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Cuando hablamos de la calidad como resultado de compromisos recíprocos, pensamos en la necesidad de que el conjunto de los actores del sector establezcan mecanismos capaces de asegurar que la calidad se logrará con el compromiso de todos. Es común que en nuestro día a día nos enfrentemos a situaciones en las que tenemos que adoptar resoluciones referentes a las actividades señaladas: en el momento de cerrar una oferta para una licitación, en el momento de recibir un proyecto del estudio de profesionales, en el momento de tener que atender un pedido de insumos de una obra, en el momento de encargarle a un funcionario la realización de una tarea, etc. En cada una de las mencionadas situaciones exigimos y asumimos compromisos que, lamentablemente, no siempre se encuentran explícitos.

Cuando recibimos un conjunto de recaudos para la formulación de un precio de una determinada instalación para un cliente y realizamos una oferta sin que se encuentre perfeccionada la relación entre las partes, es decir, aceptamos presentar una oferta en los términos establecidos por el comitente sin haber aclarado la totalidad del contenido de los recaudos, estamos asumiendo el compromiso ante nuestro comitente, de realizar la producción de acuerdo con lo que él estipuló y sobre el que ostenta el legítimo derecho de exigir que se cumpla, aun cuando existan definiciones que no son suficientemente claras o que serán de difícil cumplimiento.

Si un proyectista nos entrega el diseño de una instalación que contiene soluciones que seguramente van a dificultar su ejecución en obra y nosotros no consultamos y establecemos los criterios que deberían seguirse para la adecuación de la solución a estándares que faciliten la construcción, antes de iniciar la producción, estamos asumiendo el compromiso de realizar el trabajo de acuerdo con lo establecido.

Si formulamos un pedido de materiales sin precisiones en cuanto a calidad, plazo de entrega, etc. y no efectuamos las aclaraciones pertinentes antes de que se lleve a cabo la compra, estamos asumiendo el compromiso de aceptar lo que se nos entregue o incurrir en gastos adicionales por tareas de descarga, carga, transporte, etc. en el caso de que aquello que se nos entregó no sea lo que esperábamos. Cuando impartimos una orden de trabajo a un operario, asumimos el compromiso de aceptar que él entendió lo que nosotros aspiramos que haga, y por lo tanto, aceptar el resultado de sus acciones, y él asume el compromiso de realizar la tarea encomendada tal como entendió la orden.

En esa cadena, que se forma en el ciclo de la calidad del producto/instalación, donde alternadamente una vez somos proveedores (cuando entregamos un producto o un servicio) y otra vez somos clientes (cuando recibimos los efectos de la acción del proceso anterior), existen una cantidad de situaciones en las cuales, a veces sin darnos cuenta del verdadero alcance, estamos asumiendo importantes compromisos que no siempre somos capaces de cumplir. La asunción de esos compromisos implícitos, en los que las relaciones no se encuentran perfeccionadas, muchas veces es la causa de fallas en la realización de nuestros productos que se traducen en desperdicios en todas sus formas, merma en la productividad, etc. Debemos considerar que existen muchas situaciones en que una vez asumido el compromiso, aunque sea en forma implícita, nada podremos hacer para volver atrás.

En la medida en que las relaciones entre los eslabones de la cadena se encuentren perfeccionadas y los compromisos que se asumen sean explícitos, tendremos más posibilidades de que la instalación que desarrollamos brinde muestras de una óptima calidad, optimizaremos las relaciones en la cadena productiva, minimizaremos las fallas y mejoraremos la productividad.


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Para lograr alcanzar un contrato que nos permita desarrollar una instalación, y por ende, capitalizar con ganancias a nuestra empresa, debemos seguir algunas premisas dictadas por expertos en el tema que vale la pena reseñar.

En primer lugar, al reunirse con un potencial cliente, el profesional instalador no debe presentarse con una idea preconcebida respecto del tipo de instalación que va a vender y su forma de ejecución. Una medida más inteligente será conocer el tipo de demanda que su cliente requiere, y recién en función de ella, efectuar el diseño y posterior cómputo y presupuesto de la misma. Preconcebir no resulta ser una buena idea.

