¿Cuáles son las consecuencias del Efecto Térmico Ambiental (ETA)?

12.06.17 - Casoteca
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El Efecto Térmico Ambiental (ETA) que puede presentar un determinado edificio ante sus habitantes depende de la radiación térmica y de la temperatura del mismo, que regula la humedad interior del aire. El margen de temperatura a lograrse en invierno, se encuentra entre los 20 y 24 ºC, con una humedad relativa del 30%. Durante el verano, la temperatura se coloca en un margen establecido entre los 23 y 27 ºC, con una humedad relativa del 30%. La iluminación en los ambientes que sirven de oficinas demanda, con independencia de la luz natural, luz artificial suplementaria. Por otro lado, el desprendimiento de gases de productos como pinturas, adhesivos, selladores, etc., conforman la fuente de una variedad de compuestos irritantes. Los regímenes de emisión de hidrocarburos, tales como el benceno, el tolueno, los alcoholes y las cetonas, producen irritación y son los más frecuentes en edificios, tanto en nuevas construcciones como rehabilitadas.

Otro producto irritante puede ser la toma de aire exterior de los sistemas de acondicionamiento de aire situadas cerca de lugares con mucho tráfico o estacionamientos. El gas despedido por los motores conduce al fortalecimiento de partículas y gases procedentes de la combustión, altamente nocivos para la salud. La humedad no es un contaminante, pero su baja concentración puede aumentar los efectos irritantes. Una acotada humedad del ambiente puede producir síntomas semejantes a algunos asociados a las exposiciones químicas.

Intentar conseguir una gama de requerimientos de funcionalidad puede presentar efectos colaterales, capaces de interferir con la consecución de otros distintos. Las lámparas de luz, por ejemplo, pueden generar calor y ruido, además de iluminación.

Toda evaluación correctamente hecha debe responder a tres puntos: Idoneidad, fiabilidad y flexibilidad. La idoneidad es la medida del grado en el cual los componentes o sistemas de un edificio cumplen las necesidades del usuario. El segundo punto refiere a la fiabilidad. La misma es la medida de la probabilidad para que un componente o sistema continúe funcionando a largo plazo, contando con el mantenimiento y uso adecuado. La flexibilidad es la medida en que las instalaciones se acomodan al edificio a lo largo de la vida útil del mismo. Un ejemplo de idoneidad es la elección de las cañerías de gas correctas. Estas deben contar con una óptima protección anticorrosiva que prevenga el deterioro del sistema de cañería de acero. La fiabilidad en la elección de las cañerías depende de la calidad de sus componentes (revestimientos especiales a manera de protección aislante y protección catódica que actúe como escudo sobre el flujo de corriente eléctrica continua).

La flexibilidad o adaptabilidad de las cañerías reflejan el nivel del esfuerzo y asignaciones necesarias para sostener su conveniencia cuando las actividades del edificio sufran cambios o modificaciones. Los nuevos tipos de actividades pueden requerir diferentes parámetros físicos, a los cuales deben adaptarse las anteriores instalaciones.

Algunos proyectos de edificación pueden albergar en su interior ampliaciones o modificaciones ejecutadas en distintas épocas.

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