda a un profesional una obra tiene como objetivo principal obtener un buen edificio, el cual satisfaga sus necesidades, expectativas e interés económico. En particular, dicho comitente encargará su realización, si comparando el valor de plaza y el costo total de obra del edificio, se colman sus expectativas en cuanto a la ecuación costo-beneficio.

Un edificio es uno de los pocos productos de la actividad del hombre cuyo precio, calidad, plazo de ejecución y otras características especiales, deben establecerse antes de su ejecución material. A diferencia de los productos industriales, donde el precio se determina después de elaborado el mismo, en el caso de las obras de arquitectura se debe establecer anticipadamente.

Entonces, se deberá partir de un proyecto el cual permita establecer un correcto diseño del producto, con toda la documentación gráfica presente en su contenido -con exactitud y detalle de todas las características generales y particulares del edificio a construir-, en el todo y en cada una de sus partes. Un pliego de especificaciones técnicas claro y preciso, permitiendo conocer con la mayor exactitud posible, la calidad del producto. Un presupuesto responsable de detallar y analizar, con amplio criterio, los costos directos e indirectos. Una programación y planificación de la producción llevada a cabo con profesionalismo y experiencia, la cual acote las tareas a realizar y sus interrelaciones, con fin de conocer, entre otros, el plazo total de la obra, los trabajos críticos, el personal y/o subcontratistas necesarios, las fechas tempranas y tardías en la disponibilidad de los materiales y equipos.

De todo lo expuesto, y únicamente habiendo citado algunos temas a modo de llamado de atención, dentro de un vasto universo, la actividad de la construcción le ha permitido al hombre administrar con mayor eficiencia su recurso más importante: “El tiempo”, y que paradójicamente, ello lo ha logrado pensando para tener más tiempo para pensar. Así mismo, y como consecuencia, disponer de más tiempo para pensar potencia la etapa de proyecto y planificación. Desde el punto de vista económico, esto se ha traducido, a lo largo de los años, en una disminución paulatina de costos y una mayor productividad.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalarjulio 29, 2019
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4min215

La escasa envergadura o simplicidad de un encargo profesional no es motivo suficiente para omitir la redacción y firma de contratos. Tampoco lo es el conocimiento o familiaridad que pueden vincular al cliente y su arquitecto. La gran ventaja de los contratos es que lo escrito permanece, mientras que lo acordado informalmente puede ser olvidado o mal interpretado, razón por la cual resulta aconsejable que el comitente suscriba con su arquitecto un convenio escrito, con un claro detalle de las obligaciones de cada parte, resguardando de esta forma los derechos de ambos.

Los honorarios por los servicios de un arquitecto deben ser considerados como una sensata inversión, entre otras, por las siguientes razones: Primero, un proyecto bien concebido permite lograr sensibles economías, tanto en su construcción como durante su vida útil, pudiendo ser materializado evitando improvisaciones e imprevistos, responsables de prolongar -innecesariamente- el lapso de construcción y originar costos adicionales. En segundo lugar, un buen diseño y construcción aportan valor agregado al proyecto, conjuntamente con una mayor cuantía inmobiliaria para una propiedad, más clientes para un comercio, mayor productividad en los lugares de trabajo.

Cabe consignar que los honorarios profesionales deben retribuir la capacitación, creatividad, dedicación y responsabilidad del arquitecto; la labor de los profesionales y personal técnico necesarios para cumplir el encargo; y otros conceptos como amortización y gastos generales del Estudio, gastos directos, movilidad, seguros e impuestos.

El Decreto-Ley 7887/55, la Resolución de la Junta Central de los Consejos Profesionales de Arquitectura, Ingeniería y Agrimensura del 12/04/1977 y la Resolución del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) del 02/05/2006, establecen que los honorarios del arquitecto desempeñando el rol de Director de proyectos y/o Director de obra, en obras que comprenden estructuras e instalaciones, resultan de la suma de los honorarios por proyecto y/o dirección de las obras de arquitectura, según lo dispuesto en el artículo 50 inciso 1) del Arancel Profesional, más los honorarios por proyecto y/o dirección de las obras de estructuras e instalaciones comprendidas en las primeras, según lo dispuesto en el inciso 2) del mismo artículo, con deducciones del 20% en el primer caso y del 7% en el segundo.

Los citados honorarios son de aplicación siempre que no se haya pactado otra situación, ya sea que el arquitecto contrate profesionales externos a su Estudio, que las tareas sean llevadas a cabo por profesionales de su Estudio o que las desarrolle personalmente, siempre bajo su coordinación, dirección y control, ya que es responsable del trabajo en su conjunto.

Se aclara que la desregulación de los honorarios, vigente desde el año 2001, permite acordar los mismos mediante otros procedimientos, escalas y tasas a convenir libremente entre las partes. El Arancel Profesional también establece que el comitente deberá abonar los gastos especiales originados con motivo de consultas con especialistas, presentaciones especiales, retribución de sobrestantes, viáticos y otros gastos extraordinarios no comprendidos en los honorarios del arquitecto.