En otros aspectos, las condiciones de pago, o la forma de subcontratación, conforman preocupaciones para el potencial cliente. Aún cuando una empresa de instalaciones comercialice el mismo tipo de servicio (en calidad y precio final) respecto de sus competidoras, puede obtener el trabajo aquella que sea capaz de imaginar ventajosas condiciones de contraprestación, sin necesidad de que la firma proveedora del servicio pierda dinero.

Quizás nuestro cliente potencial se encuentre más interesado en la confiabilidad acerca del cumplimiento de los plazos, o para otro comitente resulte más importante conocer las garantías que ofrece la empresa encargada de materializar la instalación.

Al presentarse a una reunión de negocios procure equilibrar la información con que cuenta respecto de la que entrega. Ello implica hacer preguntas y esperar a que el cliente haya terminado de responderlas. No constituye una feliz idea realizar objeciones antes de que su potencial cliente haya terminado de exponer sus necesidades.

Nunca formule preguntas cerradas que sólo le reporten un “sí” o un “no” como respuesta. Y evite las preguntas que le cierren la puerta.

Mientras más escuche a sus clientes, mejor entenderá los aspectos que les preocupan. Una vez que los conozca, asegúrese de que sus servicios resuelvan cabalmente dichas preocupaciones y, finalmente, logrará generar un provechoso negocio.

No subestime jamás su relación comercial con un cliente. Recuerde que el mercado de las instalaciones consiste en comprar un sistema que todavía no existe, y que, por lo tanto, la apreciación a priori del valor de lo que se adquiere resulta de importancia capital, haya sido preciso aguardar a fecha muy reciente para que los clientes pudieran disponer de un medio para materializar esta estimación.

En la industria de las instalaciones, para la compra de materiales y contratos de ejecución, el cliente no es el único que tiene necesidad de un criterio sobre la dualidad precio-valor. El productor experimenta idéntica angustia. La sola diferencia radica en que el precio es entonces el de ejecución. El valor es esencialmente el mismo. Y no olvidemos que por productor entendemos a la empresa de instalaciones que resultó ser contratada.

En síntesis debemos ganar cierta “sabiduría” en nuestras formas de relaciones comerciales. Ya lo decía Aristóteles: “Los sabios tienen las mismas ventajas sobre los ignorantes que los vivos sobre los muertos”.


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Una vez terminada la realización de una instalación, y antes de taparla o de habilitarla para su uso definitivo, resulta conveniente llevar a cabo una prueba de presión en la misma. Ella permitirá evaluar la perfección del cierre y ajuste en las uniones, y pondrá en evidencia la existencia de daños, ya sea en los tubos o en las conexiones que no hayan sido observados antes de realizar la instalación. Además, es importante efectuar esta prueba hidráulica, dado que de esa forma, estamos sometiendo a la instalación a un esfuerzo superior al que deberá realizar en su trabajo cotidiano, y se comprobará la resistencia de todos los elementos constitutivos de la misma, vale decir, tubos, conexiones, válvulas, llaves, etc.

Para realizar la prueba, necesitaremos de una bomba manual, que nos permita ejercer una presión de aproximadamente un 50% más que la que presenta nominalmente el tubo instalado. Así, estaremos en condiciones de asegurar la resistencia, no sólo en un corto plazo, sino también, después de un período en el cual se comienza a producir el desgaste de la instalación. Corno recaudo, antes de comenzar la prueba, es necesario instalar tapones o tapas en todas las salidas a canillas y artefactos.

En cuanto al procedimiento, en primer lugar, las tuberías deben ser llenadas en forma integra con agua limpia. No deben quedar restos de aire en la instalación. Una vez realizado dicho proceso, se debe comenzar la prueba ejerciendo una presión, como dijimos, del 50% superior de la presión nominal del caño utilizado. Esta prueba es conveniente realizarla durante aproximadamente 15 minutos, reducirla a cero y repetir el proceso dos veces más.

Con un resultado satisfactorio de esta verificación, estamos en condiciones de pasar a la prueba más completa, que radica en ejercer presión sobre la instalación durante 24 horas, pero en este caso, debemos hacerlo con la presión nominal del tubo instalado. Esta prueba deberá realizarse hasta su total satisfacción, vale decir, 24 horas sin ningún tipo de pérdidas ni fisuras.

