Bioambiente hogareño

  La casa, el ambiente exterior e interior, deben funcionar como una unidad. Cuando la vivienda está diseñada correctamente, cada parte funciona para proporcionar un ambiente seguro, cómodo y sano para sus habitantes. En medio de temperaturas, niveles de humedad y presiones de aire fluctuantes, los sistemas de la casa se diseñan y construyen para reducir al mínimo dichos problemas. La interrelación de los sistemas produce, en ocasiones, consecuencias sorprendentes e imprevistas. Muchos factores positivos de una casa pueden perder su efectividad rápidamente, provocando persistentes falencias ambientales. La mayoría de los hogares presentan problemas en ciertas partes del esquema ambiental, variando desde inconvenientes pequeños, de menor importancia, a otros responsables de poner en peligro la vida. Algunas problemáticas frecuentes verificadas en los hogares son: Moho en las paredes, techos y mobiliario, olores misteriosos, pagos excesivos en las facturas de calefacción y enfriamiento, elevada humedad, ambientes carentes de confort, chimeneas incorrectamente ventiladas, altos niveles en el interior de formaldehído, radón o monóxido de carbono, filtraciones de agua, sótanos húmedos…

  Cuando cualquiera de los mencionados aspectos ocurre, la casa no ha reaccionado correctamente al ambiente exterior o interior. Al considerar la obra y el sitio -como una unidad compleja- aumentará la probabilidad de que la construcción constituya una estructura duradera, saludable y eficiente en materia de energía.

  La salud, el confort y las facturas de energía se ven afectadas considerablemente dada la facilidad de cómo el calor se mueve a través de un ambiente y la superficie exterior de la casa. A los nuevos hogares se les demanda cumplir con los requisitos ambientales, implicando recomendar el aislamiento de todas las superficies exteriores -pisos, paredes y cielorrasos-.

  Pero todas las patologías pueden ser resueltas. Por caso, las pérdidas de los conductos hacia el exterior pueden ser eliminadas localizando las redes dentro de la superficie exterior del edificio; la infiltración se puede acotar mediante un sellado apropiado de la superficie exterior de la obra, más la ventilación mecánica, la cual se puede utilizar para controlar la calidad del aire interior. En el verano, las necesidades de enfriamiento son, principalmente, determinadas por la ubicación y las sombras de las ventanas. Además, el porcentaje de la carga de enfriamiento latente (la eliminación de humedad) puede aumentar en forma significativa en los hogares con una superficie exterior termal bien aislada.

  Las fuentes principales de humedad, algunas de las cuales pueden ser controladas, incluyen actividades propias del local “cocina”, grandes cantidades de plantas interiores y la infiltración de aire exterior caliente y húmedo. Espacios más aislados han reducido considerables niveles de humedad en verano.

  Las barreras de calor radiante conforman materiales reflectantes capaces de reducir la ganancia del calor del verano en los muros. Aun cuando no son reemplazantes del aislamiento, pueden ser usadas en combinación con niveles mínimos de estanqueidad para reducir los costos del aire acondicionado durante el tiempo cálido y caluroso. Las barreras de calor radiante presentan una controvertida historia en el sudeste de los Estados Unidos, porque los fabricantes exageraron sus beneficios en la última parte de la década de 1980 y los primeros años de la década de 1990.

  En forma particular, algunos representantes formularon declaraciones excesivas sobre el desempeño del producto y los tasaron demasiado altos para proporcionar un reembolso razonable. Hoy, la difusión de los citados sistemas hace inviable cualquier ejercicio abusivo por parte de cualquiera de los actores intervinientes en la materialización de una obra.

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