Solo respetando los mencionados alcances trabajaremos sobre la base de relaciones sanas entre el Arquitecto y su Comitente.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

Editor de Revista Sepa Cómo INSTALAR


Sepa Cómo Instalarjulio 22, 2019
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4min197

Transitamos una sociedad cada vez más competitiva, donde las empresas constructoras deben poner sus  mejores esfuerzos para motivar y captar clientes. Para lograr dicho objetivo, incorporan tecnología, analizan costos, se ocupan de la calidad de las obras e intentan aproximarse -lo más posible- a aquello demandado por los clientes, enfrentándose a otras empresas competidoras. Ante el escenario descripto, vale señalar que muchas empresas no alcanzan índices básicos de competitividad. Definimos competitividad como la capacidad de desarrollar servicios profesionales y obras cuyos ingresos permanezcan por encima de los costos totales -y en paralelo- produzcan resultados adecuados para sus clientes. Hoy es necesario incorporar herramientas gerenciales al sector, así como sumar tecnologías las cuales permitan construir más obras a menor costo y con mayor calidad.

En la medida en que el mercado de la construcción se torna más competitivo, es necesaria una capacitación adicional a la tradicionalmente demandada por los profesionales del sector. Las empresas que pretendan competir en el entorno descripto, deberán estudiar y analizar el mercado, estratégica y tácticamente, definir un plan de acción, difundir y preparar a la empresa para que sostenga el plan con su trabajo específico. Deberán, además, seleccionar los segmentos objetivos del mercado, diseñar propuestas de servicios y productos alineados con dichos segmentos e instrumentar los procesos necesarios para realizar las obras dentro de los costos y tiempos previstos, sosteniendo una sana relación con los clientes durante la totalidad del proceso.

El mercado de la construcción sufrió radicales transformaciones, y esos cambios son irreversibles y estructurales. La demanda se ha fraccionado en segmentos con particulares necesidades y exigencias, los clientes han cedido su espacio protagónico a las empresas, instituciones e inversores profesionales, y ellos requieren de interlocutores capacitados técnicamente para interpretar sus necesidades y plasmarlas en propuestas de negocios.

En paralelo, serán responsables de establecer una estrategia pertinente para desarrollar nuevos proyectos y obras. La enumeración de las citadas tareas requiere tiempo para capacitación, más una considerable dedicación diaria capaz de implementar los cambios en las propias empresas. No se demandan resultados instantáneos, por lo tanto, las acciones requerirán de continuidad, constancia y permanencia. Los profesionales de la construcción y responsables de empresas constructoras se encuentran ante el inicio de una nueva etapa en la actividad, el desarrollo de la sociedad y de la economía.

Quien antes se capacite y asuma esa realidad obtendrá ventajas competitivas que le permitirán desarrollarse con continuidad en un mercado en permanente evolución.

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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La Arquitectura Sustentable encuentra sus fundamentos en el análisis del ciclo de vida de los elementos; el tratamiento del uso de las materias primas y las energías renovables; la disminución de recursos naturales, su explotación y la destrucción o el reciclaje de los residuos. Sus principios se basan en construir considerando un mínimo impacto y mayor rendimiento; la mesura y efectividad en el uso de materiales y elementos de edificación priorizando los de bajo contenido energético; minimizar la demanda de energía para la iluminación, calefacción y refrigeración -conjuntamente a los variados sistemas disponibles-, cubriendo el resto del consumo con fuentes de energía renovables; contemplando las exigencias de la comodidad higrotérmica, salud , iluminación, siendo aptos y habitables.

Un proyecto sustentable se manifiesta en su concepción, a partir de un nivel de responsabilidad en todos sus estamentos. No sólo se edifica minimizando los efectos ambientales perjudiciales, sino además, se logran construcciones mejor integradas al paisaje, a su tierra, contemplando la flora y la fauna del territorio.

La nueva conciencia ambiental trae aparejados cambios radicales en los formatos de diseño y construcción. En la intersección entre el ambiente natural y el urbano, son esenciales los principios de sustentabilidad y equilibrio, los cuales llevan a pensar en las nuevas construcciones según las diversas propiedades de los lugares donde se edifica. Se tiende a contemplar el entorno natural, el ciclo del agua, el tratamiento de los residuos sólidos, el ahorro energético, la rehabilitación o la arquitectura bioclimática y la resolución de problemas de accesibilidad, como variables a considerar especialmente en las distintas etapas de planificación y edificación. Las variables climáticas y topográficas específicas de cada lugar forman parte indisociable del diseño de cada proyecto. Estimamos la radiación solar sobre una determinada región, la vegetación, la humedad ambiental, los controles frente al viento, el ruido, la contaminación y calidad del aire, así como la geomorfología del territorio y sus condicionantes, características de los suelos y pendientes.