De acuerdo al tipo de instalación que realizamos, se podrán llevar a cabo las siguientes tareas: Para grandes instalaciones horizontales, se deberán realizar pruebas cada 200 m., y luego, una prueba final general. En viviendas de más de una planta, resulta conveniente realizar, en primer lugar, una prueba por piso, y con un resultado satisfactorio, la prueba final general de toda la instalación.

Para finalizar, en viviendas de una sola planta, se realizará la prueba con el procedimiento anteriormente mencionado.


Sepa Cómo Instalarabril 13, 2018
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Es común que el agua de un pozo recién construido no sea bacteriológicamente potable, pero ello puede ser temporario y el agua mejorar con sólo efectuar un bombeo intenso o si se quiere más rápidamente por medio de una desinfección. Cuando se realiza un examen (microbiología) del agua, no es posible investigar por separado cada especie de microorganismo que pueda originar una enfermedad, sino que se recurre a la búsqueda de un grupo de microbios cuya existencia es normal en los desechos humanos o animales, para averiguar si el agua ha mantenido contacto con ellos en forma directa o indirecta. El agua de un pozo bien construido no debe contener bacterias de este grupo (grupo coliforme) pero cuando el examen revela su presencia, el agua es sospechosa, debiéndose investigar la forma de la llegada de éstos. Si efectuada la desinfección correspondiente se consigue en varios exámenes sucesivos resultados satisfactorios, quiere decir que el agua es buena y la contaminación se debió a causas accidentales.

En las perforaciones que tienen antepozos, el mismo puede encontrarse en mal estado higiénico y con agua. En esos casos corresponde subsanar tales inconvenientes, materializando un piso de ladrillos u hormigón y sellando con asfalto la unión del piso y el caño camisa, evitándose de esa manera, la infiltración del agua. Resulta muy conveniente construir a su alrededor, y a nivel de terreno, un pequeño brocal con su correspondiente tapa para impedir la entrada de animales o cualquier otra materia extraña. De no tomar esas precauciones, es lógico que al poco tiempo los análisis vuelvan a indicar que el agua es bacteriológicamente mala. Pero si a pesar de todas estas medidas y de repetir la desinfección aparece en los exámenes la presencia de las bacterias antes mencionadas, es indudable la contaminación del agua, por lo tanto, debe ser deshechada para bebida.

Por razones económicas y de facilidad de obtención de desinfectantes, se emplean, casi exclusivamente, aquellos con propiedades de liberar Cloro, de cuyo poder bactericida es bien conocido. Por su concentración y duración, es preferible utilizar los desinfectantes en estado sólido, como el cloruro de cal (no confundir con cloruro de calcio) que tiene del 20 al 30 r/r de cloro útil, o mejor aún los hipocloritos de calcio, que alcanza hasta el 70 r/r; siendo conocidos en el comercio con los nombres de Per-chlorón, Caporit, H.T.H., etc., todos éstos deben ser guardados en recipientes bien cerrados y en ambientes poco húmedos.

En cuanto a la desinfección de pozos excavados, generalmente, los mismos son de gran diámetro, excavados con herramientas de mano y revestimiento de ladrillos, piedra, etc., sobreelevado del nivel del terreno a efectos de impedir la entrada al mismo de las aguas superficiales y otros cuerpos extraños. Además, están provistos de una tapa para completar las mencionadas medidas de precaución. Como estos pozos se surten con el agua de la primera capa, la cual en los centros poblados sin cloacas, es casi siempre de mala calidad por la vecindad de los pozos negros, los que de no encontrarse a una distancia prudencial la contaminan.

Para desinfectar esos pozos, debe calcularse previamente el volumen de agua que contiene, hallando éste, se le agrega la cantidad de desinfectante necesario, el cual variará de acuerdo al tipo a emplear. Los desinfectantes líquidos, se agregan al agua del pozo, tal como se obtienen en el comercio, en cuanto a los sólidos, es conveniente hacer una “papilla”, para preparar ésta, se coloca la cantidad de desinfectante necesario en un recipiente no metálico agregándosele un poco de agua y por medio de una espátula o varilla de madera se revuelve hasta obtener una pasta liviana, la cual se mezcla bien en unos diez litros de agua. En tales condiciones se vierta en el pozo.

