Instalando calidad

La enseñanza ortodoxa de la arquitectura pone especial énfasis en la formación de diseñadores, valorizando los aspectos socioculturales de la producción arquitectónica. Confía en que los aspectos técnicos se completen fácilmente en los primeros años de actividad profesional, mediante la observación de los modos de producción de obra, tomando como base, los conocimientos aprendidos en las asignaturas técnicas. El éxito de un profesional se basa especialmente, en su aptitud para llevar a feliz término la materialización de sus proyectos. Quien nos encarga una obra demuestra un especial interés en contar con un buen edificio el cual satisfaga sus expectativas y necesidades. No le interesa encargar solamente un buen proyecto ni un buen material gráfico (carpeta técnica). Es por ésta razón, que el profesional debe poseer los conocimientos necesarios para lograr concluir técnicamente una obra. En paralelo, deberá llevar cabo la obra a dentro de los costos previstos, en el plazo esperado y con la calidad requerida, respetando fielmente el proyecto original.

Por el Arq. Gustavo Di Costa, editor de la Revista Sepa Cómo INSTALAR.

La aplicación racional de los recursos se consigue con la implementación de métodos de trabajo que no pueden adquirirse solamente mediante la experiencia. Es necesario incorporar el conocimiento teórico sistemático, el cual permite aprehender la experiencia. Si tenemos que entregar una instalación en un determinado plazo, no esperaremos hasta el final para saber si lo cumpliremos o no, dado que podemos disponer de las técnicas del control de avance para saber (en todo momento), si lo estamos cumpliendo. En otro campo, al sospechar que una determinada tarea puede ser mejorada en cuanto a su rendimiento, la observaremos con una mirada crítica, buscando modificar el método de trabajo para tornarla más eficaz.

Los recursos de producción conforman los medios técnicos, materiales y económicos que nos permiten materializar un sistema, mediante un determinado proceso de producción. Separada del contexto industrial por las características singulares del producto final, la construcción de edificios se caracteriza porque la manufactura es llevada a cabo en el lugar de su implantación (“in situ”), a diferencia de cualquier producto industrial. La utilización de los recursos debe adaptarse a dicha particular modalidad, a pesar de las dificultades que ello representa en orden a la falta de aptitud de la obra para ser el propio ámbito en que se construye (clima adverso, distancias importantes a sortear para la entrega de materiales, etc.).

Salvando este fundamental escollo, podemos considerar que, para construir una obra, debemos disponer de recursos humanos para llevar a cabo el trabajo de producción, de recursos materiales para corporizarla y de insumos mecánicos para aumentar el rendimiento de los dos anteriores. Toda mejora en la productividad supone una disminución en el precio del producto (en este caso, la obra), ya que representa un mejor aprovechamiento de los recursos aplicados.

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