Dentro de la Arquitectura Sustentable, la eficiencia energética constituye uno de los objetivos más importantes; debido a ello se aplican numerosas metodologías para disminuir las necesidades energéticas de las construcciones. Debido a la globalización -y al crecimiento de las sociedades- el consumo aumentó. Ello implica un mayor empleo de recursos naturales más la consecuente generación de residuos, y finalmente, la producción de CO2. Se estima que las naciones más avanzadas del mundo son quienes más contaminan. La industrialización y el desarrollo de los países generan altos niveles de emisiones de carbono responsables del calentamiento global. De esta manera, la arquitectura sustentable apunta a utilizar materiales fácilmente reciclados o reutilizados, los cuales no contengan componentes peligrosos o contaminantes y fomenten el ahorro de materias primas.

A nivel mundial, la industria de la construcción es responsable de los siguientes porcentajes: 40% de las emisiones de CO2,  60% del consumo de materias primas, 50% del consumo de agua y 35% de los residuos generados. En Argentina, la industria de la construcción genera una demanda de energía del 40%, emisiones de CO2 de un 25%, 50% de los residuos sólidos generados, 30% de la polución aérea, 35% de la polución térmica y un 20% del consumo de agua.

Según MECON 2005, nuestro país depende en un 90,2% de los recursos fósiles, los cuales a la fecha se encuentran casi agotados. Nos vemos en la disyuntiva de aplicar una arquitectura sustentable, reformando de manera sustantiva y cualitativa los métodos de construcción tradicionales, debiendo innovar tecnológicamente, produciendo y proyectando con calidad, desarrollando los aspectos técnicos y científicos; analizando objetivamente y teniendo en cuenta los niveles que abarcan dicha arquitectura: Social, cultural, económico y ambiental.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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Sepa Cómo Instalarjunio 21, 2019
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La construcción es el arte o técnica de fabricar edificios e infraestructuras. La necesidad de asegurar el cumplimiento de los objetivos empresariales de producción, la calidad de las obras de acuerdo con lo contratado y el plazo de ejecución, obligan a la introducción en el proceso constructivo de técnicas de industrialización, en la medida de las posibilidades.

La industrialización se entiende “como una organización la cual aplica los mejores métodos y tecnologías al proceso integral de la demanda, diseño, fabricación y construcción, constituyendo un estado de desarrollo de la producción que lleva consigo una mentalidad nueva, diferente”. A medida que evoluciona la ciencia, la técnica y la tecnología, se desarrollan sistemas para la construcción de viviendas capaces de ahorrar tiempo y dinero, optimizan recursos y delegan tareas en manos de expertos sumamente capacitados.

Una obra industrializada no es sinónimo de prefabricada, pero las prefabricadas se llevan a cabo usualmente por partes, con procesos y elementos “previamente fabricados por la industria”. La obra prefabricada se ensambla en el lugar, en cambio, las industrializadas se construyen en el espacio con todos los elementos necesarios. La industrialización de las obras se basa en procesos de fabricación y construcción sistematizados, estandarizados. Los nuevos materiales y elementos destinados a las instalaciones se suman a los recursos disponibles para desarrollar sistemas más eficientes. La construcción industrializada brinda originales aptitudes con respecto a la construcción tradicional al minimizar la mano de obra empleando personal no calificado al cual se forma en el manejo del sistema; acota los errores humanos -y consecuentemente- los posteriores trabajos de reparaciones; todos los componentes, partes y piezas se encuentran fabricados a medida para el proyecto, restando sólo montarlos en obra siguiendo una secuencia operativa establecida, evitando mediciones e improvisaciones por parte de los operarios; simplifica y abarata los trabajos de terminación debido a la precisión de medidas… Todo lo mencionado da lugar a una considerable reducción de los plazos de ejecución de una obra. Ello se debe a que muchos de los procesos de construcción se pueden llevan a cabo en forma simultánea en fábrica y montarlos posteriormente.

Finalmente, vale considerar la siguiente particularidad: En la construcción industrializada se pueden disponer procesos los cuales no pueden trasladarse a un sitio de construcción, como por ejemplo, la utilización de carpas de curado para hormigón a efectos de acelerar los tiempos de fragüe. El factor climático presenta una menor incidencia en los procesos de construcción, ya que las partes industrializadas se desarrollan en ambientes cerrados. Dadas las características de los procesos constructivos es posible tipificar los controles de seguridad para los operarios. Se utilizan maquinarias de mayor porte con controles de seguridad y procesos impensados en una obra desarrollada en su sitio de emplazamiento.

La construcción industrializada se ha asociado y limitado a una construcción donde las terminaciones finales -o la comodidad de la edificación- no son los elementos fundamentales, sino que lo perseguido se basa en la reducción de costos y eficiencia productiva.

La arquitectura del siglo XXI afronta el reto de un cambio y éste pasa ineludiblemente por los avances tecnológicos y los nuevos sistemas constructivos, por la industrialización y la prefabricación de sistemas.

 

Por el Arq. Gustavo Di Costa

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