Resulta conveniente lavar con desinfectante el revestimiento interior del pozo, preparándose para tal efecto una solución, agregando a 10 litros de agua un vaso de agua lavandina, o 1/5 parte de esa cantidad de hipoclorito de sodio. Cabe agregar que un exceso de desinfectante no es perjudicial, no siendo por tal causa necesario medir exactamente las cantidades antes indicadas.


Sepa Cómo Instalarmarzo 26, 2018
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Un buen proyectista es aquel que, durante la etapa de proyecto, sustenta sus ideas en el pleno conocimiento de las técnicas constructivas más adecuadas a aplicar, verificando además una completa visualización de la producción de la obra. De esta manera, diseñará también en función del costo, racionalizando los recursos que intervienen en la obra: materiales, mano de obra y equipos -vale decir, los recursos de producción-; manejando de esta forma la economía de todo el proceso. Esta posición es opuesta al sólo hecho de la formación del costo, es decir, suponer exclusivamente valores a lo proyectado.

Para arribar a un precio justo de una obra de instalaciones, deberemos entonces efectuar una correcta técnica de cómputo. Dicho trabajo se divide en etapas, cada una de ellas constituye un rubro del presupuesto. Esa clasificación por ítem debe llevarse a cabo desarrollando un criterio específico, al separar todas las partes susceptibles de estimar distintos costos, no solo para realizar el presupuesto sino porque además, el mismo constituye un documento del contrato y sirve como lista indicativa de los trabajos a realizar.

Por ello, el cómputo debe analizarse de manera detallada, a efectos de facilitar su posterior revisión, corrección o modificación. Debe plasmarse la constancia de todas las operaciones efectuadas, reducir al mínimo el número de cálculos y mediciones relacionando ítems (por ejemplo, la longitud de capa aisladora es igual al perímetro de los muros en planta baja y éste con la excavación de los cimientos; la suma de solados igual a cielorrasos dentro de la misma planta).

Para trabajar ordenadamente se deberá en primera instancia, hallar la superficie cubierta total; luego, calcular perímetros y superficies de cada local, colocando los datos dentro de cada uno para ser aplicado en la medición de las tareas que lo requieran; después, realizar una lista de rubros a computar; y luego, utilizar las unidades de cómputo que correspondan (ml, m2, m3, u, gl). Una vez establecidos los rubros (por ejemplo, cubierta) con sus sub-rubros (por ejemplo, cubierta plana transitable y/o no transitable), deberemos realizar el despiece de los mismos, dibujando el detalle de los sectores, conociendo los materiales y elementos que conforman cada uno y determinando su cantidad en la unidad correspondiente (por ejemplo, dosificaciones para hormigones y morteros).

Por medio del cómputo métrico se miden las estructuras que forman parte de una obra de ingeniería o arquitectura, con el fin de establecer la medición de cada uno o de todos los elementos constitutivos de una obra, a fin de determinar la cantidad de materiales necesarios para ejecutarla.

Un proceso sano de cómputo demanda estudiar la documentación. Al respecto resulta esencial obtener una visión global de todo el conjunto de la obra ya que de esta forma se cuenta con la debida información sobre el carácter de la misma, y paralelamente al cómputo, se acuerda su planificación. Conforma un buen consejo confrontar los planos y pliegos para obtener mayor exactitud en el resultado de la tarea. Esta etapa debidamente cumplimentada permite verificar y/o corregir -en caso de aparecer contradicciones u omisiones en el dibujo-, donde el computista deberá aplicar su criterio, realimentando la tarea del proyecto.

El proceso requiere medir con exactitud, la precisión deberá ser aún mayor cuánto más importante sea el costo del rubro que se analiza a los fines de evitar desperdicios, aunque todos los componentes hacen al precio final de la obra. En el análisis de cada uno de dichos componentes se considerará posteriormente una tolerancia mínima y necesaria.

