Actualidad del saneamiento en Latinoamérica

Ana y María viven en alguna gran capital o ciudad latinoamericana. Ambas tienen mucho, y a la vez, poco en común. Como buenas veinteañeras, ambas son ávidas usuarias de redes sociales. Ana lleva el celular a todas partes -para disgusto de sus familiares- muchas veces al baño, en donde suele tardar demasiado. María prefiere dejarlo en casa cuando tiene que ir al sanitario.

Para Ana, el baño -a pocos pasos de su habitación- es una zona de privacidad y hasta de relajo. Para María, hacer sus necesidades o asearse es una experiencia que va desde lo incómodo hasta lo peligroso: Debe hacerlo en una letrina comunitaria en mal estado, donde está expuesta a malas condiciones higiénicas, falta de privacidad, acoso y hasta violencia sexual. La historia de Ana y María es el reflejo de una realidad social que afecta a millones de personas en la región. Es que el inodoro, finalmente, se convirtió en el gran separador social de América Latina y el Caribe. Latinoamérica es una región en la que servicios como el internet inalámbrico o la telefonía celular han avanzado a pasos agigantados en las últimas décadas. Sin embargo, todavía en la región existen cerca de 490 millones de personas como María, el 69% de sus habitantes, quienes aún no tienen acceso a un saneamiento seguro: La recolección de excretas, el tratamiento de las aguas residuales que generan y su disposición segura en el medio ambiente.

Pero, dentro de lo precario de su situación, María no está en la peor de las situaciones. Todavía más de 19 millones de personas en la región van a baño al aire libre, de forma cotidiana. Una práctica con consecuencias negativas en su salud y el medio ambiente.

Agua para cerca del 95% de sus habitantes

En los últimos 50 años nuestra región ha logrado avances significativos en proveer agua para cerca del 95% de sus habitantes. Esto no significa que todos tengan un servicio de calidad, ininterrumpido y directamente en sus casas. Sin embargo, la tarea de llevar saneamiento seguro para todos es la más rezagada.

En efecto, la falta de saneamiento también supone una amenaza para la provisión de agua potable. En la región, alrededor del 20% de las aguas residuales, que provienen no solo de las viviendas, sino también de las actividades industriales y productivas, reciben algún tipo de tratamiento antes de ser vertidas en el ambiente, por lo general en ríos o lagos.

De acuerdo a cálculos de diferentes organismos multilaterales, cerrar esa brecha de saneamiento costaría alrededor de US$180.000 millones hasta el año 2030, el año en que las naciones se han comprometido a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que incluyen saneamiento mejorado. Esa cifra representa casi el doble de todo lo que se ha invertido históricamente en la región.

Está claro que, si seguimos haciendo la tarea como hasta ahora, continuaremos reprobando no solo en la meta de alcanzar los ODS, sino en la meta de mejorar las vidas de todos en la región. Pero ¿cómo es posible llevar un servicio como saneamiento, sin pensar primero en los costos necesarios para la infraestructura que lo hace posible?

Saneamiento condominal: El experimento de Brasil en sus favelas

Esta fue la pregunta formulada por parte de un grupo de ingenieros en la ciudad brasileña de Natal en los años 80. La innovación de estos ingenieros, acostumbrados de toda la vida a pensar en soluciones convencionales para el saneamiento, fue crear un modelo que ahora es considerado el estándar para proveer servicios en las favelas brasileñas. El modelo se llama “Saneamiento condominal”. El mismo consiste en una red de alcantarillado que se construye utilizando conductos de menor diámetro respecto del convencional; las tuberías se pueden instalar a poca profundidad y en una gradiente más plana, permitiendo un diseño flexible a un costo menor. La red se planifica alrededor de las condiciones existentes, en lugar de instalar una tubería convencional al centro de la calle. En el diseño, la ejecución y el mantenimiento de la red participa activamente la comunidad beneficiaria.

Esta innovación ha permitido avanzar significativamente en poblaciones donde instalar un alcantarillado convencional era imposible. Pero, a pesar de lo innovador de este sistema, que ha sido replicado con éxito en países como Bolivia y Perú, no representa una solución universal al problema. Por eso es necesario un cambio de paradigma para lograr avanzar significativamente. Desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se logran pasos para provocar un cambio de paradigma a través de la plataforma de saneamiento óptimo, un enfoque integral el cual mejora la forma tradicional de concebir el acceso al saneamiento basado en la construcción de infraestructura, muchas veces a un costo inaccesible para las comunidades que más lo necesitan.

Este enfoque tiene cuatro ejes principales. Primero, trabajar con las poblaciones vulnerables, con énfasis en el enfoque de género. Segundo, trabajar en las cuencas, en especial aquellas ubicadas en zonas urbanas, para incrementar el tratamiento de las aguas residuales y el saneamiento. Tercero, incentivar el desarrollo y adopción de soluciones flexibles, adecuadas a cada situación y escalables.  En cuarto lugar, mejorar la gobernanza: Desarrollar planes nacionales de saneamiento basados en la evidencia, la compatibilización de políticas con la de otros sectores. Esos planes constituyen un factor para facilitar el financiamiento del saneamiento.

US$15.000 millones para proyectos de inversión en los próximos cinco años

Con la plataforma de saneamiento óptimo, el BID espera movilizar US$15.000 millones para proyectos de inversión en los próximos cinco años. Estos fondos provendrían de recursos propios, de otros organismos multilaterales, de donantes y de gobiernos y proveedores de servicios. Para administrar esos fondos, el BID creará un mecanismo de financiamiento para el saneamiento, que no solo tendría un rol de financiamiento, sino que también apoyará la capacidad de formulación de planes y proyectos, más la gobernanza de los planes del sector.

“La plataforma de saneamiento óptimo es un compromiso y una responsabilidad para que el inodoro deje de ser el gran separador social, y en lugar de ello, sea un servicio universal para todos en América Latina y el Caribe”, explica Sergio Campos, jefe de la División de Agua y Saneamiento del BID.

Este artículo ha sido publicado en el marco de la Semana Mundial del Agua 2019, organizada por el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo (SIWI) del 25 al 30 de agosto en Estocolmo, Suecia. El BID es coordinador regional de las Américas y Socio Colaborador Clave de la Semana.

 

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