Se estima prudente contar, para toda tarea de cómputo, con los siguientes documentos: Planos de obra (planta, cortes, fachadas, planos definitivos -sino implica rectificar la medición-); planilla de locales; planos y planillas de estructuras; planos de detalles; pliego de condiciones: cláusulas específicas y/o listas de trabajo; y finalmente, los planos de instalaciones (completas).


Sepa Cómo Instalarmarzo 26, 2018
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Al iniciarse la temporada resulta imprescindible desagotar la pileta y limpiarla muy bien eliminando el verdín (hongos y algas), pero también se puede conservar el agua durante el resto del año —sobre todo si la hemos climatizado— si tomamos en cuenta su tratamiento con los productos que a continuación se detallan:

Cloro estabilizado: este producto tiene varias presentaciones y se dosifican medidos en gramos.

  • Granulado: Disolución rápida, se dosifica manualmente y actúa desde el piso del natatorio. Su adición debe ser en forma diaria, 10 gramos por cada 10 m3 de agua
  • Pastilla: De disolución lenta, se coloca en la boya a fin de actuar en el espejo del agua. Luego de la carga inicial (50 gr por cada 10 m3), y a medida que la pastilla va siendo consumida, adicionar en la boya la cantidad de pastillas necesarias para mantener en forma regular el gramaje de cloro (equivalente a 50 gr. por cada 10 m3 de agua).

 

Cloro sintético estabilizado en polvo: Es muy práctico para aplicar y dosificar. Se puede esparcir con suma facilidad por toda la piscina empleando la cuchara que se presenta en el envase y que sirve de medida. Por ser estabilizado no es eliminado por la acción del Sol con la facilidad que se evapora el cloro líquido. Su composición se integra con un 90% de cloro activo, y como libera el cloro desde el fondo de la pileta hacia la superficie, la acción es más efectiva respecto de otros tipos de cloro. Dosis: Esparcir en distintos lugares de la pileta dos cucharadas (20 gr por cada 10.000 litros de agua) todos los días al anochecer. Después de lluvias o en días que la temperatura supere los 30 ºC, duplicar dicha dosis. En invierno, las dosis de mantenimiento pueden aplicarse dos veces por semana. Durante la temporada de verano cuando el uso de la piscina es más intenso, además de la dosificación indicada, conviene efectuar cada 10 o 15 días una supercloronación o shock de cloro aplicando ese día una dosis doble.

Cloro en pastilla: Se proveen de pastillas de disolución rápida, de acción similar a las del cloro en polvo, pastillas de disolución lenta. Se utilizan empleando una boya. Las pastillas de disolución constituyen el sistema ideal para aquellas piscinas que son utilizadas sólo los fines de semana. De cualquier manera, se aconseja reforzar este tratamiento agregando semanalmente cloro en polvo, que siempre es más efectivo.

Hipoclorito de sodio: Es el tradicional cloro que hoy en día se sigue utilizando como bactericida. Debe utilizarse en la proporción de litro por cada 40.000 litros de agua, cada 24 horas. Conviene también diluirlo previamente en un recipiente con agua sin proporción específica, al solo efecto de distribuirlo sobre la superficie. Para este tipo de cloro conviene recordar aplicarlo sobre la hora del crepúsculo y a la noche. Duplicar la proporción después de lluvias o de días de más de 30 ºC.

Solución reguladora: Es conveniente controlar la alcalinidad del agua de las piscinas. Ello se realiza en una forma muy sencilla utilizando un colorizador (comparador colorimétrico) que determinará el pH de aquellas. La solución reguladora disminuye esa alcalinidad y con ello hará más efectiva la acción del cloro. Dosis: se emplean 2,5 litros de solución cada 40.000 litros de agua cada 15 días. Esta tarea debe efectuarse en horas de la mañana para distanciarla de la adicción al cloro.

Alguimine 05: Amina cuaternaria importada de EE.UU., es el producto más efectivo para evitar la formación de hongos y algas. Dosis: 1 litro de alguimine 05 por cada 50.000 litros de agua que se aplica de la siguiente forma: la mitad de esa cantidad, o sea 1/2 litro de alguimine se diluye en un recipiente con un poco de agua (no importa la proporción) y se distribuye en distintos lugares de la piscina. El resto del alguimine 05 se agregará al agua de la pileta en pequeñas dosis (dos tapitas del envase) cada 48 horas.

Azul piscina: Tiene una acción complementaria con los productos antes mencionados. Anula el efecto del polen de las plantas para mantener la pureza del agua, anula también el efecto orgánico del orín y brinda al agua una hermosa coloración azulada sin quitarle la transparencia. Dosis: Se utiliza 1 mg. cada 40.000 litros de agua. Se debe aplicar del siguiente modo: espolvorear el envase, el cual es una talquera. Se realiza dos veces sobre un recipiente preferentemente de plástico, que contenga unos 4 o 5 litros de agua. Revolver bien durante por lo menos dos minutos y verter luego en distintos lugares de la pileta en horas de Sol. Repetir esta operación cada 4 o 5 días.

Floculante (Decantante): Precipita todas las impurezas que provocan la turbidez del agua. Debe usar 1 litro de agua por cada 50.000 litros. Diluir en un recipiente de 10 litros y rociar a los largo del borde de la pileta. Dejar reposar 24 a 48 horas, según cada caso. Una vez decantada toda la suciedad, proceder a retirar el elemento filtrante. Conectar la aspiradora, pasarla en forma lenta sobre toda la superficie del piso, mandando el agua fuera de la pileta.


Sepa Cómo Instalarmarzo 14, 2018
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4min137

La ubicación de los artefactos alimentados a gas deberá hacerse teniendo en cuenta los siguientes requisitos:

a) Que no ofrezcan peligro alguno a personas o a la propiedad.

b) Que no estén expuestos a corrientes de aire.

c) Que el local posea las aberturas necesarias comunicadas con el exterior, como se indica más adelante, para reponer el aire consumido por la combustión. Para artefactos a rayos infrarrojos el local poseerá sobre un muro que linde con el exterior, una abertura inferior (para reposición del aire utilizado en la combustión) y otra superior (con el objeto de evitar el viciamiento del ambiente).

d) Cuando se trate de artefactos diseñados para funcionar con gas de densidad superior a 1 no podrán instalarse en subsuelos.

e) Los artefactos pueden instalarse dentro de garajes, siempre que los quemadores y pilotos permanezcan a una altura de 0,15 m sobre el nivel de cordón vereda, debiendo el local poseer ventilación permanente. Aun cumpliendo esta condición no podrán instalarse en depresiones del piso del garaje, ni en trincheras a fosas. Esto no se tendrá en cuenta para artefactos de cámara estanca. Las pantallas a rayos infrarrojos se ubicarán a una altura no menor de 2,5 m con respecto al piso del garaje. Los artefactos a gas deberán ubicarse o estar razonablemente protegidos, de manera que no sean dañados por los vehículos en su movimiento y/o maniobras.

f) Los artefactos de cámara estanca son aptos para ser ubicados en cualquier ambiente.

g) Los artefactos de cámara abierta no podrán ubicarse en dormitorios ni baños.

h) En pasos comunicados con dormitorios no pueden ubicarse calentadores de ambientes a rayos infrarrojos pero sí con cámara abierta con ventilación a los cuatro vientos por conducto individual, limitándose su potencia calórica a las condiciones que más adelante se indican siempre que entre el paso y el ambiente contiguo (no se considerará cómo ambiente contiguo a dormitorios, baños o cocinas) quede una comunicación permanente (rejilla) cuya superficie libre mínima sea de 300 cm² ubicada dentro del tercio inferior de la altura.

El ambiente contiguo deberá tener obligatoriamente una o dos aberturas comunicadas con el exterior según los casos siguientes:

1° Cuando dicho ambiente contiguo no posea calentador de ambiente o el mismo sea hermético con respecto Al ambiente (tiro balanceado), poseerá una abertura en la parte inferior para reposición del aire utilizado en la combustión de la estufa en paso a instalar; cuya sección libre mínima de pasaje de aire deberá ser de 50 cm².

2° Cuando el ambiente contiguo posea uno o más calentadores de ambiente con ventilación de diseño a los cuatro vientos, dicho ambiente poseerá una abertura en la parte inferior para reposición del aire utilizado en la combustión cuya sección libre mínima de pasaje de aire deberá ser de 100 cm2 (50 cm2 por la instalada en paso y 50 cm2 por la o las instaladas en el ambiente contiguo).

3° Cuando el ambiente contiguo posea uno o más calentadores del tipo a rayos infrarrojos, poseerá una abertura inferior y otra superior, ubicadas dentro del tercio interior y superior de la altura respectivamente.

Brindamos respuesta de esta forma a una serie de consultas que, sobre el particular, fueron remitidas a Sepa Cómo INSTALAR.


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¿Cuáles son las actividades de operación y mantenimiento preventivo demandado por los tanques de almacenamiento?

En cuanto a las tareas de limpieza de un tanque de almacenamiento de agua para consumo humano, los usos y costumbres técnicos explicitan:
1. Limpie el área circundante y elimine cualquier foco de suciedad o contaminación.
2. Revise si existen fugas o grietas en el tanque y repárelas.
3. Inspeccione la presencia de sedimentos en el fondo del tanque. Si existen brinde el mantenimiento requerido. Avise a la comunidad del edificio que el servicio se va a suspender mientras se lava el tanque. Para lavarlo, cierre la válvula de entrada de agua al tanque y la salida hacia las distintas bajadas. Abra la válvula de desagüe; si hay tubería de paso directo (by-pass), abra la válvula para que los usuarios cuenten con servicio. Deje que el tanque baje de nivel y con ayuda de botas limpias, escoba y cepillo limpios, saque el lodo del fondo del tanque. Aproveche para lavar las paredes con cepillo. Para el lavado, ayúdese de una manguera a presión conectada a la entrada del tanque o de un balde. Una vez limpio el sistema, cierre la válvula de desagüe, la de la tubería de derivación y abra la válvula de entrada de agua al tanque y luego la válvula de la tubería de salida al edificio. Cuando esté manipulando las válvulas hágalo suavemente, para evitar el golpe de ariete y que se reviente la tubería. Recordemos que el efecto denominado “Golpe de ariete” constituye el aumento brusco de la presión de agua verificado dentro de la tubería. Se produce cuando una válvula o llave se cierra rápidamente. El agua circulante golpea de forma brusca la válvula o llave cerrada y rebota como una onda. Ese rebote continúa hasta que el agua golpea un punto de impacto, ubicado en una conexión o junta del sistema, provocando el sonido “estrepitoso” que en ocasiones se aprecia en las tuberías. Aunque en general las tuberías, válvulas y accesorios están diseñados para funcionar y resistir cierta presión, una medida fácil de prevención contra el golpe de ariete es cerrar siempre las válvulas y llaves muy lentamente. Seguidamente, expulse el aire atrapado en la red con las válvulas de purga, válvulas para aire o hidrantes existentes.
4. Limpie periódicamente el interior del tanque. La frecuencia depende de la calidad del agua, de las condiciones del ambiente y de lo recomendado por las normativas vigentes sobre el particular. Esta limpieza debe efectuarse con espátula y cepillo, eliminando con cuidado toda suciedad del piso y de las paredes. Lavar el interior del tanque sin usar jabón.
5. Las válvulas de entrada, salida, desagüe y de paso directo deben cuidarse de la corrosión. Por lo tanto, periódicamente, se las debe proteger con pintura anticorrosiva y lubricarlas cuando se requiera.
6. Programar la limpieza del tanque de tal forma que no afecte la presión en la red de distribución, ni se suspenda totalmente el servicio de agua.

Las actividades de mantenimiento preventivo que el operador debe efectuar al tanque de almacenamiento y la frecuencia con que debe realizarlas se describen a continuación.

¿Cómo se limpia y desinfecta un tanque de almacenamiento?
Para realizar la operación de limpieza y desinfección del tanque de almacenamiento, debe seguirse el siguiente procedimiento:
1. Programar de antemano la limpieza y avisar a los usuarios en caso de resultar necesaria una suspensión total del servicio.
2. Desocupar el tanque y limpiar los sedimentos acumulados.
3. Restregar las paredes y el piso del tanque con un cepillo de cerda gruesa, capaz de eliminar la suciedad adherida. No usar detergentes ni jabones.
4. Enjuagar el tanque con suficiente agua.
5. Llenar el tanque con una mezcla de agua e hipoclorito de calcio con 70% en forma de cloro, para que el resultado sea una concentración de 50 partes por millón (50 g/m³) de cloro en el agua de llenado.
6. Dejar actuar la mezcla durante un mínimo de 24 horas.
7. Vaciar el tanque totalmente. Permitir el desalojo del agua en el alcantarillado.
8. Medir el cloro residual con el comparador o dispositivo de medición. Si el cloro residual resulta inferior a 0,4mg/L repetir la operación pero con la mitad del cloro utilizado en el paso número 5.


Sepa Cómo Instalarfebrero 9, 2018
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Con capacidad de 300.000 litros, fue la primera fuente de producción de agua potable y permanece en las mismas condiciones operativas desde su inauguración, hace 70 años.
Una gigantesca mole de piedra se mantiene en pie desde el siglo pasado. Permanece indiferente al paso del tiempo y, con sus 25 metros de altura, despierta la admiración de los que pasan por la esquina de Fagnano y Otto Goedecke.
Algunos turistas llegan al predio con la idea de conocer qué le ocurrió al castillo pero, en el Bariloche de la década del 40, no había ningún señor feudal, sólo ingenieros que idearon la torre de agua que aún abastece a los barrios del centro.
La estructura, que aún mantiene la cuadrícula de marcas blancas y rojas en la cúspide, se utilizó para recolectar el agua que brota de los manantiales ubicados detrás del barrio Vivero, que ofrecen una producción de 700.000 litros por hora, almacenarla para su potabilización y luego distribuirla entre generaciones de barilochenses.
La torre es tan sólo la cara visible del centro de distribución que administra Aguas Rionegrinas. Con el correr de los años y ante el crecimiento poblacional, la empresa instaló dos cisternas que, junto al tanque de 300.000 litros, permiten garantizar 1,5 millones de litros de agua.
Pero si alguien pensó que no era suficiente, cruzando la calle también se ubicó la cisterna más grande de la ciudad, que puede contener hasta 5 millones de litros de agua. El sistema permite garantizar la provisión de agua potable para todo el casco urbano.
Omar Grill es un ingeniero que hace dos años llegó desde Río Colorado y que se encuentra a cargo de las operaciones de Aguas Rionegrinas. A pesar de conocer otras estructuras dentro de la provincia, no oculta su preferencia cuando reclama transformar la torre en monumento histórico de la ciudad.
“Esta fue la primera fuente de producción de agua potable”, describe en una suerte de recorrido histórico. Comentó que los tanques que se construyeron en Río Negro datan de la década del 60 pero, tras recorrer cada centímetro de la torre, encontró una piedra que reveló la fecha de inauguración: 1947.
Confiado en que se trata de “uno de los más viejos” en el territorio rionegrino, se mostró maravillado con una obra que permanece en las mismas condiciones operativas desde su puesta en funcionamiento.
Una escalera caracol, que termina por darle el toque cinematográfico, trepa por las paredes internas de la torre y permite llegar hasta una vieja puerta de madera. Ya en lo alto, y desafiando las ráfagas de viento, los operarios tienen acceso al tanque de agua.
“La obra de ingeniería fue de avanzada”, aseguró Grill sobre una mole de piedra que no deja escapar ni una sola gota de agua y que, reconoce, tan sólo requiere una mano de pintura. Algo que se propuso hacer para celebrar los 70 años de la histórica mole.
El tanque lleva agua a siete barrios, además del microcentro. No importan los kilómetros de las tuberías, el sistema de distribución es por gravedad.

Fuente: rionegro.com.ar


Sepa Cómo Instalarnoviembre 27, 2017
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Desde el punto de vista de la corrosión, el suelo puede ofrecer un conjunto de propiedades interdependientes, tales como la textura, estructura, porosidad, contenido de humedad, drenaje (filtración), etc., de las cuales depende la aereación del citado suelo. Entre las propiedades químicas del mismo que influyen en la corrosión, interesa la composición del estrato acuoso, vale decir, de las sales como cloruros, sulfatos, carbonatos, bicarbonatos, alcalinos y alcalino térreos, amonio, acidez y pH. Del conjunto de todas ellas depende la resistividad. 



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